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La tecnología revoluciona la medicina: ¿Utopía o realidad a medio plazo?

Los avances que ofrecen las nuevas herramientas tecnológicas son esenciales para una mayor esperanza de vida. En este contexto, la irrupción de la digitalización en la salud conduce a un futuro repleto de oportunidades para el ecosistema sanitario

E. Vicente EM 19-07-2023

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Actos cotidianos, como solicitar una cita médica y acudir a ella, recurren ya a lo que se denomina salud digital. Los antiguos legajos de nuestros historiales médicos han pasado al ostracismo y ahora son algoritmos que, con introducir nuestro nombre y apellidos, nuestro DNI o con la fecha de nacimiento, el profesional sanitario accede a un montón de información sobre nosotros a golpe de clic. Esto es la salud digital, el motor para el cambio en los sistemas sanitarios, que busca facilitar el acceso y la cobertura de servicios eficientes, eficaces y de calidad, con el fin de mejorar la calidad de vida de la población. A día de hoy, determinadas tecnologías emergentes constituyen el impulso definitivo de la salud digital hacia escenarios que la literatura o el cine llevan años aventurando y preconizando. Los beneficios de la salud digital se refieren a la prevención, detección precoz, diagnóstico preciso y atención de enfermedades o limitaciones. Más allá de la prestación de servicios de salud, también se busca un impacto sostenido y sostenible, así como –por ponernos prácticos– ofrece ventajas a nivel administrativo.

Según Enrique J. Gómez Aguilera, presidente de la Sociedad Española de Ingeniería Biomédica (SEIB), “todos somos conscientes del papel que hoy juega la tecnología médica en la prevención, diagnóstico y recuperación del paciente, y como tecnologías como la inteligencia artificial, los microchips, los relojes inteligentes, las aplicaciones mHealth, la impresión 3D, el big data, el blockchain, la robótica o la cirugía guiada por imagen, entre otras muchas, son cada vez más relevantes en la práctica médica”.

TRANSFORMACIÓN DIGITAL

“Los avances tecnológicos inundan nuestras vidas como nunca. Y el mundo de la salud no podía ser ajeno a este cambio”. Con esta máxima se presenta una reciente publicación: La salud digital y las nuevas formas de atención médica (LID Editorial), escrita por Jaime del Barrio, presidente de Asociación Salud Digital y Julio Jesús Sánchez, responsable de ingeniería y operaciones de salud y transformación digital en Telefónica España. 

Este manual busca evidenciar los beneficios de este cambio, tanto para pacientes como para profesionales sanitarios. Traduce al lenguaje de la calle conceptos como medicina personalizada, atención sanitaria basada en valor, inteligencia artificial, salud digital, big data o la potencialidad del desarrollo del metaverso. El desarrollo de estas herramientas va a mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades crónicas. En definitiva, la salud digital, como explican los autores, va a permitir asegurar la sostenibilidad del sistema sanitario, mejorará la experiencia del paciente, dará beneficios en los resultados de salud de la población, y promocionará la salud pública gracias a la gestión de los datos. Pero, a su juicio, hay ciertos “retos que son imposibles de superar con las organizaciones sanitarias y sociales actuales, siendo urgente un cambio hacia la transformación digital de todo el sector que se vaya concretando en soluciones digitales y entre ellas: virtualización, automatización y, por supuesto, inteligencia artificial”. 


Sobre este aspecto, también incide Gómez Aguilera. “Cuando hablamos de transformación digital de la sanidad, no nos referimos únicamente a un proceso de transformación tecnológica, sino a un cambio de modelo de atención sanitaria basado en nuevos procedimientos de acceso al sistema de salud por parte de los ciudadanos, una nueva organización de los servicios de salud, más centrados en el paciente, enfocados a procesos asistenciales y una nueva estructura hospital-atención primaria-domicilio”. Y aquí entran en juego otros “actores fundamentales: los sistemas sanitarios, las empresas, las sociedades científicas, la universidad y los pacientes”, con sus protagonistas: responsables políticos, los profesionales sanitarios, los ingenieros biomédicos, los pacientes, economistas, especialistas de la industria, etcétera”. 

Como motor de ese cambio tan necesario en un ecosistema tan complejo, desempeñan un papel fundamental sinergias como, por ejemplo, la anunciada recientemente por Vodafone Business y Barcelona Health Hub (BHH), que mediante la participación de laboratorios farmacéuticos, aseguradadoras y empresas o startups con soluciones de e-health, buscarán digitalizar la sanidad a través de la tecnología y convertir a Barcelona en un Hub tecnológico de salud a nivel internacional. Pero Vodafone Business ya lleva una fructífera trayectoria en el desarrollo de casos de uso de tecnologías como 5G, IoT o realidad virtual (VR) para el sector sanitario. Podemos mencionar el proyecto ‘Cirujano conectado 5G’ que, junto al Hospital Clínic de Barcelona y Advances in Surgery (AIS), permite a cirujanos, a través del sistema Telestration, guiar en directo intervenciones a miles de kilómetros de distancia. Otro caso es el de la ‘Ambulancia Conectada’ o soluciones como ‘Avatar Afectivo’ que, junto con Huawei, Altran, Cruz Roja y Fundación Tecsos, este proyecto ayuda a los mayores a mejorar su adherencia a la toma de medicación, basada en el vínculo emocional con un ser querido, que aparece en una tablet 5G en forma de avatar para realizar comunicaciones al paciente y recordarle que debe tomar sus medicamentos.


En este sentido, Gómez Aguilera nos recuerda que “España ha sido pionera en la telemedicina para la atención domiciliaria y ubicua”. Y añade otros ejemplos en los que la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) –en la que Gómez Aguilera es catedrático y coordinador de UPMHealthTech– ya lleva más de 30 años realizando proyectos de investigación e innovación. Es el caso de ‘EmERGE’, plataforma de telemedicina mHealth para pacientes VIH en situación estable. Se trata de un proyecto europeo, implantado y validado en cinco hospitales europeos atendiendo a más de 4.000 pacientes durante los últimos cuatro años, y transferido a una empresa sin ánimo de lucro con sede en Bruselas. O cita otro ejemplo, también desarrollado por la UPM: ‘Alibird’, una plataforma de telecuidado y nutrición personalizada de pacientes oncológicos, resultado del programa de investigación de la Comunidad de Madrid que acaba de concluir un estudio piloto en el HUISofía de Madrid y que se espera extender a otros hospitales del SERMAS.

UN DEBATE PENDIENTE

Sin profundizar en debates éticos, sí es conveniente, para que este retrato sobre la salud digital esté completo, abordar otro matiz importante: la seguridad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido, recientemente, “precaución en el uso de herramientas que se sirven de grandes modelos lingüísticos generados por inteligencia artificial (IA) con el fin de proteger y promover la seguridad, autonomía y bienestar de las personas, y preservar la salud pública”. Explican que la adopción precipitada de sistemas no comprobados podría inducir a errores por el personal de salud, causar daños a los pacientes, erosionar la confianza en la IA y, por tanto, socavar (o retrasar) los posibles beneficios y usos a largo plazo de tales tecnologías en todo el mundo. En su opinión, plataformas pujantes, como ChatGPT, Bard o Bert, que imitan el razonamiento, los procesos y la producción de la comunicación humana, a pesar de que su creciente uso experimental en el ámbito de la salud está generando un considerable entusiasmo, ven muy necesario examinar cuidadosamente sus riesgos a la hora de apoyar la toma de decisiones, o incluso para fomentar la capacidad de diagnóstico en entornos de escasos recursos con el fin de proteger la salud de las personas y reducir la inequidad. En este punto, hace un año, esta organización ya hizo un llamamiento respecto al uso de la IA en la mejora de la salud de las personas mayores y el riesgo de discriminación que podría conllevar. Para ello, elaboró ocho puntos que buscan asegurar que la IA tenga en cuenta este aspecto, y son: diseño participativo de tecnologías de IA por y con personas mayores; formación de equipos de proceso de datos con personas de distintas edades; recopilación de datos inclusivos por edad; inversiones en infraestructura y alfabetización digital para senior, sus proveedores de atención médica y sus cuidadores; derecho de este colectivo a consentir u oponerse; marcos de gobernanza y regulaciones para empoderar y trabajar con las personas mayores; mayor investigación para comprender los nuevos usos de la inteligencia artificial y evitar sesgos; y procesos de ética estrictos en el desarrollo y aplicación de la IA. 

UN FUTURO INTERESANTE

Sin tratar de emular a Isaac Asimov o de hacer un spoiler de la archifamosa película Blade Runner, el Centro de Investigación Ageingnomics, de Fundación Mapfre, menciona algunos campos de estudio que aventuran un futuro, cuando menos, interesante de cara al envejecimiento

Así, aluden a una línea de investigación que busca la píldora para la eterna juventud, la secuenciación supercentenaria, o la reprogramación celular, una técnica que, mediante la activación de los genes, consigue rejuvenecer las células y, con ello, los órganos. 

Aquí ya podemos hablar de una reveladora iniciativa en la que participa el director del Instituto Tecnológico de Osaka, Kenji Matsu; se trata de ‘Moonshot Research’, un proyecto del Gobierno nipón que persigue que en 2050 nadie padezca limitación física alguna. En ese objetivo se integra el proyecto ‘Reprogramación directa de células madre’, que persigue “alcanzar los 100 años estando sano” y habla del desarrollo de nuevos órganos cuando se produce, por ejemplo, la pérdida de algún miembro.

Según Gómez Aguilera, “los principios del ‘transhumanismo’ –movimiento que propone la utilización de la tecnología disponible para trascender los límites de las capacidades humanas normales– han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad, porque el ser humano siempre ha empleado su inteligencia para superar los límites de la naturaleza, buscando nuevos medios de aumentar su fuerza, su resistencia, su longevidad, su sabiduría, su empatía, avanzando en el conocimiento y creando nuevas capacidades”. Y sí, históricamente, al retrotraernos en el tiempo, así ha sido. 

Se conocen prótesis de madera para los pies que fabricaban los antiguos egipcios hace miles de años. O más cercano en el tiempo está el genio del Renacimiento Leonardo DaVinci que con sus dibujos anatómicos o sus aproximaciones a brazos de palanca fue un precursor de la ciencia moderna.

Actualmente, la revolución en salud y tecnología podría decirse que la lidera la Ingeniería Médica. Para Gómez Aguilera, “sus avances están conformando la medicina del futuro y una nueva forma de entender el cuidado de la salud, para afrontar restos como cambios demográficos bien conocidos en los países desarrollados (envejecimiento del envejecimiento); el aumento de las enfermedades crónicas y necesidad de cambiar el modelo de atención de agudos a crónicos; para asegurar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios, optimizar el tiempo que emplean los profesionales en el uso de la tecnología, y mejorar la atención al paciente, usando la tecnología para humanizar el servicio; para conseguir la denominada ‘Medicina 5P’: personalizada, predictiva, preventiva, participativa y de precisión; etcétera”.

En este avance podríamos aventurar, sin temor a equivocarnos, que la Ingeniería Biomédica va a ser la línea argumental, el hilo conductor, que nos ayudará a alcanzar ese horizonte utópico a día de hoy.




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