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Ana Urrutia / Presidenta de la Fundación Cuidados Dignos

'La asignatura pendiente es profundizar en el modelo centrado en la persona'

"Las residencias tienen por delante el gran reto de conseguir que la sociedad respete y valore la cobertura de servicios que ellas le ofrecen", destaca Urrutia en esta entrevista

M.S. / EM 09-06-2023

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Pregunta.- El sector de atención a las personas mayores lleva unos años en un proceso de reinventarse o redefinirse, quizá derivado de la realidad vivida en la pandemia. Actualmente, ¿cuáles cree que son aquellos aspectos en los que el sistema de cuidados en España sigue, por así decirlo, cojeando?
Respuesta.- Bueno. En realidad, lo vivido en la pandemia fue un problema sanitario, no un problema social. Impactó en el sector residencial no tanto a consecuencia de las carencias que el sector pudiera presentar, sino porque la conexión de las residencias con lo sanitario falló y las personas que se atienden a nivel residencial representaban a uno de los colectivos más vulnerables frente al virus. En mi opinión, la sociedad fue injusta con las residencias y le culpabilizó de los déficits que en realidad procedían del sector sanitario. En cualquier caso, lo ocurrido sí debe de ser utilizado para mejorar y como dices reinventarse y profundizar en convertir a las residencias en lo que realmente son, hogares, lugares de vida, la casa de muchas personas que a causa de sus problemas sanitarios, funcionales o sociales no pueden vivir en su propios domicilios y “cambian de domicilio”. En ese sentido la asignatura pendiente es profundizar en el modelo centrado en la persona, en apoyar a las personas en ese cambio de domicilio, en acompañarles en su vida y hacer de las residencias lugares respetados cuya labor es necesario empezar a reconocer y valorizar, para lo cual ellas mismas deberán de aportar el valor que a la sociedad le hace falta que aporten. Y así, abandonar prácticas como sujetar, y cuidar con dignidad será absolutamente necesario. No se puede pedir respeto para ellas si ellas no respetan a quienes cuidan.

P.- Hasta ahora no se había puesto en entredicho el sistema de cuidados en España, quizá marcado por una cierta tendencia asistencialista. Ahora está tomando un nuevo rumbo. ¿Hacia dónde se dirige el futuro de los cuidados?
R.- Pues como decía, el futuro de los cuidados se dirige a hacer de las residencias lugares de vida a donde las personas con dependencia no solo no tengan, como hasta ahora, reparos en acudir, sino que más bien al contrario acudan a gusto porque el cambio de domicilio no suponga como hasta ahora una ruptura con su vida anterior, y valoren el acompañamiento a la soledad, el apoyo a su déficits y la cobertura de sus necesidades como un valor añadido que en sus domicilios no siempre puedan recibir.

P.- Desde la fundación que usted preside trabajan con un fin claro: mejorar la calidad de vida de las personas mayores. ¿Qué aspectos deben sustentar el modelo de atención centrado en la persona que promueven?
R.- Nosotros abogamos por un modelo absolutamente centrado en la persona y en consecuencia debe de ser un modelo sin sujeciones ni físicas ni químicas. La ACP y la no sujeción están completemnete ligadas. No existe ACP si existen sujeciones y para dejar de sujetar los procesos de cuidados deben de estar centrados en la persona.

P.- Hace un año recibía el Premio Emprendedor Social Arcano por, ni más ni menos, haber revolucionado los cuidados a personas mayores. ¿Qué papel cree que deben jugar las residencias, en su opinión, en este tránsito de cambio de paradigma en torno a los cuidados que estamos atravesando?
R.- Las residencias hacen falta. El ideal es poder envejecer en nuestros domiclios, pero cuando la persona padece dependencia eso no siempre es posible. Y ahí las residencias están obligadas a cumplir un gran papel. Deben de ser un lugar de encuentro y de vida para las personas con dependencia, discapacidad, déficits funcionales y psicológicos que necesitan apoyos. Las residencias tienen por delante el gran reto de conseguir que la sociedad respete y valore la cobertura de servicios que ellas le ofrecen. El objetivo es conseguir que las personas que padecen dependencia y sus familias sientan que lo único que está ocurriendo en sus vidas es poco más que un cambio de domicilio. Eso será indicativo de que se han convertido en el hogar que están destinadas a ser.

P.- Declaró usted en una ocasión que la ACP no existen mientras sigan existiendo sujeciones. ¿Debería ser, entonces, la erradicación de estas el punto de partida para dicha revolución?
R.- Absolutamente sí. Yo siempre digo que el problema del uso de sujeción no tiene su origen en la persona que cuidamos, sino en el equipo que le cuida. El déficit no está en la persona usuaria, sino en los profesionales que le atienden. Si los profesionales saben cuidar sin sujeciones podrán ofrecer opciones a la persona, podrán decirle “yo te puedo cuidar sin sujeción o con sujeción; sé hacerlo de las dos formas, ¿tú cómo prefieres que lo haga?”. Desde su autonomía, principio clave de la ACP, la persona preguntará algo así como “¿me cuidarías con las mismas garantías de seguridad con que sin sujeción?” Cuando el profesional sepa cuidar sin sujeción dirá que “sí” y la persona ante esa posibilidad de elección siempre responderá que “pues entonces prefiero ser cuidado sin sujeción, es más digno”. La ACP es no sujeción sin lugar a dudas. Y no vale decir que a las personas con demencia o sin capacidad de decidir no se les puede preguntar, porque en ese caso, su autonomía deberá de ser desarrollada por las personas que le representen, las cuales deberán responder a la pregunta “mi madre si tuviera capacidad de responder y ante esta posibilidad de elegir ¿qué hubiera decidido?”. Y siempre llegará a la misma conclusión, “sin sujeción”. Nadie quiere estar sujeto, ante las mismas garantíás de cuidado las personas prefieren siempre que el equipo que le cuida resuelva su problema sin necesidad de sujetar. Por eso, si hablamos de ACP, hablamos de No Sujeción.
El indicador de la Sujeción-No Sujeción es clave, en mi experiencia es el punto partida que permite un cambio en el paradigma de atención en una organización social o sanitaria. Hoy en día no existe indicador más potente, ni siquiera la introducción de la tecnología, para cambiar la cultura de cuidado, para provocar la “revolución de los cuidados”.

P.- Algunas comunidades autónomas han comenzado a desarrollar los denominados centros de cuidados intermedios. ¿Diría que el hecho de poder contar con más recursos y que sean más flexibles puede ser una buena orientación para estos cuidados del futuro de los que estamos hablando?    
R.- Sí, se trata de buenos recursos que pueden permitir ayudar al cuidado de las personas. Lo importante es que cada persona tenga su plan o itinerario de atención personalizado, dentro del cual estos servicios pueden sin ninguna duda ser muy útiles. Ahora bien, si queremos ACP, los servicios públicos deberán de ser más flexibles y personalizados.

P.- Además de estos centros, que permiten una estancia temporal de una persona en un centro, ¿qué otros servicios considera que deberían tener un mayor protagonismo en nuestro sistema de cuidados?
R.- Yo pienso que debemos de potenciar el apoyo “profesional” a las familias en el domicilio, profundizar en la gran ayuda que puede suponer la tecnología, favorecer muchísimo los centros de día, asegurar una buena coordinación de lo social con lo sanitario y hacer de las residencias un recurso respetado por la sociedad y de gran valor añadido, que se convierta en un “simple cambio de domicilio” para las personas y las familias cuyas grandes limitaciones les impidan vivir dignamente y cuidar adecuadamente en sus domiclios.




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