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Las personas mayores... los refugiados olvidados

Emma Vicente EM 12-02-2016

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Una imagen. Un niño, Aylan, yace boca abajo en la orilla de la playa turca de Ali Hoca Burnu... removió las conciencias del mundo, ahogadas, a su vez, por la sensación de horror. Previamente, bocas cosidas de refugiados en huelga de hambre por el cierre de fronteras... La carga dramática de estas instantáneas –y muchas otras– ha sido el detonante para visualizar la dimensión de una cruda realidad que lleva cinco años de incesante lucha y que está llamando a nuestras puertas. Imágenes sin palabras que lo dicen todo... La suerte o desgracia del destino de haber nacido en uno u otro país parece más fruto de un malévolo juego de rol en el que somos parte activa sin quererlo. Las guerras intestinas de países asolados han vomitado su desdicha por todo el mundo. Y mientras el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó en 2013 y 2014 sendas resoluciones que permitieron mejorar el acceso humanitario, países miembros de este órgano rearmaban a las distintas partes...
Mujeres, niños y hombres, que se han quedado sin futuro, se han echado a andar en la búsqueda de un porvenir. Hablamos de la crisis siria, una guerra civil que ha generado el mayor movimiento de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, un éxodo que ha provocado una ola migratoria que ha anegado a los países limítrofes... Pero, ¿y las personas mayores? Las emociones que los pequeños despiertan son evidentes y, sin embargo, las personas mayores, que también generan este tipo de sensaciones, apenas son objeto de debate. ¿Por qué esta ausencia mediática? La realidad para HelpAge International en cuanto a este colectivo, es aún más dura. Hay muy pocas personas de edad avanzada entre los refugiados venidos a Europa. Aunque no existen datos oficiales, desde HelpAge Alemania, se habla de que menos del 1% de los refugiados que han llegado a ese país tienen más de 65 años. Son muy pocos los que se encuentran en condiciones de embarcarse en un viaje tan peligroso. Muchos se quedan atrás cuando sus familias huyen porque no pueden llevarlos consigo. Otros regresan porque han dejado algún familiar o por las dificultades en la frontera y ante la incertidumbre de que un país los repatríe, están decidiendo volver al infierno... Pero, más allá de los porcentajes, existe una cierta invisibilidad del colectivo, circunstancia que preocupa imperiosamente a HelpAge International y Handicap International. En su más reciente investigación conjunta publicada –“Víctimas ocultas de la crisis Siria: refugiados discapacitados, heridos y mayores”–, proporcionan nuevos datos que “muestran lo mucho que  luchan los mayores refugiados sirios, que sufren alguna discapacidad o que están heridos, para poder cubrir sus necesidades específicas”. Se trata de un proyecto de investigación realizado en Jordania y Líbano, en 2013, entre 3.202 refugiados, bien mayores de 60 años, bien personas con discapacidad, o bien con lesiones o enfermedades crónicas. Aclaran que “debido a las restricciones de acceso y la falta de seguridad no fue posible recoger datos en la propia Siria, sin embargo, se reconoce que las necesidades de los refugiados identificados se reflejarán en ese país. Por sus datos, esta crisis ha generado el mayor movimiento de refugiados desde el genocidio de Ruanda”.
Las conclusiones de este trabajo presentan una perspectiva nueva y crítica sobre la situación de los grupos identificados y los riesgos y vulnerabilidades que enfrentan. Así pues, busca obtener información para diseñar las acciones y responder adecuadamente a  las personas con necesidades específicas o mayores. Por eso, actualmente, ambos organismos están luchando para que “todos los actores humanitarios, nacionales e internacionales, cambien la manera en la que entregan la ayuda humanitaria a los refugiados sirios”. Como explican, “un mejor y más preciso registro de los refugiados, así como una mejor formación del personal, asegurará que la ayuda humanitaria sea más accesible, adecuada y efectiva”.

La invisibilidad de los más vulnerables
El informe muestra que, aquellos que tienen alguna discapacidad, están heridos, sufren enfermedades crónicas o cuentan con una edad avanzada, pasan inadvertidos entre los demás refugiados y se enfrentan a importantes dificultades para acceder a una ayuda adecuada. Los resultados del estudio son muy elocuentes y no pueden obviar el panorama tan sombrío que sobrevuela estas personas. En concreto, han calculado que el 30% de los refugiados en Jordania y Líbano tienen necesidades específicas; uno de cada cinco se ve afectado por discapacidad física, sensorial o intelectual; uno de cada siete se ve afectado por una enfermedad crónica; uno de cada 20 sufre de una lesión, siendo casi el 80% de estas lesiones directamente una consecuencia del conflicto. Asimismo, el informe revela que el 77% de los refugiados mayores se ven afectados por una discapacidad, lesión o enfermedad crónica; estos, a su vez, tienen el doble de probabilidades que la población general de refugiados de tener, como consecuencia de la huida, síntomas de malestar emocional. El 65% de los refugiados de mayor edad presentan signos de esa angustia psicológica. Y el 45% de los refugiados con necesidades específicas tienen problemas para llevar a cabo las tareas diarias más sencillas.

Perfil del mayor
En su investigación, si focalizamos el punto de mira, exclusivamente en el colectivo senior, han podido concluir que el 5% de los refugiados encuestados son mayores, sin embargo, representan el 10% de las personas con necesidades específicas. El 54% padece una enfermedad crónica. El 66% tiene un impedimento. El 33% sufre una discapacidad severa. El 60% adolece de problemas en las actividades de la vida diaria. El 13% son cabeza de familia, un hecho que se produce en seis de cada diez casos totales.
A su vez, para Toby Porter, director ejecutivo de HelpAge, “la falta de atención de la salud psicosocial o mental es un reto importante, que afecta significativamente sobre el bienestar de las personas mayores, y que además supone una preocupación adicional para sus familias”. Es por este motivo que pide que “la ayuda debe adaptarse específicamente para que refugiados sirios mayores, personas con discapacidad y heridos, reciban el tratamiento adecuado, ya que una ayuda apropiada puede reducir el trauma sufrido a causa de un desplazamiento forzoso”.
Por último, y concretamente si hablamos del colectivo senior, Porter señala que “para asegurar que las personas con necesidades específicas ya no son las víctimas olvidadas de este conflicto, desde HelpaAge hacemos varias recomendaciones, como que la recogida de información y registro de los refugiados se realice de una manera adecuada para que todos ellos puedan acceder a servicios esenciales de la salud, de apoyo a los ingresos y a los servicios de rehabilitación”.

Recomendaciones finales
Como conclusión cabe decir que este informe ofrece una visión –como decíamos– de la situación y las necesidades de los refugiados mayores, con discapacidad, con lesiones y enfermedades crónicas, en definitiva, personas cuyas necesidades dependen claramente de la respuesta humanitaria actual. Permite hacer un esbozo de la vulnerabilidad a la que están expuestas las poblaciones desplazadas, incluyendo el desafío de adaptarse a nuevos ambientes, el acceso limitado a los servicios básicos y también más especializados.
HelpAge International y Handicap International pretenden con esta evidencia que los organismos en la zona actúen en consecuencia. Como ellos demandan, “todos los refugiados tienen derecho a una vida digna y segura. La responsabilidad de garantizar este objetivo se logra con una respuesta humanitaria conjunta y unánime.

El letargo de Europa
Más allá de mantener el nivel de colaboración inicial, de interés, esa intención que nació en todo el mundo cuando las fotografías nos sacudieron y revolvieron por dentro, solo se puede decir que Europa, impertérrita, parece haberlo dejado de lado. Parece replegar las alas, incluso adoptar medidas de defensa. Los ofrecimientos han quedado en meras palabras y mientras tanto, las imágenes, se siguen repitiendo. Personas abandonadas en el largo camino, el mal tiempo poniendo en riesgo la vida de cientos de miles de personas, fundamentalmente mayores, niños y enfermos, como denuncia Cruz Roja, casos de violencia y abuso extremo, muertes o asesinatos de gente inocente, el conflicto perpetuado...
Es necesario que las administraciones y gobiernos de los países se humanicen urgentemente y de una vez ante este conflicto “abiertamente sectario en su naturaleza”, como lo definió la ONU en 2012.

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