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España continúa alerta contra una pandemia latente, que se acerca a su fin

El mundo lleva más de 30 meses conviviendo con la Covid-19 y, pese a que se vislumbra luz al final del túnel, todavía es pronto para relajarse. El país inicia la campaña vacunal de otoño con mejores armas contra el virus que en años precedentes

Horacio R. Maseda 13-10-2022

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El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció los datos de la Covid-19 como una pandemia mundial. Más de 30 meses después, el planeta todavía sigue intentando recuperarse de su impacto social, político y económico. 

Hasta ahora, en España ha habido más de 13,4 millones de contagios por Covid-19 y al rededor de 114.000 fallecidos. Pese a que su incidencia ha menguado mucho en el último medio año, en la actualidad, al cierre de esta edición, el país todavía registra, en la última semana, una media diaria de 2.780 casos y 24 fallecidos. 

¿Estamos más cerca del final o todavía debemos estar atentos a nuevas olas? ¿Cómo de preparados estamos para este otoño y qué nuevas preocupaciones han surgido tras el paso del coronavirus? Son algunas preguntas que se hacen los expertos mientras se desarrollan nuevas estrategias contra la Covid-19, se empieza a administrar una nueva vacuna para las personas mayores y se sigue investigando y generando estimaciones de cómo evolucionará el virus en los próximos meses.

En cuanto a la situación actual de la vacunación, desde finales del mes pasado, España ha puesto en marcha ya la inoculación de una cuarta dosis de refuerzo, que se dirige al colectivo de más edad y a aquellas personas más vulnerables a la enfermedad. El doctor Javier Gómez Pavón, miembro del equipo de liderazgo de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) –y jefe del Servicio de Geriatría y Cuidados Paliativos del Hospital Universitario Cruz Roja de Madrid–, explica que se trata de “una dosis de vacunas mRNA que, a diferencia de las anteriores, produce inmunización contra los linajes de la nueva variante ómicron como son el B2 y los actuales dominantes B4 y B5”. Los diferentes estudios, añade el doctor, “han resaltado tener una eficacia superior al 85%, tanto en la prevención de la infección como de las infecciones graves, la hospitalización y la mortalidad con respecto a la no vacunación”; unos datos que también corroboró la ministra de Sanidad, Carolina Darias, en la presentación, en el Consejo de Ministros del 20 de septiembre, del Informe sobre la campaña de vacunación de este otoño. “Todas las vacunas tienen una altísima protección frente a ómicron. En este último cuatrimestre, la previsión de llegadas de vacunas es de 44 millones de dosis y en septiembre hemos recibido 16 millones”, indican fuentes del Ministerio de Sanidad.

Nadie duda ya de que las vacunas han sido y siguen siendo la principal herramienta con la que frenar la Covid-19. Desde el ministerio señalaron a este periódico que la vacunación ha sido “un proceso histórico”, de compra de la Unión Europea, compartido entre el Gobierno y las comunidades autónomas, y que contó con “el compromiso de los profesionales sanitarios y el comportamiento ejemplar de la ciudadanía”. Además, Sanidad remarca que la situación es ahora favorable porque “casi el 93% de la población tiene pauta completa y más del 80% de los mayores de 40 años tiene dosis de refuerzo”. 

En las residencias de personas mayores, la administración de las dosis de refuerzo, tanto para mayores como profesionales sociosanitarios, será competencia de la consejería de salud de cada comunidad autónoma. “En algunos casos, sobre todo en las residencias de mayor dimensión, la vacunación la volverá a realizar los equipos sanitarios de los propios centros y, en otros casos, será suministrada tanto por los equipos de Atención Primaria como por las unidades específicas creadas para apoyar a las residencias”, explica Ignacio Fernández-Cid, presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (FED).

Precisamente, la protección de estos centros es una prioridad y una de las claves para evitar una posible octava ola. Fernández-Cid se muestra confiado en este sentido ya que “gracias a los buenos resultados de la vacunación, nos enfrentamos a un escenario mucho más optimista, menos restrictivo y, sobre todo, más humano”. Este optimismo se basa principalmente en el buen resultado que ha dado la vacunación en las residencias, añade el presidente de la FED, “que ha hecho bajar el nivel de letalidad del virus de un 20,39% a un 2,51% al suministrarse la pauta completa. Además, el desarrollo de la enfermedad, en la mayoría de los casos, cursa con síntomas leves o asintomáticos”.

El colectivo senior muestra “cifras de vacunación muy superiores al 90% de la población general”, apunta Gómez Pavón, por lo que “se espera que en esta nueva vacunación la respuesta sea similar” y, con ello, se proteja a los grupos de mayor riesgo: los mayores de 80 años y la población institucionalizada (también las personas con discapacidad psíquica), esta última, “población con un envejecimiento cada vez más evidente debido a su mayor longevidad”, concluye el doctor.

Por otra parte, Fernández-Cid subraya que para afrontar esta octava ola tienen ya definidos los planes de contingencia: “Hemos realizado correctamente el abastecimiento de todos los equipos de protección individual y contamos con un personal muy formado y sensibilizado. Además, como ya tenemos un conocimiento más exhaustivo del virus, vamos a poder suavizar un poco las medidas tan restrictivas en cuanto al contacto de las anteriores olas”. Los contactos estrechos, por ejemplo, “no precisarán estar confinados y el contacto con la familia, tanto en la enfermedad como en el final de la vida, no se perderá”, asegura el presidente de la FED. Todo ello, sintetiza, “sumado a la respuesta positiva masiva de la sociedad frente a la vacunación –que ha asumido que la autoprotección frente al virus es la mejor manera de proteger a nuestros mayores–, va a hacer que las residencias, de cara a la octava ola, sean lugares muy seguros”. 


MUCHO MÁS PREPARADOS QUE HACE UN AÑO
En comparación al año pasado, después de más de dos año y medio de pandemia, ¿con qué nuevas armas o estrategias cuentan la sociedad, y especialmente las residencias, para resistir mejor las hipotéticas nuevas olas? Junto con la vacunación, “la mejor ‘herramienta’ con la que contamos”, insiste Fernández-Cid , es que “se ha avanzado mucho en la coordinación sociosanitaria con la Administración pública. Si a estos dos factores le sumamos un conocimiento más profundo del virus y que hemos elaborado un plan de contingencias certero con una previsión adecuada de abastecimiento de equipos de protección individual, hace que estemos más que preparados”.

Para el presidente de la FED, los cambios que se han consolidado con la pandemia vienen marcados por los momentos de “máxima exigencia del personal que trabaja en las residencias” y que ha hecho que hoy contemos “con un capital humano más formado y sensibilizado con el virus, que ha aprendido a gestionar los casos de contagio y sus efectos en las personas mayores”. Además, se han sentado las bases de una correcta coordinación sociosanitaria, “que es el pilar fundamental para el buen funcionamiento del sistema de residencias”, añade Fernández-Cid.

Por su parte, Gómez Pavón remarca que, en el campo de la Geriatría y la Gerontología, “la Covid-19 ha supuesto un antes y un después”. Al igual que opina el presidente de la FED, el doctor apunta que la pandemia “ha puesto de manifiesto la necesidad de coordinación de verdad entre el medio residencial y domiciliario con el hospital, y no de una forma reactiva como hasta ahora, sino de forma proactiva, es decir, que la persona mayor tenga fácil acceso a la atención geriátrica especializada hospitalaria y una fácil salida sin iatrogenia –daño no deseado ni buscado en la salud– del sistema”.

El doctor pone como ejemplo lo que se está haciendo en la Comunidad de Madrid, que activó la llamada ‘geriatría de enlace’ que, como su nombre indica, “enlaza en todo momento el sistema extrahospitalario con el hospitalario y con el desarrollo en algunos hospitales de atención geriátrica a residencias, que permite que un equipo de geriatría hospitalaria se pueda desplazar in situ al centro residencial”. Todo ello, prosigue, “coordinado con la atención primaria que, de igual modo, ha desarrollado una mayor atención a los centros residenciales, con unidades de atención que se desplazan a las residencias para dar cobertura de médico y enfermería de atención primaria”. 

El presidente de la FED destaca también este “gran salto cualitativo” que ha dado la coordinación sanitaria al incluir al equipo sanitario de las residencias “esta figura de la geriatría de enlace”. En este recurso de hospitalización domiciliaria “el usuario de la residencia es atendido por el geriatra o internista en el propio centro y, junto con la colaboración con las Unidades de Apoyo a Residencias (UAR) de Atención Primaria, “garantizan una atención mucho más ágil y continuada”. Además, Fernández-Cid remarca cómo “algunos hospitales han desarrollado un servicio de telemedicina llamado ‘Urgencia Geriátrica Digital’, que permite atender a la persona, siempre que su situación clínica lo permita, sin tener que desplazarse, en el entorno más familiar y menos agresivo posible, ya que las residencias se convierten en sus hogares y las personas que los cuidan pasan a formar parte de su familia”.

Un apunte a tener en cuenta, según Gómez Pavón, es que este tipo de mejoras son “cambios en la atención que han venido para quedarse, cambios que implican nuevas tecnologías como la telemedicina, la Inteligencia Artificial (IA), con aparataje de ‘visión machine’, etcétera; cambios que esperemos mejoren no solo la atención sanitaria y social, sino también que combatan un enemigo común como es la soledad y el edadismo”.
Pese a los estragos de la Covid-19, la pandemia ha servido al menos para tomar buena nota y arreglar algunas fallas del modelo de atención sociosanitario. Han sido mejoras a distintas intensidades dependiendo de la región, ya que cada una cuenta con un desarrollo diferente de la geriatría hospitalaria. Comunidades como la catalana, ejemplifica Gómez Pavón, cuentan “con un sistema sociosanitario específico muy desarrollado y una geriatría de base sociosanitaria en hospitales de subagudos y de convalecencia, y con equipos de atención a domicilio y a las residencias”. Otras regiones en donde no estaba reconocida la geriatría, como Euskadi y Andalucía, añade, “por fin ha sido reconocida y aceptan el desarrollo de unidades hospitalarias para favorecer la coordinación sociosanitaria”.

El virus desencadenó también un terremoto político en cuanto al diseño del nuevo modelo de cuidados en las residencias de personas mayores, que finalmente aprobó, hace unos meses, el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, pese a que todavía existen algunas reticencias desde las patronales del sector, que mostraron dudas de cómo financiar y poner en marcha esos profundos cambios estructurales. “Estamos en un sector que lleva en continua evolución desde hace muchos años y los nuevos centros ya llevan tiempo diseñándose bajo el nuevo enfoque de las unidades de convivencia, en el que las plantas del edificio son autónomas y desarrollan servicios mucho más individualizados, cercanos y amables para las personas dependientes”, destaca el presidente de la FED. Esta patronal, incide Fernández Cid, “no ha estado nunca en contra de las medidas de mejora en la atención de los dependientes, sino en la falta de presupuesto ofrecido por parte de las Administraciones públicas para su desarrollo y que hacen inviable su implantación”. Los servicios de calidad, reclama, “tienen que tener un precio acorde y si se pretende apostar por un modelo que se desarrolla con éxito en los países más ricos del norte de Europa, debemos de realizar un incremento muy importante en el presupuesto que destinamos a dependencia (pasar del 0,9% a más del 2% del PIB) y parece que el Gobierno no está dispuesto a asumirlo”.

En este sentido, desde la SEGG apuntan la necesidad de un nuevo sistema normativo y de financiación para la creación del nuevo modelo de atención integral centrada en la persona, “disminuyendo la fragmentación entre lo social y lo sanitario, y equiparando titulaciones exigidas en el medio residencial al igual que las compensaciones económicas”, asegura Gómez Pavón.


PREOCUPACIONES A CORTO Y MEDIO PLAZO
Tras dos años y medio desde que la pandemia se extendió por todo el mundo, todavía se mantienen algunas preocupaciones a corto y medio plazo. En primer lugar, y en cuanto a la vacunación, el doctor y miembro de la SEGG espera que “siga a un ritmo adecuado y con una buena respuesta en toda la población anciana y que, al menos, hasta que se disponga de mayor evidencia, las medidas de control de la enfermedad sigan en marcha especialmente en los centros residenciales”. 

Por otro lado, Gómez Pavón mantiene la esperanza de que “todo lo aprendido y el cambio iniciado en la atención de las personas mayores, tanto hospitalario como sobre todo residencial, se lleve a cabo y no quede en meras promesas políticas”. Así, desde la SEGG esperan que cunda el ejemplo madrileño, en el que prácticamente el 100% de los hospitales públicos poseen una ‘geriatría de enlace’, para que “se consolide y se exporte al resto de comunidades de España en los que no existe”. 

Lo mismo sucede a nivel residencial, ya que una de las principales preocupaciones es que “se pare la mecha encendida de la transformación de una atención integral social y sanitaria en los centros residenciales, que aporte de una vez por toda la merecida calidad que demanda una sociedad cada vez más envejecida”, afirma Gómez Pavón. Todo ellos, añade el doctor, con una necesaria “apuesta real con presupuestos reales que lo contemplen. Si no serán de nuevo ‘cantos de sirenas’ a los que ya estamos acostumbrados”.

En el ecuador de este tercer año pandémico, la OMS ya habla abiertamente de que se empieza a vislumbrar el final del túnel, pero ¿cuándo podemos darla por finalizada? “Cuando la OMS comunicó que el ‘fin de la pandemia estaba cerca’ se refería a que, gracias a las vacunas, a los diferentes tratamientos conocidos, a lo aprendido en cuanto a medidas de prevención, etcétera, la pandemia –es decir, una infección con cifras de 618 millones de infectados y de 6,55 millones de fallecidos en todo el mundo– se está convirtiendo en una infección mucho más benigna y más controlable”, señala Gómez Pavón. Sin embargo, subraya, como también declara la organización, “el fin de la pandemia llegará cuando la incidencia por infección SARS-CoV2 sea similar a otras infecciones respiratorias y, sobre todo, cuando todo el mundo disponga de la vacunación eficaz, si no el riesgo de que surjan nuevas variantes que escapen a la vacuna harán que estemos de nuevo en la línea de salida”. 

A la pregunta de cómo prevén que evolucione la Covid-19 y el uso de las vacunas en los próximos años, desde Moderna lamentan no poder saberlo. “Nuestra compañía está cumpliendo con la misión de crear una nueva generación de medicamentos a partir de la tecnología del ARN mensajero, que transformen la vida de los pacientes, y estamos muy satisfechos de que nuestros conocimientos nos estén permitiendo ser tan rápidos en la obtención de nuevas vacunas”, explica Juan Carlos Gil, director general de Moderna España y Portugal.

Por su parte, y en la misma línea, para el doctor Gómez Pavón la evolución que puede tomar el SARS-CoV2 “aún es una incógnita”, pero la evidencia “apuesta a que la Covid-19, debido a su rápida mutación, se quede como una infección con riesgo epidémico como la gripe y que necesite incluirse en el calendario vacunal de las personas mayores”.




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