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Las asociaciones de mayores están más cohesionadas que hace unos años, ahora deben trabajar por mejorar el futuro

En españa, la participación en organizaciones de carácter social sigue siendo baja. Tenemos entidades que funcionan muy bien, pero son escasas en comparación con el número de personas mayores de 65 años. Además, la pandemia ha paralizado las actividades de muchas asociaciones, aunque también las ha cohesionado y fortalecido

Cristina Villanueva 07-06-2021

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La población envejece progresivamente pero, afortunadamente, cada vez lo hace con mayor calidad de vida. Esto quiere decir que, tras la jubilación, todavía quedan muchos años para hacer cosas nuevas y diferentes y hay que buscar fórmulas para invertir todo ese potencial de conocimientos y experiencia, por no hablar del tiempo libre que acumula una persona cuando abandona su actividad laboral. Una buena opción para dedicar tiempo y conocimiento en beneficio de una causa concreta o en la defensa de mejoras sociales son las asociaciones de personas mayores. 

Por eso, a partir de la jubilación es habitual que las personas busquen opciones de voluntariado o se integren en una asociación que les permita estar activos, a la vez que invierten su tiempo de una forma positiva.

José Buz, profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Salamanca, explica que el movimiento asociativo responde a la expresión de la generosidad que tenemos de forma innata con los demás. Las teorías psicológicas siempre han formulado que hay una relación directa entre el envejecimiento de la persona con el incremento del altruismo. Para comprobar esas teorías se realizaron diversos estudios y se mostró que las conductas altruistas son más frecuentes a medida que las personas se hacen más mayores. El inconveniente hasta ahora sobre esta evidencia entre la edad y el altruismo era un poco inconsistente, pero afortunadamente las últimas investigaciones han demostrado que existe esa relación y es muy fuerte.

“Otro dato que se evidenció –continúa Buz– es que en ese altruismo vinculado a la edad no hay diferencias respecto al nivel educativo ni al económico. Se puede pensar que el movimiento asociativo estaba relacionado con grupos desfavorecidos que se unían para cubrir ciertas necesidades que, de otra forma, no encontraban resueltas, pero no tienen nada que ver con eso. Esas variables no modifican los datos, y tampoco hay diferencias respecto al género”. En este sentido, según aclara Buz, hubo varios estudios que encontraban que eran las mujeres, principalmente, quienes tenían un perfil más altruista. Sin embargo, en la actualidad se ha demostrado que no está relacionado el género. 

Buz afirma que el principal factor que sí está relacionado con un aumento o disminución de actitudes altruistas es la salud. “Esa tendencia al altruismo se rompe cuando hay problemas de salud, si no se tiene buen estado físico y psíquico para desarrollar determinadas tareas, los mayores tienen que dejar de hacerlas, pero en ningún caso tiene que ver con falta de motivación o desinterés”.

Por lo tanto, desde un enfoque psicológico, la tendencia al asociacionismo se explica porque las personas encontramos satisfacción en la vida cuando prestamos ayuda, no al recibirla. Esto se pone de manifiesto, sobre todo, en la edad adulta. Para las personas mayores es más importante dar apoyo que recibirlo, lo cual contrasta con los estereotipos que tenemos de que este colectivo solo quiere recibir apoyo. Sí lo quiere, pero su satisfacción procede de la ayuda que dan, y esta se canaliza a través de movimientos asociativos. 

La necesidad innata de socializarnos también tiene mucho que ver en el surgimiento de asociaciones. Buz detalla que, en los años 70, se formuló la Teoría de la Continuidad que plantea que las personas obtienen en la vejez mayores niveles de bienestar en la medida en que puedan continuar el nivel de actividad que habían tenido a lo largo de toda la vida.  “Esto sigue estando vigente, pero con matices. Por ejemplo, el nacimiento de las asociaciones tiene que ver con el deseo de socializarnos, porque a eso nunca se renuncia, siempre buscamos relaciones sociales gratificantes, en cualquier etapa de la vida, pero al hacernos más mayores, esa búsqueda cobra mucha más importancia. Eso hace que esa etapa sea un momento propicio para que nazcan asociaciones de todo tipo. Yo diría que estamos diseñados para asociarnos al envejecer”.

Sin embargo, como resalta este experto, no en todos los países este movimiento está tan desarrollado como debería. Y ese es el caso de España.


¿GOZA DE BUENA SALUD EL MOVIMIENTO ASOCIATIVO?
Los datos no son positivos. Pilar Díaz, profesora de Psicología Social de la Universidad de Granada, afirma que los datos actuales procedentes de distintas fuentes de información nos dicen que a las personas mayores aún no les interesan demasiado las actividades de carácter social: “Dicho en otras palabras, la pertenencia y participación activa en actividades de voluntariado o a través de diversas organizaciones sigue siendo baja entre los mayores de 65 años”.

“¿Y a qué puede responder esta escasa participación? Entre otras cuestiones –prosigue la psicóloga–, sigue predominando la idea de que, a partir de una cierta edad, las mujeres y los hombres deben dejar de estar de manera activa en la vida social o comunitaria y dejar paso a los más jóvenes. Pero además, detectó una importante falta de información sobre las posibilidades y fórmulas que existen para entrar a formar parte de asociaciones o proyectos de voluntariado. No cabe duda de que es necesario proponer más iniciativas de difusión e incluso impulsar programas socioeducativos que den respuesta a las necesidades de participación de los mayores”.

Buz también coincide con esto. Afirma que si lo enfocamos en perspectiva y nos comparamos con otros países estamos muy lejos de ellos, aunque resalta que tenemos un movimiento asociativo con muy buena salud. Es decir, las asociaciones que hay funcionan muy bien, pero son muy escasas. A su entender, esto sucede porque en España las personas mayores no han crecido en un contexto social y económico similar al de otros países: “Los lugares donde las cifras de asociacionismo son tan grandes es porque desde jóvenes ya pertenecían a asociaciones. En nuestro país no se han educado en una cultura del movimiento asociativo, y eso influye en que haya menos entidades y menos voluntariado. En el informe 2016 de las personas mayores que publicó el Imserso, cuando preguntaban a las personas mayores quiénes pertenecían o habían pertenecido a una asociación, entre el 80 y el 90% dijeron que no pertenecían  o que nunca habían pertenecido”. 

Sin embargo, Buz afirma que  es probable que esta situación empiece a cambiar porque los mayores actuales están siendo testigos del buen funcionamiento de las asociaciones, eso está influyendo en su óptica y tendrán más inquietud por pertenecer a una de ellas. “Es decir, las asociaciones actuales servirán para que el movimiento despunte y se incremente el número de personas que deciden integrarse en una de ellas”, asegura el psicólogo.


¿CUÁL ES LA SITUACIÓN ACTUAL DEL ASOCIACIONISMO?
Desde Ascudean explican que “el movimiento asociativo siempre ha aportado cosas positivas a la sociedad, siempre ha sumado, es un sector dinámico y diverso que abarca muchos campos de actuación. Lo que todos conocemos como tercer sector siempre ha ido más allá de lo que las instituciones públicas han abarcado, siempre referido a la atención, al acompañamiento, a la cercanía y a la rapidez de gestión”. Sin embargo, su presidente, Alberto Blanco, es pesimista sobre el momento actual que vive este movimiento. Señala que, actualmente, se encuentra casi en estado de vías de extinción, por la privatización de los servicios, por la escasa cooperación de las instituciones con las asociaciones y, sobre todo, por la coyuntura económica que va siendo objeto de creciente preocupación y de una incertidumbre casi permanente.

Las asociaciones nos enfrentamos a graves dificultades para atender a las personas que pertenecen a colectivos vulnerables. Nuestro trabajo es fundamental para garantizar la protección de los derechos de las personas en situación de vulnerabilidad y para velar por sus necesidades, para acompañarles en procesos duros de la vida, pero se necesitan medios para poder seguir haciéndolo con la máxima seguridad posible y proteger tanto a los trabajadores y voluntarios, como a las personas atendidas”, afirma Blanco.

Para la Unión de Jubilados y Pensionistas de UGT, en la actualidad, el gran reto, no solo del colectivo sino de quienes gobiernan, es planificar y desarrollar programas de intervención política que preparen el acceso a la vejez de una forma cómoda, sin sobresaltos, que les permita vivir con dignidad esa última etapa de la vida, que acabe con las colas del hambre, que termine definitivamente con la pobreza, que frene la desigualdad social que existe en nuestra sociedad. En opinión de Anatolio Díez, secretario general de la UJP-UGT, “el problema demográfico no lo es tanto por el envejecimiento de la población, lo cual es de agradecer, si no por cómo llegamos a este estado de nuestra vida que es la vejez e, indudablemente, hoy no llegamos en buena situación a esta nueva fase etaria, lo hacemos empobrecidos, a pesar de toda una vida de sacrificios y trabajo”.

Por otro lado, la crisis de la Covid-19 ha afectado bastante al movimiento asociativo en general. A juicio de la Federación de Organizaciones Andaluzas (FOAM), el movimiento asociativo no está en sus mejores momentos  y, después de la pandemia, el retraso va a ser grande. “Antes ya se notaba un cierto cansancio, cada vez había menos gente nueva motivada a participar en asociaciones. Pero, ahora, hay muchas entidades cerradas por motivos económicos y las que están abiertas, tienen menos actividad porque la gente sigue con miedo a los contagios; por eso, hay que remontar, pero tendrá que ser poco a poco”, afirma Martín Durán, presidente de FOAM.

La misma opinión tienen desde la Confederación Nacional de Jubilados y Pensionistas de España (Conjupes), están seguros de que la Covid marcará un antes y un después en el movimiento asociativo. “A finales del año 2019 teníamos dos preocupaciones que priorizaban las actividades y estrategias de trabajo de las organizaciones de mayores: combatir la soledad y evitar el maltrato de las personas mayores. Y, aunque estos objetivos siguen presentes, la pandemia y su brutal impacto, especialmente en el grupo de población de personas mayores, trastocaron todos los planes”, recuerda Vicente Sanz, presidente de Conjupes.
El movimiento asociativo de las personas mayores –continúa– quedó seriamente afectado por el confinamiento, prácticamente sin actividad y todo ello nos llevó a una nueva orientación hacia las actividades telemáticas. En este sentido, desde el punto de vista tecnológico hemos evolucionado muy positivamente, celebramos muchas reuniones a distancia y las nuevas tecnologías nos han facilitado el trabajo cotidiano. Debemos de seguir avanzando por esa línea, pero sin abandonar el trabajo presencial: reuniones, congresos, asambleas, talleres y cursos, que son fundamentales para las relaciones humanas. Tenemos que ayudar a salir adelante a nuestras asociaciones y asociados que seguramente van a salir muy afectados desde el punto de vista psicológico y social, poniendo a su disposición los recursos tecnológicos necesarios que permitan seguir cumpliendo su importante función de favorecer y mejorar la vida de los mayores”

Sin embargo, desde la Federación de Pensionistas y Jubilados de CC OO apuntan que la pandemia no ha afectado tanto al colectivo de asociaciones de mayores como, por ejemplo, al sistema sanitario. “Se ha puesto contra las cuerdas en estos meses. Toda la carencia de los sistemas autonómicos de salud pública se ha hecho evidente ante la oleada de casos que precisaban atención primaria, atención de urgencia, ingreso hospitalario y cuidados intensivos. Estar por detrás de la mayor parte de los países de la antigua Unión Europea en porcentaje de PIB dedicado a la salud y estar a la cola de la actual UE27 en camas hospitalarias por habitantes han pasado factura, eso nos tiene que llevar a dedicar más presupuesto a la sanidad pública, más a la atención primaria y para que tengamos más médicos geriatras que en España hay muy pocos. Sin olvidar las plazas residenciales, que en España el 70% son privadas. No se puede hablar de residencias solo desde el punto de vistas de negocio, hay que verlo desde el punto de vista de mejor atención a nuestros mayores” reflexiona Julián Gutiérrez del Pozo, secretario general de los pensionistas de CC OO.




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