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La OMS insta a tomar medidas ante 'el riesgo particular de abuso' que sufren las mujeres mayores y las mujeres con discapacidad

Redacción EM 02-04-2024

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A finales de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer dos nuevas publicaciones muy reveladoras –Medición de la violencia contra las mujeres mayores y Medición de la violencia contra las mujeres con discapacidad–, en las que se subraya que ambos colectivos “enfrentan un riesgo particular de abuso, pero su situación está en gran medida oculta en la mayoría de los datos relacionados con la violencia a nivel mundial y nacional”. Es por este motivo que la agencia de salud pide una mejor investigación en todos los países que ayude a garantizar que se cuente con estas mujeres y que se comprendan y atiendan sus necesidades específicas. Asimismo señalan que al tiempo que se da prioridad a la estandarización y comparabilidad de las encuestas entre países/contextos mediante el uso de un conjunto básico de ítems, podrían incluirse algunas formas adicionales de maltrato específicas de cada cultura.

La realidad es que cuando hay pruebas de violencia de género entre estos grupos, los datos muestran una alta prevalencia. Una revisión sistemática –La prevalencia de la violencia de pareja contra mujeres con discapacidad: una revisión sistemática de la literatura– encontró más riesgo de violencia de pareja para las mujeres con discapacidad en comparación con las que no, mientras que otra –Violencia sexual contra personas con discapacidad: un metaanálisis– también halló tasas más altas de violencia sexual.  

"Las mujeres mayores y las mujeres con discapacidad están subrepresentadas en gran parte de las investigaciones disponibles sobre la violencia contra las mujeres, lo que socava la capacidad de los programas para satisfacer sus necesidades particulares", afirmó Lynnmarie Sardinha, oficial técnica de la OMS y del Programa Especial de las Naciones Unidas sobre Reproducción Humana (HRP) para Datos y Medición de la Violencia contra las Mujeres, y autora de los escritos. “Comprender cómo las diversas mujeres y niñas se ven afectadas de manera diferente, y si acceden a los servicios y cómo es fundamental para poner fin a la violencia en todas sus formas”.

EL AISLAMIENTO DERIVADO DE ESTA VIOLENCIA
La violencia de pareja y la violencia sexual son las formas más comunes de violencia de género a nivel mundial y afectan aproximadamente a 1 de cada 3 mujeres –según datos de la OMS– . Las mujeres mayores y las mujeres con discapacidad todavía están sujetas a estos tipos de abusos, pero también enfrentan riesgos específicos, a veces a manos de cuidadores o profesionales de la salud. Estos incluyen comportamientos coercitivos y controladores, como la retención de medicamentos, dispositivos de asistencia u otros aspectos de la atención, y abuso financiero.

Entre las mujeres de 60 años o más, en el estudio realizado por la OMS se concluye que la violencia física y/o sexual de pareja seguía siendo la forma de abuso más frecuente. Sin embargo, a medida que sus parejas envejecían, algunas mujeres informaron de un cambio de violencia predominantemente física y/o sexual a violencia psicológica, incluidas amenazas de abandono y otras conductas controladoras.

Estos colectivos pueden quedar extremadamente aislados cuando ocurre la violencia, lo que les hace más difícil escapar y denunciar el abuso. El estigma y la discriminación pueden reducir aún más el acceso a los servicios o la información, o hacer que los socorristas desestimen sus relatos de violencia.

"La violencia de género tiene sus raíces en la desigualdad de poder y control sobre las mujeres", señaló Avni Amin, jefe de la Unidad de Derechos e Igualdad a lo largo de la Vida de la OMS y HRP. “En el caso de las mujeres mayores y las mujeres con discapacidad, los perpetradores explotan aún más su dependencia y aislamiento, lo que aumenta su riesgo de abuso. Los servicios deben responder a sus necesidades e identificar contactos apropiados a través de los sistemas de salud y atención, para que todas las mujeres que sufren violencia puedan acceder a una atención empática y centrada en las sobrevivientes”.

RECOMENDACIONES DE LA OMS PARA FUTURAS ENCUENTAS
Estos informes analizan la disponibilidad de datos, evalúan cuestiones metodológicas e incluyen una serie de recomendaciones de buenas prácticas. Pero, con el fin de mejorar la magnitud y la naturaleza de estas problemáticas, la agencia de salud presenta una serie de medidas a tener en cuenta de estudios futuros, en las que se reflejan las carencias y las limitaciones actuales con las que se han encontrado los investigadores y que impiden hacer un retrato real.

Entre esas lagunas de evidencia, en el caso de las mujeres sénior, la OMS hace una observación y es que teniendo en cuenta que, actualmente, este colectivo está representado en solo alrededor del 10% de los datos sobre violencia contra las mujeres, aconseja ampliar –o eliminar– los límites de edad en las encuestas sobre violencia contra las mujeres para garantizar que capten datos sobre ellas en entornos donde la población está sesgada hacia grupos de edad más jóvenes. Incluso podría ser necesario sobremuestrear a mujeres de 60 años o más. También proponen realizar más pruebas psicométricas de las medidas de violencia ejercidas contra estas féminas, incluyendo la fiabilidad y validez, en contextos diversos.

En el caso del colectivo con discapacidad, se sugiere incorporar preguntas relacionadas con diferentes tipos de violencia, abarcando un amplio espectro de discapacidades. Los datos de las encuestas de población deben complementarse con investigación cualitativa para obtener una información más matizada sobre la interacción entre los diferentes tipos de discapacidad y las diferentes formas de violencia contra las mujeres. Esta información puede ayudar a comprender la bidireccionalidad, las vías causales y la dinámica de la perpetración de la violencia. También sería preciso más investigación sobre intervenciones, incluidos ensayos controlados aleatorios, para evaluar qué funciona y cuál es la mejor manera de responder a sus necesidades. Además, entre otros apuntes, ven necesario analizar si las medidas políticas adoptadas afectan a las mujeres con discapacidad y a su experiencia de la violencia, y cómo lo hacen.

Los dos informes, Medición de la violencia contra las mujeres mayores y Medición de la violencia contra las mujeres con discapacidad, ponen de relieve que las mujeres mayores y las mujeres con discapacidad y sus organizaciones representativas deben participar en todas las fases y aspectos del diseño y la implementación de la encuesta, para garantizar que sean apropiadas y amigables, incluyendo pues formatos como Braille o EasyRead para poder ampliar la accesibilidad.


LOS PRIMEROS INFORMES DE UNA SERIE SOBRE FORMAS DESATENDIDAS DE VIOLENCIA
El informe Violencia contra las mujeres de 60 años o más fue liderado por Claudia García-Moreno y LynnMarie Sardinha, dentro del Programa Especial de Investigación, Desarrollo y Formación en Investigación sobre Reproducción Humana (PNUD-UNFPA-Unicef-OMS-Banco Mundial) del Departamento de Salud Sexual y Reproductiva e Investigación de la OMS –HRP–, y contó con el apoyo de Laura Campo-Tena de la Universidad de Cambridge, como consultora; y de Christopher Mikton y Vania Delafuente-Nuñez, del Departamento de Envejecimiento Saludable de la Unidad de Cambio Demográfico y Envejecimiento Saludable de la OMS, quienes también revisaron y aportaron información.

Medición de la violencia contra las mujeres con discapacidad fue redactado por Sarah R. Meyer, consultora de la OMS en Jerusalén, junto con Claudia García-Moreno y LynnMarie Sardinha; y contó con las aportaciones de Darryl Barrett y Kaloyan Kamenov, de la Unidad de Funciones Sensoriales, Discapacidad y Rehabilitación, Departamento de Enfermedades No Transmisibles de la OMS.

Estos estudios son los primeros de una serie sobre formas desatendidas de violencia y fueron desarrollados como parte del Programa Conjunto de ONU Mujeres y OMS sobre Datos sobre Violencia contra las Mujeres, a través del HRP. Están destinados a investigadores, oficinas nacionales de estadística, servicios de asistencia y bienestar social y otros actores involucrados en la recopilación de datos sobre la violencia contra la mujer. La financiación procede de la Oficina de Desarrollo de Asuntos Exteriores y del Commonwealth del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Además de los informes, la OMS ha desarrollado un módulo de encuesta para apoyar la recopilación de datos, que se utilizará junto con las encuestas existentes. Este año se publicarán una serie de recursos para apoyar la inclusión de medidas de discapacidad en las encuestas.


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