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Manel Domínguez / Doctor en Comunicación Social. Autor de ‘Senior. La vida que no cesa’

'El edadismo es una pandemia que penetra en toda la epidermis de la sociedad, desde la ciencia a los medios de comunicación'

Acaba de cumplir 72 años y se encuentra en plena investigación científica en la universidad, sigue dando clases y acaba de publicar un ensayo. Él es el ejemplo de una vida que, ni mucho menos, ha cesado. Manel Domínguez nos confiesa que son muchas las personas que le sugieren que lidere la revolución senior que estamos viviendo, pero lo tiene claro y responde que no es activista. Sin embargo, las páginas de ‘Senior’ (Ed. Diéresis) ya están dando mucho que hablar porque, como él asegura, el primer paso es abrir el debate y generar conciencia

M.S. / EM 10-05-2023

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Pregunta.- El título de su último libro no ha lugar a dudas. ¿Por qué cree que sigue tan extendida esa dramática creencia de que a medida de que se cumplen años las personas se convierten en “trastos inservibles”?

Respuesta.- Para llegar a la pregunta que usted me hace, lo primero que debemos hacer es entender qué es el edadismo y que estamos ante la gran pandemia que ha atenazado a las personas mayores en los últimos 130 años. De todo el libro, la gran esencia es edadismo cómo podemos derrocar al edadismo. Comencé a investigar qué significaba el edadismo en 2013, cuando me encontraba en California. Si tuviésemos que buscar un punto reciente para entender la revolución senior que ya ha empezado actualmente lo identificaría en la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII, un momento en el que nació una situación que todavía estaba sin bautizar pero que arrastramos hasta hoy, gestada bajo el titular “produce o muere”. En aquella sociedad no había ninguna consideración ni asistencial, ni de ningún tipo hacia las personas mayores. Dentro de este proceso se produce una especie de enaltación de la juventud, considerando que los jóvenes eran los mejores. No eran los mejores, simplemente eran los que producían y había que darles esa bandera de líderes de la humanidad. Evidentemente, con el paso del tiempo la vida se iba alargando y cada vez se vivían más años. Desde ese momento hasta hoy, el edadismo ha sido la gran pandemia de la sociedad.

P.- En este punto de inflexión, hoy, en 2023, ¿qué ha ocurrido?

R.- Lo que ha sucedido es que la política ha sido puramente asistencial, no le ha interesado el reconocimiento del talento senior como tal, que no olvidemos que es infinito. Con este libro pretendo decir “¡Basta!”, que se ponga fin a ese edadismo. Para mí ya ha empezado la cuenta atrás en este sentido, aunque queda mucho camino por recorrer.

P.- ¿Cuáles son esos caminos que, en su opinión, derivarían en el empoderamiento real de los senior en nuestra sociedad?

R.- Ya ni siquiera se trata de empoderarse, porque los mayores ya estamos empoderados. Consiste, más bien, en no estar anestesiados y en romper con la sumisión que hasta ahora han tenido. Cuando comienzo a estudiar e investigar en el campo del envejecimiento y el edadismo también lo estaba haciendo, en paralelo, la ciencia. Es decir, hasta entonces la ciencia no analizaba los procesos sobre el envejecimiento porque existían dos prioridades científicas de primera magnitud: el cáncer y las enfermedades inflamatorias. Pero algunos científicos sí se percataron que el envejecimiento debía ser objeto de estudio desde el enfoque social, y ‘Senior’ nace en ese momento. Además, la ciencia no daba prestigio al estudio del envejecimiento. Tanto es así que igual que las empresas importantes del mundo, en el año 2000, eran las energéticas, ahora nos encontramos con que las tecnológicas están de capa caída y posiblemente dentro de unos 20 años esas grandes empresas sean las del ámbito de la biogerontología dedicadas al estudio del envejecimiento. Usted va más allá y se refiere, de hecho, a un edadismo cultural pero es cierto que los mayores ya se están levantando contra esta situación. ¿Cómo es esa revolución senior a la que estamos asistiendo? Además de la visión científica real de la evolución sobre cómo estamos envejeciendo y cuántos años podemos vivir, las personas de más de 65 años en estos momentos ya somos el 21% de la humanidad, y en Europa, por ejemplo, ya somos más que los niños de cinco años. Y continuando esta tendencia, dentro de unos años las personas de 65 seremos el doble que los jóvenes de entre 15 y 25, por lo tanto no existirán tantos jóvenes como oferta laboral habrá en el mercado. Con esta evidente revolución demográfica, pretendo decir ¡Basta! al edadismo de Estado y vamos a unir el cerebro de un señor de 72 con el de una mujer de 30, por ejemplo, puesto que ambos mantienen la misma plasticidad cerebral tengan la edad que tengan. El primero será más seguro y se equivoca menos, mientras que el segundo será más rápido en la toma de decisiones. Para la evolución de la humanidad debe darse esa alianza y equilibrio intergeneracional. Aquí no sobra nadie, como se ha dicho hasta ahora.

P.- ¿Es, entonces, esa convivencia intergeneracional una de las claves para erradicar el edadismo del que estamos hablando?

R.- El edadismo ha apartado a los senior de la sociedad jubilándolos a los 55 años, devaluando nuestro conocimiento, capacidad y valiosísima experiencia. Esta es la realidad y esto es un auténtico ‘edadismo de Estado’. Como anécdota, diré que me sentí muy mal cuando fui a renovar mi DNI y cuando me lo devolvieron me di cuenta de que la fecha de renovación era el 1 de enero de 9999. Entonces, ¿el Estado con eso me está diciendo que ya no sirvo para nada? Me parece un insulto de primera magnitud del Estado hacia las personas mayores. Otro ejemplo de ese edadismo es que los ensayos clínicos no se realizan con los órganos de las mujeres, por ejemplo, sino con los de hombres jóvenes. Es decir, esos resultados clínicos sí son aplicables a las mujeres pero no al 100% porque no se realizan con patologías exactas de la mujer. Eso es ‘edadismo científico’. El edadismo es una pandemia que penetra en toda la epidermis de la sociedad, desde la ciencia a los medios de comunicación. ¿Qué problema hay en que una señora de 50 años, con su arruga preciosa, su inteligencia y su conocimiento del periodismo presente un telediario? Pues no la hay. Por todo esto pretendo, desde ‘Senior’, que se abran los ojos ante esta realidad y que se cree un debate para hablar de hasta dónde hemos llegado. Y ese punto cero es en el que nos encontramos en esos momentos.

P.- Entonces, ¿qué acciones reales considera usted que deben emprenderse de manera urgente en este sentido?

R.- En primer lugar, la política tiene que entender todo esto. Pero también los sindicatos y los medios de comunicación, como decía. Afortunadamente, estamos empezando a despertar a los medios y, lo digo con humildad, pero empiezan a tomarme en serio. Es importante crear conciencia de lo que está sucediendo. Pero no hablo, por ejemplo, de temas como la llamada silver economy, que con todos mis respetos no me interesa nada. Lo que a mí me interesa es la parte humanista de la persona, el resto es marketing. El envejecimiento debe ser entendido como una oportunidad de vida y de respeto, no como una oportunidad económica o de belleza, como apuntan algunos sectores. Es una gran batalla la que tenemos por delante.

P.- Es director del Máster en Comunicación Digital y Nuevas Tecnologías de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona. ¿Qué pautas ofrecen a esos futuros comunicadores para que un futuro ya no tengamos que hablar de edadismo?

R.- Hay que educar la sensibilidad de los jóvenes, eso está claro, porque ellos en cierto modo también son víctimas del edadismo. De ahí ese equilibrio intergeneracional al que me refería.

P.- Precisamente, usted tiene 72 años y es el director de un master con alumnos de una edad media de entre 25 y 30 años…

R.- La evidencia es esa. Es decir, no hay una diferencia entre ellos y yo. Cuando el profesor entra en el aula se enfrenta al conocimiento del mundo, a jóvenes con los ojos y atención abierta. No se trata de clases magistrales, como ocurría antes, sino de espacios para que compartamos nuestro conocimiento e inteligencia.

P.- Háblenos un poco más sobre ‘Senior. La vida que no cesa’.

R.- Con ‘Senior’, que es un ensayo, pretendo algo que ya sucede en otros países, como es que se reconozca el valor del talento y la experiencia. Que interioricemos que no importa la edad. Disfruto mi tiempo investigando, pensando analizando, por eso el libro es un ensayo y no una novela. Siempre he creído que la cultura de error hace grande al ser humano, de ahí mi pasión por investigar. Es la duda, el ensayo, lo que nos hace grandes. Soy consciente de que en un país como España, que no se lee tanto ensayo, quizá no tenga el éxito de una novela, por ejemplo, pero escribir una novela sobre este tema –el envejecimiento– no me parece serio. Y creo que el hecho de que sea un ensayo es, precisamente, una manera más de aportar a ese tema la seriedad que merece. Opinión tenemos todos pero criterio no. Por eso digo que para entender de qué va todo esto y, por tanto, tener un criterio, requiere leer ‘Senior’. Hay algo que sí me gustaría destacar. En la metodología del libro trabajé un proceso que se llama metodología observativa no participativa y se me permitió participar en un grupo de mujeres de más de 65 años de duelo. Algunas llevaban mucho tiempo sin hablar, con dolor por lo que habían vivido. Yo solo las escuchaba pero en un momento dado accedieron a que les hiciese una pregunta. Me dirigí a una de las mujeres, que había manifestado que quería volver a casarse, y le pregunté que cuál era el motivo. Me dijo que es que ser senior, ser mujer y ser viuda era igual a no existir o ser invisible y que todos los entornos que tenía le habían dado de lado. En ese momento descubrí otro edadismo, el ‘edadismo de entorno’, que no tenía contemplado y que he seguido investigando, un tipo de edadismo que en realidad es un auténtico delito social. Me hace mucho daño darme cuenta que tantas mujeres están siendo invisibilizadas solo por ser mayores o estar viudas. No me gustaría olvidarme de algo que me parece muy interesante, que es la memoria como patrimonio inmaterial de la humanidad. Intuyo que los centros de interpretación social van a ir experimentando un cambio y hemos de pasar del objeto fijo en una pared a la palabra, al pensamiento. Y ahí considero que los senior se han de convertir en la gran fuente de sabiduría de los museos. En el libro dedico un capítulo a un ejemplo: el Citilab de Cornellà de Llobregat, el centro de innovación social más potente de Europa y que he analizado en profundidad a través de entrevistas a los más de 200 senior que allí trabajan en innovación social digital. Tienen entre 65 y 80 años y forman parte de esos proyectos digitales que allí se están realizando desde hace más de diez años, sin embargo están en silencio. La tendencia debe ser esa, es decir, la tendencia no es que los senior sepan conectarse a Internet en su casa, que está muy bien, sino que su capacidad y su conocimiento sea reconocida como infinita. Todo esto que hemos hablado es edadismo en distintas formas y es lo que tenemos que combatir.



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