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Javier del Monte / Arquitecto y socio fundador de Jubilares

'El cohousing es una opción adecuada a las diferentes formas de envejecer, incluso en situaciones de dependencia'

Del Monte presenta su libro ‘Cohousing: Modelo residencial colaborativo y capacitante para un envejecimiento feliz’. Una obra que aborda las propuestas que buscan reformular el modelo residencial tradicional

H. Maseda 17-07-2017

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Pregunta.- ¿Por qué este libro sobre cohousing ahora? ¿Qué nos vamos a encontrar en él?
Respuesta.- Hemos recogido evidencias de que el cohousing (vivienda colaborativa) no es solo una alternativa residencial sostenible, sino  que es una opción muy adecuada a las diferentes formas de envejecer, incluso en situaciones de dependencia. 
El libro contiene más de 100 referencias bibliográficas que sirven para comparar las características del cohousing con diversos factores definitorios del bienestar o calidad de vida.

P.- Según Charles Durret, que además de arquitecto y de ser uno de los mayores expertos en el tema, acuñó el término ‘Senior Cohousing’, este sistema es también de “co-cuidado”, en el que sus comunidades son lugares para el soporte mutuo. ¿Cómo se organizan y se autogestiona un sistema como este?
R.- Diversas investigaciones precedentes coinciden en afirmar que en el cohousing siempre están presentes estas condiciones: es un modelo autogestionado, equitativo (es decir, sin jerarquías), codiseñado mediante una metodología participativa, con intención de favorecer la vida comunitaria (con significativas actividades y zonas comunes), pero donde la economía y la vivienda son privadas.
La autogestión de cada centro depende mucho de cada comunidad y eso es algo muy interesante porque de este modo se observa su gran capacidad para dar respuestas diversas a las necesidades de las personas. 
En todo caso, sí es habitual que los grupos trabajen desde la filosofía del consenso, que organicen comisiones para diferentes funciones dentro de la comunidad y que se establezcan normas para una buena convivencia. 
Pero lo más potente del modelo con respecto a los co-cuidados, desde mi punto de vista, está en el ambiente que favorece el mutualismo comunitario (ayudo sin esperar nada a cambio, porque sí, porque te aprecio). En ese entorno, encuentro una red de apoyo mutuo que es clave para el bienestar social, que reduce la morbilidad, que da seguridad, acompañamiento, que facilita la actividad y la participación para el desarrollo de mi proyecto vital y que ofrece salud y calidad de vida en cada momento. 
Hasta ahí, y no es poco, llega el tradicional “cohousing”. Nuestra asociación Jubilares propone, además, que la metodología participativa incluya un taller en el que la comunidad desarrolle un proyecto de intervención social para la atención bajo el modelo AICP (Atención Integral y Centrada en la Persona). 
Se trata de anticipar estrategias para organizar los cuidados de forma integral y con la atención profesional imprescindible, bajo el control absoluto de la persona, con el apoyo de sus allegados (familia, vecinas y vecinos, etcétera). Será la forma de que el cohousing sirva para vivir, si se desea, hasta el final.

P.- El arquitecto Rogelio Ruiz nos explicó, este mismo año, que en la actualidad al cohousing se le presentan tres obstáculos importantes: encontrar personas afines para convivir, conseguir un lugar adecuado para afincarse y   acceder a un préstamo o crédito. ¿Cómo se pueden atenuar estos inconvenientes?
R.- La afinidad es un asunto espinoso. En realidad, solo necesitamos encontrarnos con esas personas que desean compartir, ser buenas vecinas, etcétera. El cohousing implica diversidad, no hay ideología común, no es una comuna. En el cohousing lo que hay es vida compartida y vida privada (tanta como cada uno quiera en cada momento). La amistad puede venir después. Nuestra experiencia con los grupos nos dice que es mejor no obsesionarse demasiado con encontrar “afines”.
¿Y cómo encontrar compañeros de viaje? En nuestra base de datos, por ejemplo, contamos con más de 600 personas de toda España que simplemente desean establecer alguna comunidad en sus lugares de origen. También nos hemos encontrado con grupos de Facebook, de Whatsapp, entre otras redes sociales. Los interesados pueden dirigirse a Jubilares y, quizás, podemos ayudar a ponerles en contacto. 
El lugar donde ubicarse sí es un problema serio incluso en tiempos de crisis, cuando los precios del suelo deberían ser más asequibles. Los grupos requieren parcelas donde se puedan construir aproximadamente entre 1.500 y 3.000 metros cuadrados (entre 15 y 30 viviendas). Además, preferirían jardín. Igualmente, hay que tener en cuenta que una buena parte de las personas interesadas desean permanecer en la ciudad. Se necesita paciencia y poco a poco se van encontrando, pero es cierto que, a menudo, muchos pierden la ilusión en esa búsqueda.
Sobre la financiación, existen entidades financieras (hasta ahora, solo la banca ética, como Fiare o Triodos) que están dispuestas a ofrecer un crédito con plazos altos a una cooperativa de personas mayores. Se trata de comprender, como hacen estas organizaciones, que la mayor garantía para recuperar el préstamo no está tanto en la solvencia individual, sino en la viabilidad de la cooperativa, la capacidad del grupo y del entorno para ilusionar a nuevos participantes. Está en las normas de solidaridad interna y, en definitiva, en una buena lista de espera. Entonces, no importa qué edad tengan los residentes, porque el crédito se irá pagando aunque sea a lo largo de varias generaciones.

P.- ¿Están las administraciones públicas, tanto a nivel regional como estatal, apoyando lo suficiente este modelo?
R.- Hay que comprender que el cohousing es aún muy reciente en nuestro país y que, además, se confunde a menudo con otros tipos residenciales conocidos (apartamentos con servicios, senior resorts, etcétera). 
Observamos cómo las administraciones locales están siendo muy receptivas y las personas que trabajan en las áreas de servicios sociales aplauden iniciativas que facilitan la coproducción entre comunidad y administración. A nivel regional o estatal también necesitamos políticas que apoyen la autogestión. En cualquier caso, la primera ayuda pasa por confiar y dejar hacer. Muchas administraciones están incluyendo el cohousing en sus agendas. Poco a poco se irán concretando más apoyos al modelo.

P.- Uno de los beneficios que se destacan en este tipo de convivencia es su equilibrio entre libertad y dignidad, y seguridad y salud. ¿Cree que el modelo residencial tradicional no ofrece este equilibrio?
R.- Uno de los modelos ambientales que comento en el libro es aquel de Lawton (modelo ecológico de la competencia), que viene a decir que necesitamos entornos donde, tanto los apoyos como los desafíos que nos proporciona, sean acordes a nuestro nivel de competencia. Es decir, un lugar donde hacen más por mí de lo que deberían, me provocan atrofia y más dependencia; un sitio donde todo se hace muy difícil y se plantean retos insalvables. Esto me crean frustración y también dependencia. En muchos casos, las residencias tradicionales han creado entornos del primer tipo; otras veces, nuestra propia vivienda ofrece un ambiente difícil como el segundo. 
Lo extraordinario del cohousing es que ofrece un entorno muy versátil, que puede adaptarse a mis necesidades, según estas van variando. Porque la participación es muy importante desde el principio, porque el proceso de diseño participativo anticipó situaciones problemáticas y múltiples soluciones (inteligencia colectiva), porque las actividades que se desarrollan son verdaderamente significativas para mí (no impuestas por un sistema externo), y porque los principios de autonomía personal, de integralidad, de dignidad, etcétera, han estado presentes en todo momento. 
El modelo tradicional de residencia de mayores difícilmente puede ofrecer tanta flexibilidad. Por eso, entre otras razones, las residencias están virando hacia un modelo de “unidades de convivencia”, con muchos de los factores que aquí se describen.

P.- En los últimos años, se viene hablando cada vez más del cohousing como una alternativa a tener en cuenta para las personas mayores, pero ¿cuantos proyectos se están llevando a cabo en estos momentos en España? En relación a otros países europeos, ¿diría que el nuestro está más o menos informado en cuestiones sobre cohousing?
R.- Recientemente, se acaba de presentar el informe preliminar de un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya, Proyecto Movicoma, dirigido por Daniel López, que está investigando todas las iniciativas de este tipo, existentes y en proceso. Cuentan unas 34 en nuestro país. Hay muchas más, que no se publicitan, que van poco a poco trabajando sus propios procesos participativos. Desde Jubilares estamos acompañando a una decena de grupos, alguno de ellos más avanzados, como el de Torrelodones o el Jubilar Tiétar.

P.- Otra ventaja que se suele señalar es la sostenibilidad. En este sentido, se habla de que un Estado puede ahorrar hasta un 70% de su gasto con este sistema. ¿Cómo se consigue tanto ahorro?
R.- Aquello del 70% es una cifra que nos espetó Charles Durrett cuando vino a Madrid hace dos años y con ello se refería a la capacidad de ahorro en las facturas energéticas (suele ser habitual que las comunidades apuesten por arquitectura bioclimática), pero también en la atención a la dependencia, servicios culturales o de educación informal, y cualquier otro tipo de servicios donde los vecinos colaboran: bricolaje, transporte, asistencia doméstica, cuidado infantil, etcétera. 
Pero es que las comunidades de cohousing no solo ahorran “para ellas”, sino que ofrecen a la comunidad más cercana (su barrio, su municipio...) mucho de lo que comparten entre sus miembros: actividades culturales, reducción de huella ecológica, infraestructuras para uso público, etcétera. Desconocemos cómo Durrett calculó ese 70%, pero no parece descabellado.


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