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OPINIÓN

Envejecimiento activo: hacerse mayor en positivo

Por Belén Galán, directora de Marketing y Comunicación thyssenkrupp Home Solutions

03-01-2019

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Si hay una certeza clara es que nuestro país envejece. Cada vez vivimos más años y nacen menos niños, ¡el cálculo es sencillo! Por suerte, nuestra esperanza de vida es cada vez mayor y, precisamente por eso, tenemos que empezar a adaptarnos a este hecho. 

Hacernos mayor no es algo negativo. Todos desde que nacemos nos vamos haciendo mayores y esto es algo positivo porque significa que estamos pudiendo vivir todo ese tiempo. Nuestra experiencia vital nos ayuda a discernir qué es lo que queremos y no queremos en nuestra madurez. Nos pasamos buena parte de nuestra vida trabajando y cuando llega nuestra jubilación, nos merecemos seguir disfrutando de todo lo que hemos logrado y que nos hace felices: nuestra familia, nuestros amigos, nuestro hogar…

Con la evolución de la sociedad y de los avances médicos, se ha producido una transformación de la percepción de la edad. Al igual que los 40 son los nuevos 30 (incluso se ha acuñado el término cuarentañero), los 60 son los nuevos 50 y los 70 los nuevos 60. De ahí que, a pesar de cumplir años, en nuestra madurez cada vez tenemos una vida más activa: el ejercicio forma parte de nuestra rutina diaria (andar, correr, yoga, Pilates, zumba, etcétera); viajar ya no es una excepción sino algo bastante habitual pues tenemos más tiempo libre, vivir nuevas experiencias nos ayuda a mantenernos activos. Estos hechos son fruto de lo que casi se puede considerar como una filosofía de vida: el envejecimiento activo.

A mí me gusta resumirlo en una frase: “Nos hacemos mayores, ¿y qué?” Exacto. La edad es ante todo una actitud ante la vida. El envejecimiento del siglo XXI no tiene nada que ver con el de hace 40 años. El cambio generacional que se ha ido produciendo en todo este tiempo, tiene ya su manifestación en la actualidad. Todos los baby boomer que ya han vivido su edad adulta con comodidades, que ya han viajado, que han tenido la oportunidad de comprarse la casa que han querido, que han tenido acceso a la tecnología en mayor o menor medida, al llegar a los 60-65 años esperan seguir disfrutando de lo mismo, como es lógico. Hablamos de sumar años, no de cruzar una barrera física o real que nos imposibilite seguir siendo nosotros. En nuestra madurez esperamos seguir disfrutando. 

No obstante, de la mano de todo esto viene la necesidad de cuidarse. Sí, cuidarse. Nuestro cuerpo no deja de ser una máquina y, por tanto, tiene una duración determinada con capacidades óptimas antes de que empiece a fallar. ¿Qué pretendo decir con esto? Muy sencillo: aunque mental y físicamente podamos sentirnos mucho más jóvenes de lo que indica nuestra fecha de nacimiento, con el paso de los años nuestra capacidad de recuperación suele verse mermada. Pongamos un ejemplo: el tiempo de recuperación tras una caída que haya tenido como consecuencia la rotura de un hueso tiende a duplicarse de un adulto joven a un adulto maduro. Por todo esto, ese refrán que dice “Más vale prevenir que curar”, cobra una mayor importancia. Tomar una dieta equilibrada, evitar caídas, accidentes domésticos y desgastes en actividades rutinarias nos ayudará a prolongar nuestra agilidad y a darnos la oportunidad de seguir disfrutando de un envejecimiento activo.

Como comentaba antes, nuestra sociedad está evolucionando y estamos, en general, pasando de buscar soluciones cuando ya tenemos un problema, a buscar medidas preventivas. De ahí, que seamos cada vez más las empresas, organismos e instituciones que trabajamos para ofrecer este tipo de soluciones. Pero, ¿cómo podemos prevenir? El principal entorno en el que se registran el mayor número de accidentes es el entorno doméstico, especialmente en viviendas unifamiliares que cuentan con escaleras de acceso o interiores. En este ámbito podemos trabajar en varias líneas: contando con suficiente iluminación, evitando colocar obstáculos o elementos móviles por las zonas de paso, sustituyendo la bañera por un plato de ducha o colocando un agarradero en la bañera y utilizando una silla salvaescaleras para subir y bajar con seguridad.

Lo siguen los espacios públicos (lo que se conoce como la calle) donde la caída de las hojas, el hielo, la nieve y los desniveles del pavimento/aceras pueden provocar aparatosas caídas de diversas consecuencias. Para esto es importante contar con un calzado cuya suela no resbale fácilmente, así como tomar la precaución de evitar zonas de sombra en los días de muy bajas temperaturas, dar aviso de las aceras en mal estado o de las zonas donde es necesario retirar las hojas. 

Como ya decía el poeta romano Virgilio hace más de dos mil años, tempus fugit, el tiempo vuela, pero precisamente por eso, tenemos que vivirlo disfrutándolo, de manera positiva, buscando nuestra mayor calidad de vida tanto emocional, como física. Hacerse mayor no es una enfermedad. Todo lo contrario: como diría un arqueólogo, cuantos más años tienes, más vales. Pues sí, así es. Por eso, disfruta tu vida cada día. 



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