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Tenemos que hablar de un problema que nos afecta a todos: el suicidio

El número de casos de suicidio entre personas que superan los 60 años está aumentando. De hecho, el 40% de las personas que se quitaron la vida el año pasado eran mayores. Hablar de esta problemática desde la responsabilidad y visibilizar la urgencia de recursos de atención a nivel estatal son dos de las vías para trabajar de cara a la prevención

M.S. / EM 11-10-2023

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Cuando se aportan cifras llamativas sobre un fenómeno o problema social suele ser bastante impactante para el receptor del mensaje. En este caso, el lector. Por ello, este reportaje sienta sus bases en un dato: cada 40 segundos una persona se quita la vida en el mundo. Y es que, según los datos de la OMS, entre 700.000 y 800.000 personas se suicidan cada año. Si hablamos solo de España, serían alrededor de 4.000 las personas que, al año, deciden acabar con su vida.

Todos estos números corroboran algo en lo que se acaba de hacer hincapié, recientemente, con motivo del Día Mundial de la Prevención del Suicidio (10 de septiembre), y en lo que se debería alertar: el suicidio es un problema social de salud pública que requiere de un análisis profundo, una concienciación por parte de toda la sociedad y, por supuesto, mecanismos y herramientas que permitan atajarlo.

Conocer los factores de riesgo, cómo identificar las señales de alarma o de qué manera prestar apoyo a una persona que atraviesa una situación cercana al suicidio son algunas de las cuestiones que se están poniendo hoy sobre la mesa pero, una de las barreras es que la salud mental continúa rodeada por una estigmatización todavía demasiado enraizada. 

“Existe un estigma respecto a los problemas de salud mental y el suicidio, y conlleva un desconocimiento y mitos respecto a la conducta suicida. Muchas personas tienen miedo a preguntar o hablar del suicidio por el miedo a la respuesta o piensan que hay más riesgo si se habla del suicidio. Esta es una de las principales barreras para que la gente busque ayuda”, destaca la psiquiatra Angélica Cuautle, miembro del grupo coordinador del portal de prevención del suicidio de Salud Mental 360, iniciativa que se puso en marcha en plena crisis por la Covid-19 y que ofrece recursos y servicios sobre bienestar emocional y salud mental que informen, acompañen y empoderen a la ciudadanía “con la certeza de saber que se trata de recursos digitales fiables”, puntualiza Cuautle. Más de 650 expertos se han sumado ya a este iniciativa colaborativa en cuya plataforma ya se recogen cerca de 2.000 contenidos sobre trastornos de salud mental y bienestar emocional.

LA SALUD MENTAL DURANTE EL ENVEJECIMIENTO
Las últimas cifras, proporcionadas por la Fundación Española para la Prevención del Suicidio –correspondientes a 2022– reflejan que el número de casos de suicidio entre personas que superan los 60 años está aumentando. De hecho, el 40% de las personas que se quitaron la vida el año pasado eran mayores

Laura Ponce de León, profesora de Trabajo Social en la UNED e investigadora del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), destaca que “existe una gran diferencia con los grupos de edad más jóvenes porque los mayores suelen tener mayor probabilidad de experimentar procesos traumáticos, que suelen ir unidos a ese momento del ciclo vital denominado envejecimiento. Hacerse mayor podría implicar disfrutar de un envejecimiento saludable, pero también sortear la soledad no deseada en las grandes ciudades o en los entornos rurales, la muerte de familiares cercanos, amigos, compañeros de vida, procesos de enfermedad que terminan en dependencia, escasos medios económicos tras la jubilación, entre otros problemas que producen una serie de emociones como pueden ser angustia, el miedo o la tristeza”. 

Coincide en ello la doctora Cuautle al especificar que, si bien es cierto que la soledad no deseada afecta a todas las edades, “la vejez es una etapa de la vida donde hay grandes cambios individuales y sociales que pueden vivirse como adversidades o pérdidas: el envejecimiento, la aparición de ciertas enfermedades y la pérdida de algunas funciones corporales, la jubilación, que conlleva a menudo un sentimiento a veces inevitable de ‘dejar de sentirse útil’, la pérdida de círculos sociales, la brecha generacional, que conlleva dificultades de comunicación, etcétera”. 

En esta línea, la psicóloga Cecilia Borràs, presidenta de Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes (DSAS), afirma que esos cambios vitales importantes que experimentan los sénior “exigen adaptación a procesos de vida muy dolorosos. Saber convivir con las pérdidas de nuestro entorno exige de un trabajo personal de  aceptación y asimilación, donde las preguntas que acompañan al duelo nos provocan emociones y sentimientos intensos, incluida la soledad. Validar, estar al lado escuchando sin emitir juicios ni opiniones, respetando los tiempos que se necesitan, es lo que ayuda y consuela”, asegura.

La DSAS es una asociación formada por supervivientes y para supervivientes que contribuyen, desde su experiencia, y, como expresa Borràs, “ponemos caras y personas a las alarmantes y frías estadísticas sobre el suicido. Esta humanización del fenómeno del suicidio favorece la empatía del público. Todo ello, brindado desde un espacio de confianza y orientado a ser constructivo para que las políticas de prevención mejoren y sean universales”.

UN ABORDAJE MULTIDISCIPLINAR
El presidente de Salud Mental España, Nel González Zapico, concreta a este periódico que el aumento de la incidencia no solo se está dando en mayores, sino que el total de suicidios se ha incrementado por tercer año consecutivo: “El 14,5% de la población ha tenido ideas suicidas o ha intentado suicidarse, según datos del informe La situación de la salud mental en España, elaborado por la Confederación Salud Mental España y la Fundación Mutua Madrileña. El suicidio es uno de los principales problemas de salud pública que tiene nuestro país, es multifactorial y, por tanto, requiere de un abordaje integral. Cada vez más voces piden mayores recursos para atajar la situación y parece que hay más consciencia acerca de su gravedad. No podemos olvidar que por cada persona que se suicida se ven íntimamente afectadas al menos seis personas de su entorno”.

Desde Deusto Salud, centro de formación que ofrece programas en el sector de la sanidad y el bienestar, detallan que, ante el aumento progresivo del envejecimiento, “muchas instituciones de salud se han puesto en marcha para concienciar y educar a los más mayores sobre la necesidad de mantener un estilo de vida activo”. 

González Zapico apunta a que “la atención a la salud mental sigue estando muy infradotada. En España, tenemos de media seis profesionales de Psicología por cada 100.000 habitantes, muy lejos de la media europea que se sitúa en 18. Como consecuencia de ello, la atención a la salud mental de las personas no está llegando a tiempo o, directamente, deja fuera a muchas personas que la necesitan”.

Los profesionales consultados por este periódico se muestran unánimes en que las personas que presentan un riesgo de suicido deben de disponer de un abordaje integral  pero, como puntualiza Angélica Cuautle, “a la vez individualizado a las características únicas de cada individuo. Se debe de evaluar los factores de riesgo y de protección de cada persona y su situación vital”. 

Cerca de un 25% de las personas en España padecen algún trastorno o enfermedad mental a lo largo de su vida, por ello, los profesionales insisten en que detectar, diagnosticar y tratar este problema es algo ineludible.  “Después de muchos años de abandono político en materia de salud mental, se hace necesario seguir el camino trazado hace unos cuatro años por todas las instituciones públicas, destinando los recursos necesarios para prevenir y tratar estos problemas, que se han visto incluso agudizados después de la pandemia. El trastorno mental es una de las principales causas de suicidio y la soledad es otro de los grandes males de este siglo vinculado a él”, alerta Ponce de León.

En España todavía se lamenta la ausencia de un plan estatal para prevención e intervención frente al suicidio, si bien es cierto que las comunidades han ido tomando cartas en el asunto para articular sus propias estrategias. Destaca el ejemplo del Govern de Catalunya que, en 2021, desarrolló el Pla de Prevenció del Suïcidi a Catalunya (PLAPRESC) con la participación de profesionales de diferentes sectores incluidos la atención a la salud mental. Una de las claves del proyecto, detalla la representante de Salud Mental 360, es “la propuesta de medidas que permitan un abordaje integral y comunitario con el objetivo de reducir las tentativas de suicido y las muertes por suicidio”. Desde su punto de vista, añade, “es clave que todas las personas podamos participar en la prevención: desde la perspectiva de personas que presenta riesgo suicida, sus familiares, la comunidad, servicios sociales, educación, sistema sanitario y gobernanza, etcétera”.

Comprometida con este problema, y defensora del necesario abordaje multidisciplinar, la Plataforma Nacional para el Estudio y la Prevención del Suicidio –y junto al Teléfono de la Esperanza– impulsa desde 2022 la iniciativa ‘Hagamos un plan’, con la que defiende una estrategia en la que intervengan los diferentes estamentos: individual, familiar, comunitario, social, educativo y sanitario, haciendo un seguimiento individualizado de las personas vulnerables, afectados y familiares y que coordine efectivamente los recursos en el ámbito nacional –el manifiesto completo puede leerse en www.plataformanacionalsuicidio.es–. 

ESPACIOS DE DIÁLOGO Y APRENDIZAJE
En su compromiso con la promoción del envejecimiento saludable, las Aulas de la Fundación Mémora proponen espacios de diálogo y aprendizaje como el que acaba de celebrarse en Manresa, y que supone el pistoletazo de salida a un nuevo ciclo de charlas otoño-invierno que, en este caso, giraron en torno a la prevención de la muere por suicidio. 

El luto, la soledad no deseada, el envejecimiento saludable o el edadismo serán algunas de las temáticas que se aborden en las charlas. “Nuestro propósito es crear espacios de encuentro y conversación sobre temas que giran en turno el final de vida. Como funeraria creemos que es necesaria esta tarea de divulgación y extender nuestro acompañamiento en situaciones complejas como es la pérdida de un ser querido”, afirma Miquel Moncunill, responsable de Mémora en el Bages.

Conducida por Cecília Borràs, psicóloga, madre superviviente y presidenta-fundadora de la primera asociación para supervivientes en España: Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes (DSAS), el coloquio comenzó por un repaso a los estigmas que, pese al creciente volumen de casos de suicidio en la población, tanto joven como mayor, siguen rodeando a este fenómeno. Una situación que profesionales y Administraciones buscan revertir con iniciativas como campañas de prevención del suicidio o líneas telefónicas (gratuitas) de acompañamiento, destacan desde Fundación Mémora.

Para contribuir a la mejora del conocimiento sobre el suicidio y avanzar hacia su prevención, la charla organizada por Mémora abordó los signos previos que pueden ayudar a identificar posibles casos, como por ejemplo las verbalizaciones negativas sobre uno mismo o los cambios repentinos de conducta. También se reflexionó sobre factores de riesgo, entre ellos, el aislamiento social y la soledad o los trastornos mentales graves como la depresión. 

En esta línea, la sesión también desmintió creencias equivocadas sobre el suicidio que se han compartido popularmente a lo largo de los años y que perpetúan el estigma. Un aspecto especialmente relevante porque, en palabras de Borràs, “para hacer una buena prevención del suicidio tenemos que volver a aprender desde cero qué es verdaderamente este fenómeno y tener presente que es multifactorial”. 

La experta comenta a entremayores que “las herramientas más eficaces son conocer aquellos mitos que todavía existen sobre el suicidio: ‘El que lo quiere decir, no lo dice’, ‘Es para llamar la atención’, ‘Mejor no hablar del suicidio, para no dar ideas’… que no son ciertos. Por otro lado, estar alerta a las señales verbales y verbalizaciones negativas sobre uno mismo o hacia su futuro”.

Al respecto de cómo identificar esas señales de alarma, Borràs concreta que “es básico estar atento a cualquier verbalización de desesperanza o visión negativa sobre el futuro o uno mismo. Además, existen cambios de comportamiento como menos interés y disfrute por cosas que antes hacía, cambios bruscos de humor y cambios en el peso o patrón de sueño”.

EFECTO PAPAGENO
Es indudable que los medios de comunicación pueden contribuir a perpetuar determinados estereotipos o prejuicios sociales pero, de la misma manera, y, en concreto, hablando del suicidio, pueden ser agentes de cambio a través de la visibilización de esta problemática. Es el denominado efecto Papageno, que consiste en el cambio de opinión de una persona que tiene intención de suicidarse y se consigue gracias a un correcto mensaje que alienta e informa bien a la persona. González Zapico advierte de la importancia de hablar del suicidio con responsabilidad para alcanzar este efecto, y no el opuesto: “Hablar de suicidio, sí, siempre que se tenga constancia de que ha sido una muerte por suicidio. Si no, es recomendable omitir esta información, para evitar la especulación y, con ello, el morbo”. 

Por su parte, Ponce de León afirma que “el efecto llamada no existe si la información que se trasmite es la adecuada. La importancia de los medios de comunicación es fundamental porque deberían cumplir una función pedagógica y educativa, evitando tratar el suicidio mediante simplificaciones causa-efecto”.

Y es que, como defiende la doctora Cuautle, “hablar del suicidio es una herramienta efectiva en la prevención, pero depende de cómo se haga”. Por este motivo, los profesionales advierten del peligro del sensacionalismo a la hora de comunicar: “La información debe elaborarse con responsabilidad, huyendo del sensacionalismo y aportando los menos detalles posibles acerca de los métodos utilizados. Además, debe tenerse en cuenta que el suicidio es una problemática social compleja que no debe ser simplificada”, concluye el presidente de Salud Mental España.

El suicidio se puede cobrar la vida de una persona, pero impedirlo es cosa de toda la sociedad.








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