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Mayte Sancho / Directora general del Imserso

'El tratamiento edadista de la vejez es continuo y tiene que desaparecer, pero no se soluciona con una ley, sino con un cambio cultural'

Dos meses lleva Mayte Sancho al frente de la que, como ella misma asegura, “ha sido su casa durante muchos años” y a la que le debe un gran aprendizaje. Hablamos con la psicóloga y máster en Gerontología Social sobre las líneas de trabajo que se ha marcado en esta nueva etapa, una tarea que, expone, estará guiada por una palabra: cuidados

M.S. / EM 08-03-2024

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Pregunta.- Es innegable su amplio conocimiento del sector y su trayectoria en el ámbito de las personas mayores. ¿Cómo están siendo esos primeros contactos con las organizaciones más representativas de los mayores?

Respuesta.- Aunque es verdad que llegué con ideas claras de los temas que había que abordar de manera prioritaria, siempre suceden asuntos no tan previstos que ocupan todo el tiempo, como es el caso de resolver la convocatoria de las subvenciones para mayores. Ha tocado poner la atención y toda la voluntad en este tema de suma importancia para poder solucionarlo cuanto antes. Y ya estamos en vías de ello. Estamos terminando la convocatoria del 24 y, posteriormente, saldrá la que no salió en el 23.

P.- Además de este tema, dice, de suma importancia, ¿cuáles son lo que ha establecido como líneas prioritarias de trabajo para el comienzo de su etapa al frente del Imserso?

R.- Para mí, la prioridad general del Imserso se llama cuidados, es decir, todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la Ley de la Autonomía Personal y Atención a la Dependencia y con su necesario proceso de actualización. Estamos inmersos a fondo en ello y creo que es un tema prioritario. Cuando se aprobó la ley, todo lo que son los enfoques personalizados, centrados en las personas, de los que hablamos hoy en día, no se recogieron porque en ese momento, lógicamente, no formaban parte de ese marco conceptual, pero hoy sí. Además, otro asunto que también viene de la mano es la reforma del artículo 49º de la Constitución, para que la ley esté presidida por la promoción de la autonomía de las personas en cualquier etapa de su vida. Estos temas, por supuesto, exigen algunos cambios, como puede ser la actualización del Catálogo de Servicios. El objetivo es responder, de la mejor manera posible, y entre todas las partes implicadas, a las necesidades de las personas que necesitan cuidados y apoyos.

P.- Aunque el turismo social es una de sus señas de identidad, el Instituto es mucho más. En su opinión, ¿cuáles son esas áreas del Imserso sobre las que se debería incidir para que la sociedad conociese en profundidad su labor?

R.- Para mí, para todo el equipo y, en general, para los que estamos comprometidos con el buen envejecer, como digo yo, es evidente que el tema de los cuidados es el centro. Ya no solo en España, sino en toda Europa y en aquellos países que tienen la suerte, como nosotros, de tener un sistema de protección social que establece derechos en relación con la atención a la dependencia. De ese tema, lógicamente, se desprenden otros asuntos que también son de máxima importancia. Me refiero, por ejemplo, a la situación de los profesionales del cuidado, fundamentalmente los de atención directa, que sabemos que es un perfil mayoritariamente femenino y asociado, en ocasiones, a una escasa formación y precariedad. Este gran bloque está en nuestra ocupación y nuestra preocupación, por eso estamos intentando avanzar en ello, siempre desde el consenso con todos los actores implicados. Es evidente que se trata de un asunto internacional que están sufriendo todos los países del entorno de la OCDE: tenemos problemas importantes de captación y contratación de personal de atención directa, ya sea por parte de la iniciativa privada como por la pública. Esto nos debería llevar a pensar y plantearnos cómo estamos haciendo las cosas y, también, en lo que respecta a los procesos de integración de personas que proceden de otros países, a los que a veces les ponemos las cosas demasiado difíciles cuando, en verdad, necesitamos su aportación. Se trata, como digo yo, de asuntos colaterales, pues pertenecen a otros ministerios, pero que son troncales también para nosotros.

P.- Que la forma de cuidar y cuidarnos ha cambiado es innegable y en esa transformación trabajan, desde la Administración, distintos departamentos. ¿Podemos ser optimistas sobre el camino que estamos emprendiendo?

R.- Estamos avanzando. En la legislatura anterior se produjo un avance conceptual muy importante, como fue el Acuerdo de Acreditación y Calidad de los Centros y Servicios del SAAD. Este acuerdo nos sirve para sentar las bases de lo que interpreto como un cambio cultural sobre cómo acercarnos a las personas que necesitan apoyos y cuidados. Ahí se establecían numerosas cuestiones que tienen que ver con la transformación de los centros residenciales, pero también con una mirada muy focalizada en el entorno comunitario. Esto, para mí, es la bandera a seguir, pues es un mecanismo para acercarse a las preferencias y deseos de las personas, pues todas queremos envejecer en nuestro entorno habitual, aun cuando necesitamos algún cuidado. Esto no quiere decir que no tenga que haber alojamientos residenciales porque, por supuesto, los tiene que haber y son imprescindibles, pero sí desde otro mirada menos institucionalizada. Con “menos institucionalizada” hago referencia a lo que dice el artículo 19 de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad o lo que recogen las estrategias de desinstitucionalización, ya no solo la española, sino todos los trabajos que se han hecho en este campo en el ámbito internacional. Todo ello nos está enfocando hacia un cambio cultural que seguramente va a durar décadas. No podemos decir que hemos hecho un curso de atención centrada en la persona y ya por ello tenemos este tipo de atención. El objetivo es conseguir que los trabajadores, y no solo de atención directa, veamos la atención de una manera mucho menos asistencialista y mucho más participada por lo que es importante o significativo en la vida de las personas. Ese cambio de perspectiva cambia totalmente el funcionamiento de una institución clásica, por así decirlo. ¿Se han empezado a hacer cosas? Sí, por supuesto. Y a nivel estatal hay algunas cuestiones más desarrolladas en unas comunidades autónomas que en otras, pero creo que es importante que desde el sector asumamos que se trata de un cambio lento y que exige mucho trabajo, pues es imprescindible el acompañamiento in situ de las personas, con el fin de ir matizando la manera que tenemos de acercarnos a ellas, ya sean mayores o personas con discapacidad. Avanzamos despacio, en resumen, pero avanzamos.

P.- Le voy a poner en un compromiso pero, ¿es el Imserso una institución clásica que, como todo, se está empezando a modernizar?

R.- (Risas) Pues sí me pones en un compromiso, pero bueno... como ha sido mi casa durante muchos años y le debo mucho, puesto que me ha dado la oportunidad de aprender, yo diría que sí, que el Imserso está en un proceso de actualización, tanto de marcos conceptuales y temáticas, como de otros avances, como pueden ser la agilización de los procedimientos administrativos y de todo lo que suponga simplificación. Además, para mí es una alegría ver que hay personas jóvenes muy bien formadas que eligen el Imserso para trabajar, sobre todo por su vertiente social.

P.- La ONU la nombró, el pasado año, una de las 50 líderes mundiales que más han contribuido a transformar la sociedad para envejecer mejor. En su opinión, ¿cuáles son las claves para envejecer mejor?

R.- Eso sí que es complejo, pero de entrada diría que en este país envejecemos muy bien y, además, en los índices internacionales, como puede ser el de envejecimiento activo, España está muy bien situada. En aspectos como prevención, en materia de salud, en el tramo de edad entre 60 y 75 años aproximadamente, somos un grupo de población que nos autocuidamos muy bien. Y esto se traduce en una espectacular esperanza de vida, sobre todo en el caso de las mujeres. También se observa en el número de centenarios y centenarias, que son superiores a las proyecciones iniciales que se hicieron. Es decir, envejecemos bien. Las generaciones nuevas que nos incorporamos somos generaciones más formadas, con mayor capacidad adquisitiva y, quizá, un poco más exigentes. Pertenecemos a otras generaciones que distan mucho de las de la postguerra, y eso también se nota, pues intentamos que los servicios que se nos ofrecen sean de calidad, como merecemos cualquier ciudadano. Todo esto se percibe en la vida cotidiana porque hoy en día las personas mayores estamos presentes en muchas cosas. Sin embargo, también es cierto que hay un sector menos favorecido, como suele pasar, que son aquellas personas víctimas de asuntos gravísimos de discriminación de trato o edadismo. He de decir que esto tiene un alcance grave, pero también creo que somos estas mismas generaciones las que estamos poniendo el freno a dicho problema. Estas cosas y, por supuesto muchas más, serían las que podríamos englobar dentro de ese buen envejecer. Tener una vivienda y pensión dignas, un sistema de salud accesible y universal como el que tenemos, y un sistema de protección de la dependencia que nos dé respuesta cuando tengamos esa necesidad son indicadores de madurez de un país y, en consecuencia, de garantía de un buen envejecer.

P.- En la lucha contra ese edadismo, supongo, contribuye toda la sociedad, no solo los mayores, ¿no?

R.- Sin duda. La Administración tiene una cuota alta de responsabilidad en ello, en consolidar la creación de ciudades y pueblos accesibles y amigables con la edad y la dependencia. Y añadiría, también, con la demencia, que es tan importante en el proceso de envejecimiento. Afortunadamente, tenemos bastantes avances en este sentido.

P.- Aludió en otra entrevista a la Ley de Adaptación de la Sociedad al Envejecimiento que existe en Francia desde 2016. ¿Sería positiva una norma similar en España? ¿Qué aportaría su aprobación en nuestro país?

R.- Esa ley le daba una vuelta al enfoque que había hasta el momento y me pareció muy interesante. Tiene una exposición de motivos que merece la pena leer porque supone un acercamiento estupendo al envejecimiento. Dicho esto, no soy muy partidaria del exceso de producción normativa, que es un clásico en este país. Hacemos muchas leyes y no cumplimos tanto, francamente. Creo que en España tenemos leyes que se pueden acercar a esos planteamientos, está en proceso la Ley de Cuidados, se está trabajando en la estrategia de desinstitucionalización, la actualización de la Ley de Dependencia... pero lo que verdaderamente necesitamos es el cambio paulatino en la mirada que la sociedad tiene hacia la vejez. El tratamiento edadista de la vejez es continuo y tiene que desaparecer, pero no se soluciona con una ley, sino con lo que estamos llamando cambio cultural. Es un proceso lento y complejo, pero el día que nos genere sonrojo contemplar situaciones en las que otros deciden por los mayores significará que hemos cambiado. Las palabras importan mucho y, en este sentido, remito a los trabajos tan interesantes que ha hecho al respecto Teresa Martínez [se refiere a la gerontóloga conocida por su aportación en la atención centrada en la persona, entre otras cuestiones ]. Evidentemente, empezando por cuidar el lenguaje, cuidaremos también nuestras conductas.



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