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El actual modelo asistencial necesita una transformación desde su base

La pandemia que atravesamos está reafirmando la necesidad de cambios en los cuidados y en la atención a las personas mayores. Los expertos coinciden en que se trata del momento adecuado y explican las modificaciones que plantea el sector

Cristina Villanueva 10-05-2021

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El modelo asistencial en nuestro país ha ido evolucionando al tiempo que avanzaba la sociedad, quizás de forma más lenta de lo deseada, pero ha experimentado grandes cambios en estos últimos 20 años.

El sistema de cuidados de larga duración, al que pertenecemos, posee muchos rasgos paternalistas en cuyo centro, como eje central, se encuentra la enfermedad y no la persona mayor o dependiente. 

Juan Ignacio Vela, presidente nacional de Lares recuerda que hace varias décadas, las primeras entidades que se encargaron de los cuidados a las personas mayores fueron las del tercer sector, como la Cruz Blanca, a la que él perteneció. “Esto fue evolucionando y los modelos han cambiado mucho. Ese cambio ha ido a la par que las circunstancias sociales que estábamos viviendo. En cada momento se ha ido dando respuesta a lo que la sociedad demandaba, siempre teniendo en cuenta la capacidad de actuación de las Administraciones, que no siempre podía dar cobertura a todo”, señala.

En esta evolución hubo un hecho clave que no se puede pasar por alto, según explica César Antón Beltrán, que fue consejero de Sanidad y de Servicios Sociales de Castilla y León y director general del Imserso,entre los años 1995 y 1999 se producen la gran mayoría de los traspasos a las comunidades autónomas de los medios, funciones y servicios de la Seguridad Social –Imserso–. Este hecho supone un cambio muy importante en las competencias sociales de las Administraciones autonómicas, por el gran volumen de profesionales, centros y servicios que se traspasan y, a su vez, tiene su efecto también en los ayuntamientos y diputaciones. Un dato muy relevante que marcó el desarrollo de la atención social en España fue el hecho de que no existiese una ley general o básica de servicios sociales”, asegura Antón Beltrán.

Como recuerda este experto, en ese momento del traspaso, algunas comunidades  ya tenían sus propias leyes de servicios sociales y empezaron a surgir importantes y positivos cambios en la cartera de servicios y en sus contenidos. Las novedades se producen en teleasistencia domiciliaria, centros de día y, sobre todo, en la nueva configuración del servicio de ayuda a domicilio. En cambio, en la atención residencial no fueron considerables las modificaciones respecto a los centros procedentes del Imserso y los que ya existían en las regiones.

Por otro lado, en 2003 culmina la asunción de las competencias en materia de asistencia sanitaria en todas las comunidades de otra histórica entidad de la Seguridad Social: el Insalud. En este caso, y a diferencia de la atención social, si existe una Ley General de Sanidad que determina un marco normativo más homogéneo inicialmente; lo que supone también un reto para la ordenación de los cuidados de salud en el ámbito comunitario o de Atención Primaria en cada una de las comunidades autónomas.

Son etapas de crecimiento económico y desarrollo de los servicios sociales, surgiendo nuevas empresas de carácter local, regional y, por supuesto, también nacional, para proveer este incremento de demanda. 

Todo ello se produce con normativas autonómicas desde las leyes existentes, mediante su desarrollo normativo y de su cartera de sus servicios. En definitiva, se adaptan los sistemas a las necesidades de sus ciudadanos y a cada uno de los territorios; lo que implica el surgimiento de diferencias, es decir, dispersión normativa en función del límite territorial, cuando realmente las situaciones personales y familiares de atención no son tan distintas independientemente de donde se viva”, afirma Antón Beltrán. 

Este periodo positivo de crecimiento –continúa– sufre un frenazo con la crisis económica que surge en nuestro país y en toda la Unión Europea en los años 2008 y 2009. Sin embargo, a partir de 2013 y 2014 se inicia una recuperación que trae una buena situación entre los años 2016 y 2019, con un crecimiento ciertamente sostenido, hasta que recientemente apareció la crisis que estamos viviendo en la actualidad, en este caso por motivos de salud pública a causa de la pandemia de la Covid-19”.
Indicadores que marcan hacia donde debe ir el modelo

INDICADORES QUE MARCAN HACIA DÓNDE DEBE IR EL MODELO
Antón Beltrán resalta que es importante recoger una serie de indicadores que han marcado, sobre todo en los últimos años, hacia donde debe ir la transformación que requieren la atención y cuidados para el futuro nuevo modelo de cuidados.

En este sentido, el experto habla de dos indicadores. El primero se refiere a cómo ha evolucionado la cobertura de los servicios de atención social respecto a la población a atender. Es importante recordar que, del total de los servicios incluidos en el catálogo de los servicios sociales, el 78% van dirigidos a la atención en el entorno del domicilio (teleasistencia, ayuda a domicilio y centros de día) y el 22% restante para atención residencial. Y, además, hay 428.693 personas que son atendidos por prestación de dependencia de cuidadores familiares. 

“En el periodo 2001 a 2007, el aumento relativo de la población mayor de 65 años va acompañado de un aumento del grado de cobertura. A partir de 2007, y hasta 2018, esa respuesta de atención no sigue la tendencia creciente de la población de referencia, se produce una brecha hasta la actualidad que aún no se ha reducido. 

Y ¿por qué esta brecha? Considero que la conclusión no es exclusivamente del ámbito económico, también influyó que muchas familias optaron por contratar profesionales a través de empresas que ofrecen estos servicios y que no siempre están incluidas en la cartera de los servicios sociales, asumiendo el coste correspondiente. Por otro lado, también hay que tener en cuenta el crecimiento que han tenido los cuidadores familiares no profesionales”, detalla el experto.

El segundo indicador de esta trasformación del modelo asistencial es la incidencia en la generación y sostenimiento de empleo por la prestación de estos cuidados. Cuando se da prioridad a la atención a las personas dependientes a través de servicios profesionales, se produce una relación directa en el aumento del empleo a través de la afiliación a la Seguridad Social. 

De hecho, en el periodo de 2001 a 2007 hubo un incremento muy destacado en las altas de estos profesionales. Sin embargo, cuando pasa a prevalecer la prestación de cuidados en el entorno familiar, se produce un punto de inflexión y ya no es tan directa la relación con respecto al aumento del empleo. 

“Esta profesionalización y la colaboración público privada consiguió dos cosas: alcanzar un buen nivel de cobertura de atención a las personas dependientes y a sus familias; y fue muy importante en la generación y sostenimiento de empleo y actividad económica que, por su parte, contribuyen a la financiación pública de los servicios sociales”, asegura el exdirector del Imserso.

En este debate sobre el desarrollo del modelo asistencial, el presidente de Lares, Juan Ignacio Vela, tiene una visión diferente, más humanista. En los últimos años ha habido una delegación del cuidado de las personas por parte de la sociedad. Lo que antes nos parecía que era elemental, cuidar a los más débiles, de repente se fue eliminando y se ha ido abandonado esta responsabilidad. Ahora vivimos en una sociedad que se está imponiendo el individualismo, nos despreocupamos de los otros, y esto ha llevado a que el sistema de atención a al dependencia no tuviese toda la fuerza que necesitaba para desarrollarse más plenamente. A raíz de la pandemia hemos recordado la importancia del cuidado como elemento de transmisión de la cultura primaria, y también del abandono y de la discriminación por edad que están sufriendo algunas personas mayores. Esto ha provocado que se cambie la mirada de la sociedad hacia el tema del cuidado y de esta forma podremos avanzar hacia un modelo más completo y mejor”.


¿ES EL MOMENTO ADECUADO PARA ASUMIR LOS CAMBIOS?
La pandemia está reafirmando la necesidad de cambiar el modelo de cuidados en España. Sin embargo, surge una duda respecto a si es el momento adecuado, ya que estamos inmersos en una crisis sanitaria y económica. En este sentido, los expertos consultados por entremayores coinciden que es el momento de crear nuevas oportunidades hacia ese futuro asistencial.

Alfredo Bohórquez, médico geriatra y presidente de Albor Consultor, asegura que el momento es perfecto para transformar y hacer cambios. “Tenemos un reto muy importante que es el económico y también hay una necesidad de mejora de diseño de los servicios y de construcción de un espacio sociosanitario, un elemento de cohesión para ofrecer una atención integrada. Hay que definir un modelo estatal e implantarlo a nivel nacional. Recordemos que el colectivo del baby boom entra en la franja de mayores de 65 años en 2023, con lo cual, en 2030 el sistema tienen que estar totalmente transformado. Hay pocos años para hacerlo, por lo tanto, urge comenzar con el rediseño del sistema, de los recursos y también del modelo residencial y la atención a domicilio”.

Por su parte, Stephan Biel, asesor y formador de innovación en gerontología social y cambio demográfico, señala que durante la pandemia nos estamos dando cuenta de dónde estamos nosotros y donde están otros países como Canadá u Holanda, que son referencia en el modelo de cuidados, y que también tuvieron un alto impacto por la Covid-19, pero para ellos fue más sencillo amortiguar sus consecuencias. “Gracias a la formación especializada de todos los trabajadores les costó menos adaptarse a la nueva situación, por otro lado, la arquitectura diseñada en unidades de convivencia facilitó el aislamiento de los casos positivos y, por supuesto, la ratio de personal al ser más alta, también influyó positivamente para reducir ese impacto del virus en los centros residenciales. Por eso, este es el mejor momento de cambiar el futuro en la atención asistencial”. 

Antón Beltrán también coincide en que estamos viviendo el momento idóneo. “El reto de abordar un nuevo modelo de cuidados en España estaba ahí, lo que ha hecho la pandemia es acelerarlo. Cuando hay retos surgen oportunidades y más allá de calificar si es bueno o no el momento, lo que es evidente es que ‘ya toca’. Y no cabe otra, porque además no nos podemos olvidar de que estamos ante un cambio generacional y, si no se aborda el futuro, el declive de muchos aspectos de bienestar social y calidad de vida que ya se venían observando, aumentarán”.

Además de que estamos en el momento idóneo para el cambio, algo en lo que coinciden todos los expertos es que en la construcción de ese nuevo modelo deben estar implicados el sector público, el privado y el no lucrativo


EL SECTOR NO LUCRATIVO
Juan Ignacio Vela, presidente nacional Lares, asegura que el papel del tercer sector es básico y fundamental. “Debe ser la entidad más cercana a las políticas de colaboración con las Administraciones, esa es la verdadera función del tercer sector, colaborar y cooperar con el sistema público de servicios sociales. Por tanto, el sector no lucrativo cobra un papel muy importante para trabajar en temas como educación, cultura y, por supuesto, la atención a personas mayores y también a la hora de diseñar y construir una arquitectura social que es muy necesaria”. 

Para Ana Urrutia, presidenta de la Fundación Cuidados Dignos, el tercer sector es importante, pero debe trabajar conjuntamente con el privado. “Las tareas del cuidado, desde un punto de vista filosófico, tienen que ser generosas, pero eso no significa que no tengan unos costes que hay que cubrir y que sea necesario rentabilizar, tanto en las entidades no lucrativas, como en las mercantiles. Ambos sectores aportan y los dos tienen que estar presentes en este cambio”, afirma.

Urrutia señala además que hay muchas otras modificaciones necesarias: “Está muy claro que el modelo de cuidados tiene que cambiar desde la base, hacia un modelo sin paternalismo y centrado en la persona. Esto requiere cambios a nivel cultural, filosófico, arquitectónico, de formación, etcétera. Habría que elaborar un plan estratégico a largo plazo con el objetivo de alcanzar ese gran cambio”. 

La presidenta de Cuidados Dignos resalta que el sector de atención a personas mayores es el que más ha sufrido durante la pandemia, porque no ha tenido los recursos que necesitaba y porque se ha entendido mal, ya que no es un sector sanitario y no tiene capacidad para ofrecer una atención a ese nivel, y eso se ha notado en las situaciones críticas en las que se ha visto inmerso. “Ha sufrido mucho en esta crisis. Algunas entidades incluso han sido maltratadas durante este proceso. Por eso creo que debemos dejar de lamentarnos y reivindicar el papel tan importante que tenemos a nivel social. Esto se hace demostrando que somos necesarios, aunque haya que hacer una profunda remodelación del modelo de cuidados”.

COMUNICACIÓN ENTRE SECTOR SOCIAL Y SANITARIO
Para evitar las deficiencias sanitarias que se pusieron de manifiesto durante la pandemia en los centros residenciales, es básico que haya coordinación entre el sistema social y el sanitario, habilitar definitivamente ese espacio, el sociosanitario, señalan los expertos. 

Juan Ignacio Vela habla de los obstáculos que hay en este aspecto. “Las dificultades más importantes que encontramos es que son dos modelos de atención muy diferentes. Esto genera una desigualdad a la hora de acceder a ellos. Cuando queremos unir ambos sistemas es imposible encajarlos. En el sistema sanitario el presupuesto es enorme y en los servicios sociales son muy limitados, es la ‘Cenicienta de los presupuestos’. Esta es la base de la ausencia de un coordinación sociosanitaria real, que no están al mismo nivel, ni tienen los mismos elementos para trabajar. Por eso, para conseguirlo, tenemos que implementar una comunicación entre los dos sistemas”, argumenta.

Vela explica que el modelo ‘Humaniza’ –que es el que propone Lares– pone a la persona en el centro y, a partir de ahí, todo lo demás surge. “En la coordinación sociosanitaria es lo mismo, debe poner a la persona en el centro”, explica. Por lo tanto, para que haya un mismo lenguaje entre lo social y lo sanitario, deben equilibrarse los dos sistemas lo máximo posible, y pensar siempre en las personas, no en las patologías.

“Mientras tanto –añade el presidente de Lares–, para lograr esa buena coordinación, hay una serie de pasos que se pueden dar: compartir las historias sociales y sanitarias, tener equipos de valoración conjunta, generar recursos en los que haya colaboración. Atención Primaria se tiene que hacer más social y el Sistema de Atención a la Dependencia, más sanitario”.

En este sentido, la presidenta de la Fundación Cuidados Dignos coincide en que las entidades sociales necesitan de los recursos sanitarios. Sin embargo, Urrutia apunta que no cree que sea necesario un espacio intermedio: “Entiendo que existan entidades sociosanitarias, pero no creo que haga falta un espacio concreto que haga de puente. Los servicios que se ofrecen en lo social pueden trabajar con unos procesos de comunicación con lo sanitario. Yo soy una profesional sanitaria en lo social. Por ejemplo, en estos momentos, en la comarca donde trabajo siempre he tenido muy buen acceso a los servicios sanitarios, a las interconsultas, recetas, etcétera y esto me ha facilitado el trabajo”. 

Según detalla Urrutia, el programa sanitario que utiliza Atención Primaria, lo usan también en la residencia, y esto hace más sencillo todo porque se puede trabajar con un médico del hospital o del centro de salud. “Por lo tanto, las estructuras existen, solo hace falta voluntad de acceder desde la parte social a la sanitaria”, afirma.





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