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María Sánchez Román / Investigadora del CSIC

'Es necesario continuar el esfuerzo en la promoción de la participación de los mayores en todas las áreas'

La investigadora ofrece, en esta entrevista, una reflexión sobre las conductas edadistas y, en concreto, el análisis desde la perspectiva de género. "Los hombres y las mujeres mayores no tienen por qué verse afectados por las mismas manifestaciones de edadismos", destaca

M.S. / EM 11-11-2022

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Pregunta.- Su área de trabajo se centra en la promoción de una imagen positiva de la vejez y el envejecimiento activo frente al edadismo. Es, sin duda, un reto amplio pero, ¿por dónde debe comenzar ese proceso? 
Respuesta.- Una de las ideas en las que más hincapié hace el concepto de envejecimiento activo es la de hacernos comprender que envejecemos desde que nacemos. Y, de la misma manera, nunca es demasiado tarde para envejecer activamente, como dice Alexandre Kalache.
Si atendemos a este concepto de envejecimiento activo, nos damos cuenta de que posee una gran cantidad de áreas repartidas en pilares y determinantes que se pueden trabajar para optimizar la calidad de vida. Precisamente por tener en cuenta todas estas áreas, que están interrelacionadas, sería muy complicado nombrar un único actor que fuera el más importante para sembrar la semilla del cambio con respecto a la imagen que tenemos de las personas mayores. Sería algo falaz afirmar que el cambio comienza desde la propia persona mayor que encuentra la motivación para mantenerse activa a todas las edades, ya que lo cierto es que este proceso de mantenerse activo necesita del entorno para funcionar, tanto del familiar y social, como del entorno físico, es decir, los equipamientos de las viviendas y de las áreas urbanas y rurales. Sin olvidar, por supuesto, las posibilidades económicas. Es, en suma, un trabajo que implica a todas las partes de la sociedad, desde las propias personas mayores a las administraciones, pasando por los grupos de edad más jóvenes y adultos en sus familias, sus redes sociales, o en los medios de comunicación, que usualmente transmiten las imágenes más estereotipadas. 

P.- ¿Cómo debe entenderse ese envejecimiento activo? Es decir, ¿qué debe abarcar?
R.- El envejecimiento activo fue establecido en 2002 por la OMS como un marco político de actuación, esto es, como una herramienta que las administraciones pudieran utilizar para transmitir a la sociedad que el paso del tiempo no tiene por qué implicar el abandono de las actividades y la participación en la sociedad. 
Desde aquel momento, la literatura científica ha debatido mucho sobre si este protagonismo que se otorga a la “actividad” corre el riesgo de vincular el envejecimiento activo con la productividad, por ejemplo, a través del retraso de la jubilación. Atendiendo a todas sus áreas, podemos observar que el concepto de envejecimiento activo abarca más elementos, primordialmente, establece cuatro pilares para la optimización de las oportunidades para envejecer: salud, seguridad, participación y aprendizaje a lo largo de la vida. Este último, el aprendizaje a lo largo de la vida, fue añadido varios años más tarde en una revisión, en 2015.
Estos cuatro pilares vienen acompañados de ocho determinantes que influencian (determinan) esa optimización de las oportunidades para envejecer activamente, y tienen que ver con los aspectos económicos, sociales, familiares, los servicios sociosanitarios, las características de la propia persona (comportamientos, hábitos), o el entorno físico. En una categoría especial, se señala la influencia de la cultura y de los roles de género en el proceso de envejecimiento.
En suma, el envejecimiento activo es un concepto holístico que se compone de muchas partes relacionadas entre sí: la combinación de todos estos ingredientes (sus pilares y determinantes) es lo que debe tenerse en cuenta para la promoción del envejecimiento activo. Y, unido a ello, el concepto de envejecimiento activo nos ayuda a comprender que existe una gran diversidad de formas de envejecer.

P.- ¿Supuso la pandemia un retroceso en este sentido al vulnerarse, como ya se ha visto, los derechos de muchos mayores, especialmente de aquellos que vivían en residencias? ¿Quizá sea ese el motivo por el que este año el edadismo esté centrando la mayor parte de los debates del sector? 
R.- Las personas que nos dedicamos a la investigación en envejecimiento o a las personas mayores desde la sociedad civil hemos observado cómo, tanto en España como en otros países, la cobertura mediática que se realizó durante el confinamiento se ha centrado en la fragilidad e indefensión frente al virus con mucha mayor incidencia para las personas mayores que para el resto de la sociedad. Además, ha sido una cobertura fundamentalmente realizada desde la alteridad, es decir, fueron muy escasos los momentos en los que las personas mayores han podido verdaderamente participar en los medios ofreciendo sus opiniones.
A todo ello, hay que añadirle la invisibilización que las personas mayores afrontan en la sociedad, que ya veníamos acarreando desde antes de la pandemia. Este hecho pudo haber sido determinante en los procesos de toma de decisiones, por ejemplo, con respecto al establecimiento de medidas como los horarios de salida a la calle, o en las propias residencias.
Es, por tanto, un debate que desde la investigación y las organizaciones de la sociedad civil surgió desde el primer momento, y que se está intentando hacer permear a la sociedad. Existe un riesgo que tenemos el deber de combatir de que esta imagen difundida sobre las personas mayores avive las creencias negativas sobre la vejez y, en consecuencia, las ideas edadistas.

P.- Estereotipos, prejuicios, discriminaciones a distintos niveles… ¿Cuál es la manifestación más evidente de edadismo que, incluso, se ha llegado a normalizar erróneamente en nuestra sociedad y que deberíamos desterrar con mayor urgencia?
R.- De forma casi generalizada, la forma de discriminación que más afecta al colectivo de personas mayores es la invisibilización en todas las áreas de la vida. Esto se da en la toma de decisiones sobre su salud o su economía, en los medios de comunicación y entretenimiento, o la digitalización de servicios básicos sin tener en cuenta la accesibilidad de los mismos, como ocurre con los bancos, por nombrar algunas.
Es, además, una discriminación que afecta en gran medida a hombres y mujeres mayores, pero especialmente a ellas en la intersección existente entre el género y la edad. Aunque cada vez en menor medida, sigue existiendo una brecha de género entre la participación en el espacio público y en el espacio privado (el hogar) que también afecta a las mujeres mayores. Prueba de ello es la participación política de hombres y mujeres mayores, tanto en partidos políticos, sindicatos, asociaciones, o en los consejos y juntas de gobierno de los centros de mayores, donde las mujeres se encuentran en gran minoría.

P.- Si atendemos a la perspectiva de género, que es su especialidad. ¿Es lo mismo envejecer siendo hombre que mujer en España?
R.- Los datos nos indican que existen diferencias en las formas de envejecer de mujeres y hombres en España, aunque son brechas que se van cerrando paulatinamente con el avance de las generaciones. En términos demográficos, los hombres tienen una esperanza de vida al nacer algo más corta que las mujeres (85 años para ellas y 80 para ellos, en datos de 2020), lo cual puede explicarse por las diferencias en los hábitos de vida, la dieta, etcétera, pero también, por la asunción de riesgos vitales (laborales o de otra índole) que acaban provocando muertes prematuras. 
Aunque exista esa diferencia a favor de las mujeres, hay que tener en cuenta que ese tiempo adicional que disfrutan las mujeres, en términos generales no se vive en condiciones de buena salud. Es decir, la esperanza de vida saludable es menor para ellas (52% del tiempo restante a los 65 años) que para ellos (63% del tiempo restante a los 65 años). Estas diferencias demográficas son indicativas del contraste que existe aún hoy día en los hábitos, comportamientos, oportunidades y problemas que afrontan mujeres y hombres a lo largo de toda su vida.
Desde el modelo de envejecimiento activo, se propone además un concepto que es extraordinariamente útil para comprender estas disparidades de género: la perspectiva de curso de vida. Cuando nos detenemos a comprender qué significa la edad y el paso del tiempo para una persona, nos damos cuenta de que las etapas vitales que hemos ido creando (infancia, juventud, adultez, vejez), no son etapas estancas sin relación entre sí. Los hitos, decisiones y oportunidades vitales que ocurren en cada una de ellas ejercen una influencia en los momentos vitales posteriores. Desde el punto de vista del género, este concepto implica que los roles y estereotipos de género que hemos ido asumiendo como hombres o mujeres a lo largo de nuestra vida, y que han determinado nuestra manera de comportarnos y nuestras decisiones vitales, tienen una influencia determinante en la vejez.

P.- A grandes rasgos, entonces, ¿en qué se diferencia la manifestación del edadismo en hombres y en mujeres?
R.- Los roles y estereotipos de género que influencian nuestra vida desde que nacemos se vinculan enormemente con la imagen que asume la sociedad de cada grupo de edad. En otras palabras, no solo existen estereotipos basados en la edad de la persona (una persona joven contraposición a una persona mayor), sino también en función de su género, y cómo se entiende que debe expresarlo una persona a cada edad. 
En inglés, este concepto se denomina gendered ageism (“edadismo generizado”), y se refiere a las diferencias que provocan los roles de género en las situaciones edadistas. Es decir, los hombres y las mujeres mayores no tienen por qué verse afectados por las mismas manifestaciones de edadismo. Algunas investigaciones señalan que los hombres se ven especialmente afectados por el mantenimiento a toda cosa de la autonomía, independencia y la potencia sexual (infalibilidad en el acto sexual). Las mujeres, por otro lado, se ven más afectadas por todo lo relacionado con la regulación del cuerpo: el mantenimiento del canon de belleza de la juventud, la estética, y la vestimenta.
Asimismo, hay una característica de corte más social que afecta en gran medida a las mujeres y que es heredada desde etapas anteriores de la vida: el uso del tiempo. Las mujeres mayores se ven especialmente afectadas por las responsabilidades de cuidado para sus familiares, de tal manera que, primero, se invisibiliza la aportación que realizan a sus familias con dichas tareas, pero también, se les impone un castigo social (e incluso hacia ellas mismas, al interiorizar estas normas) cuando realizan un uso autónomo de su tiempo.

P.- El edadismo limita que los mayores puedan hacer libremente ejercicio de sus derechos pero, ¿son los mayores conocedores de sus derechos o, en parte, esa también es una pieza que debería tenerse en cuenta? 
R.- Es una situación en constante cambio, las personas mayores son cada vez más conscientes de sus derechos como colectivo. Una idea que podemos aplicar este hecho es que, a diferencia de otros grupos sociales como podría ocurrir con las mujeres y los feminismos, la identidad colectiva de las personas mayores no se ha constituido hasta hace muy pocos años, sobre todo a raíz de la crisis de 2008 y la amenaza del debilitamiento del sistema de pensiones. Como tal, con anterioridad a este hecho no se había dado un movimiento organizado que supusiera algún tipo de toma de conciencia como colectivo para las personas mayores.
Este hecho, unido a que cada vez en mayor medida se van reduciendo brechas como la digital, ayudan a que las personas mayores obtengan facilidades para estar informadas de sus derechos y de cómo exigirlos. 
En cualquier caso, y sobre todo a raíz de la pandemia, sigue siendo muy necesario continuar el esfuerzo en la promoción de la participación de las personas mayores en todas las áreas, especialmente la política, sin olvidar la mirada de género.

P.- ¿Estamos en España en el camino adecuado para erradicar el edadismo? 
R.- Siempre existe espacio para el optimismo. Las relaciones intergeneracionales son un vehículo de gran utilidad para el acercamiento de distintos grupos de edad a las realidades ajenas, y así comprender su complejidad y anular los estereotipos y prejuicos que existieran de antemano. En este sentido, la sociedad española se caracteriza por ser de corte más bien familista, lo que implica que las relaciones entre generaciones se constituyan como parte de su núcleo vital de funcionamiento. 
También, aunque durante la pandemia se han vivido situaciones que podrían implicar una regresión en las relaciones entre generaciones, lo cierto es que a raíz de esta amenaza se ha cogido el impulso para la creación de más recursos y atención a las necesidades de las personas mayores, tanto a nivel estatal como en esferas más pequeñas. 
Nuestro pequeño grano de arena es el Programa de Actividades de I+D ENCAGEn-CM (Envejecimiento activo, Calidad de Vida y Género en la Comunidad de Madrid). Siempre tenemos presente la necesidad de creación de redes de trabajo e intercambio de conocimiento entre la investigación, las organizaciones de la sociedad civil y los profesionales, así como hacia las personas mayores. La última actividad que estamos organizando actualmente es el Seminario Final en el que presentaremos los resultados de la investigación que venimos realizando desde 2019, que es de asistencia abierta y gratuita a todas las personas que quieran venir.



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