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Luis Vadillo / Director del Instituto BBVA de Pensiones

'Un país donde no se pagan salarios altos, no puede asumir pensiones en la línea de estos'

Vadillo concede una entrevista a este periódico e insiste en la importancia de 'promover la educación financiera y facilitar información sencilla y comprensible a los trabajadores sobre la futura jubilación'

M.S.Massó / EM 06-11-2019

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Pregunta.- Estamos viviendo un momento de incertidumbre respecto de las pensiones. ¿Qué diagnóstico realiza del estado actual del Sistema Público de Pensiones? 
Respuesta.- En los últimos 150 años se ha producido una extensión de la esperanza de vida casi lineal, de dos años y medio por década, lo que equivale a cinco horas cada día. Con la consolidación de los avances de la revolución industrial, en la segunda mitad del siglo XIX, cambiaron los estilos de vida y mejoró la sanidad y la inmunización, y todo ello aumentó la esperanza de vida media al nacer en nuestro país. La longevidad extrema puede hacer que vivamos más de 120 años en unas cuantas décadas. Este es un regalo que tiene la humanidad en la actualidad que, al mismo tiempo, requiere crear riqueza para poder financiarlo. Este punto me permite hilar con las variables económicas que hacen posible la continuidad del sistema de reparto. Para que un país pague pensiones es preciso que cree empleo y que este sea de la mayor calidad posible. España necesitará diez millones de cotizantes más para pagar pensiones en 2050, es decir, unos 28,5 millones de personas trabajando, para poder pagar los 15 millones de pensiones previstas a la fecha por BBVA Research, el Servicio de Estudios de BBVA. De lo contrario, tendrá que recurrir a los presupuestos generales del Estado y, por tanto, detraer recursos de otras partidas como la inversión pública que favorecen el crecimiento económico.
Otra cuestión de la que no se habla demasiado tiene que ver con la productividad de la economía. Un país donde no se  pagan salarios altos, no puede asumir pensiones en la línea de estos. Este es un problema al que se está enfrentando la Seguridad Social en España en los últimos años, ya que está pagando pensiones medias a los jubilados mucho mayores que las bases de cotización registradas en el periodo post-crisis (2014 en adelante), donde predominan los salarios bajos y la temporalidad en la contratación. Esto es insostenible en el medio plazo. Por tanto, para que un país abone buenas pensiones no basta con que abra el grifo de la inmigración de forma indiscriminada, como hemos oído en los últimos meses. Una entrada de flujos migratorios no cualificados soluciona el problema en el corto plazo, pero puede generar mayores problemas a futuro si llega una nueva crisis y sube el desempleo. Por tanto, España tiene que aspirar a crear empresas que paguen salarios elevados, y esto se consigue previamente con medidas que hagan crecer la productividad del país. La inversión en educación es una de las políticas que, a largo plazo, permiten un tejido empresarial dedicado a actividades de mayor valor añadido pagadoras de mayores salarios.

P.- Con el envejecimiento de la población también habrá que pagar más pensiones. ¿Diría que, hoy por hoy, el sistema es sostenible? ¿O urge realizar reformas? 
R.- Sin cambios en el sistema, este incremento de pensionistas solo podría ser compensado por dos vías. La primera, un incremento de los afiliados que aumenten las cotizaciones desde los 18,4 millones actuales a algo más de 28 millones. La segunda es que, en el caso de no cumplirse este incremento, se debería producir un aumento de coste. Todo el empleo que falte hasta llegar a esa cifra plantea el dilema de cómo repartir los costes del ajuste. 
La sociedad tiene que elegir en qué punto intermedio situarse, conociendo los costes y aceptando que no hay atajos ni soluciones gratis que eviten una carga adicional para las generaciones y Gobiernos futuros. 
Ante esta situación se plantean cuatro alternativas complementarias: aumentar la presión fiscal para evitar la caída de la tasa de prestación: más impuestos o menos gasto público en otras partidas presupuestarias. De las dos opciones, claramente abogo por una alternativa intermedia: mejorar la eficiencia del sector público; aumentar impuestos antes de que lo haga la eficiencia tiene costes dinámicos (menor crecimiento y empleo, mayor fraude, etcétera). De hecho, un aumento de su eficiencia permitiría gestionar mejor, y con ello aumentaría la predisposición de la sociedad a asumir la presión fiscal; hacer reformas estructurales que disminuyan la tasa de desempleo, aumenten la tasa de actividad y de empleo, la productividad y los salarios (más capital productivo, humano y tecnológico); y fomentar más ahorro complementario, como blindar la pensión mínima y compensar la reducción de la pensión media sobre el salario medio con más ahorro privado.
Estas alternativas serán más transparentes y tendrán efectos más positivos sobre el crecimiento y el empleo cuanto antes se implante gradualmente un sistema de cuentas nocionales/individuales, permitiendo anticiparse al futuro con decisiones informadas y blindando la pensión mínima.

P.- ¿Cree que está justificada la preocupación que se está viviendo actualmente en torno a las pensiones? 
R.- Considero que está justificada porque falta información y educación financiera entre la población. Es necesario promover la educación financiera y facilitar información sencilla y comprensible a los trabajadores sobre la futura jubilación. En particular, el famoso ‘sobre naranja’ que se puso en marcha en Suecia y a través del cual se informa anualmente a los trabajadores sobre su futura pensión ha sido adoptado ya en diez países europeos. En España, a pesar de estar prevista su puesta en marcha a través de la Ley 27/2011, sobre actualización, adecuación y modernización del Sistema de Seguridad Social, todavía no es una realidad, a pesar de que en 2014 el Gobierno estuvo trabajando en un Real Decreto para su introducción, que finalmente no vio la luz. 
Para contribuir a fomentar el conocimiento de la sociedad española sobre su futura jubilación, en BBVA hemos puesto en marcha una iniciativa de educación financiera sin ánimo de lucro, totalmente gratuita y que no vende ningún tipo de producto, llamada BBVA Mi Jubilación, que recibe de 280.000 visitas al mes en su web ‘www.jubilaciondefuturo.es’ donde se publica diariamente contenido sencillo y entendible para toda la población, con artículos, infografías y vídeos, y gracias a la cual casi seis millones de personas han realizado ya simulaciones su pensión esperada.

P.- Aboga, entonces, por incrementar la información que se da a los ciudadanos sobre pensiones. La falta de información está engordando la alarma social?
R.- Sin duda. Tener información es imprescindible. Si no se tiene información, es imposible tomar decisiones para la jubilación. Las personas que no saben a qué se enfrentan no pueden decidir qué hacer al respecto.
Por ejemplo, los trabajadores que se jubilan no son conscientes de que con la cotización de un año se pagan tres meses y medio de pensión. Eso quiere decir que, si vivimos 20 años como jubilados, para poder financiar esos 20 años de jubilación tendríamos que cotizar casi 70 años. Y eso la gente no lo percibe. No es consciente. Por tanto es imprescindible aumentar la información también en este ámbito, con el fin de que seamos conscientes del esfuerzo que hace el sistema en pagar las pensiones presentes, pero también de mejorar la información de cara a los futuros jubilados y facilitar su planificación. La gente necesita saber cuánto cotiza y qué pensión recibe a cambio.

P.- En esta línea, BBVA puso en marcha la web ‘BBVA Mi Jubilación’. ¿Cuál es el primer consejo que se puede dar para afrontar la jubilación?
R.- La estrategia ideal es planificar nuestra jubilación con tiempo suficiente, y empezar a ahorrar cuanto antes. Hay que tener en cuenta que, cuanto antes iniciemos nuestro ahorro, menor será el esfuerzo que tengamos que hacer para alcanzar el nivel de vida deseado a la jubilación y/o mayor el capital acumulado. 
Debido al efecto de la capitalización, si empezamos a ahorrar a los 25 años en un producto que ofrece una rentabilidad real del 2%, duplicaremos el importe ahorrado 36 años después, es decir, a los 61 años. Lo mismo ocurrirá con la cantidad que ahorremos a los 26 –se duplicará a los 62– y así sucesivamente. 
Es fácil imaginar que, si en lugar de empezar a los 25 años, empiezo a ahorrar la misma cantidad a los 50, en lugar de ver multiplicada por dos la cantidad ahorrada cuando cumpla los 61 años, esta habrá aumentado poco más del 20%. Así, cuanto más tarde empecemos a ahorrar, para una misma cantidad ahorrada obtendremos un menor importe a la jubilación o, alternativamente, para llegar a tener el mismo importe acumulado en ese momento, tendremos que hacer un esfuerzo de ahorro muy superior.
Esta cuestión la tienen muy clara otros países de nuestro entorno que cuentan con sistemas de pensiones complementarias desarrollados, donde el ahorro para la jubilación se inicia en el mismo momento en el que el trabajador inicia su carrera laboral. Así, ya sea de manera obligatoria, como por ejemplo ocurre en Suecia, o de forma voluntaria, como sucede en Reino Unido –donde, salvo indicación al contrario, al trabajador se le descuenta desde la primera nómina una cantidad para su jubilación– el ahorro para el retiro comienza con la entrada en el mundo laboral.

P.- Aunque el sistema de pensiones en España está vinculado a la pensión pública, los planes privados han ganado mucho terreno. ¿Es posible hablar de algún producto ideal o más apropiado para las personas mayores? ¿Qué deben valorar los senior antes de tomar la decisión de contratar un plan u otro?
R.- En primer lugar, el ahorro para la jubilación puede tomar muchas formas, no solamente un plan de pensiones. La primera y más importante decisión es la de ahorrar para la jubilación, y hacerlo de manera continuada, que es como a la larga se recogen los frutos. 
A partir de ahí, el vehículo elegido dependerá de las preferencias de cada persona. Hay gente que ahorra en depósitos, en fondos de inversión, en bolsa, seguros o incluso en vivienda. Por supuesto que los planes de pensiones son una opción válida y el legislador los ha dotado de características y una serie de ventajas fiscales, estando diseñados específicamente para el ahorro-jubilación. Pero la decisión más importante es la de empezar a ahorrar.

P.- Recientemente, hizo alusión a los sistemas de pensiones empresariales de admisión automática que se han implantado de países de la UE. ¿Sería un modelo deseable para España? ¿Cuáles son las fortalezas de este sistema?
R.- Desde luego, sería un modelo deseable para España. Es una iniciativa muy interesante instaurar sistemas de pensiones empresariales de adhesión automática, ya sean de carácter obligatorio o voluntario, al igual que han realizado ya –de forma exitosa y bajo diferentes formatos– un número creciente de países de la OCDE. Un sistema particularmente exitoso ha sido el implementado en Reino Unido, donde en 2012 se puso en marcha una reforma gracias a la cual todas las empresas incluyen en el sistema de previsión complementario a todos sus trabajadores al ser de adscripción automática y con sencillos trámites administrativos, y en el que tanto la empresa como el trabajador realizan aportaciones. Este sistema ha permitido que diez millones de trabajadores del Reino Unido tengan ya un sistema de previsión complementario, que antes no tenían.



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