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¿Cómo influye la educación y la trayectoria familiar en la sensación de soledad de las mujeres cuando son mayores?

Redacción EM 15-02-2022

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La soledad se ha convertido en un tema central en los estudios gerontológicos, puesto que influye sobre la salud física y mental de las personas mayores y sobre su calidad de vida en un sentido amplio. Entender los factores que condicionan los sentimientos de soledad de este colectivo es de gran importancia, puesto que representa una oportunidad única para mejorar el bienestar durante la etapa de la vejez. Diversos estudios habían demostrado que los altos niveles de educación tenían un efecto protector contra la soledad durante esta etapa tardía de la vida, pero no se habían explorado los mecanismos y razones que hay detrás de esta asociación.

Una investigación realizada por Celia Fernández-Carro, investigadora del Departamento de Sociología III de la UNED) y Jordi Gumà Lao, vinculado al Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF y miembro del Grupo de Investigación en Sociodemografía (Demosoc), publicada recientemente en la revista Social Indicators Research, analiza por primera vez los factores asociados a la soledad durante la vejez, examinando las interdependencias entre las diferentes esferas vitales.

“Nuestro objetivo ha sido profundizar en el conocimiento sobre cómo las trayectorias biográficas de las personas mayores condicionan sus sentimientos de soledad. Hemos utilizado una perspectiva longitudinal para explorar cómo interactúan el nivel educativo y la trayectoria familiar, que se experimentan en diferentes etapas de la vida, para así realizar una radiografía de la soledad entre las mujeres en Europa cuando llegan a la vejez”, explican los autores.

Con el fin de analizar cómo la interacción entre la educación y la trayectoria familiar posterior (sobre todo en cuanto al papel de la pareja y la maternidad) pueden dar lugar a resultados diferentes en relación a estos sentimientos de soledad, los autores han combinado datos biográficas y transversales de la encuesta Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE). Se han centrado en tres oleadas (3a, 5a y 7a), seleccionando una submuestra de 10.615 mujeres de 65 o más años, de once países europeos, entre ellos España.

A partir de ocho trayectorias familiares diversas (matrimonio precoz con hijos; matrimonio tardío con hijos; madres que se separaron o divorciaron pronto; mujeres en convivencia sin hijos; mujeres solteras sin hijos; madres que se quedaron viudas pronto; madres solteras), evalúan el efecto mediador de estas trayectorias en cuanto a la relación entre educación y soledad.

LA EDUCACIÓN COMO MEDIADORA
El análisis ha confirmado plenamente una primera hipótesis que se habían planteado los autores: existe un efecto de selección de la educación por el tipo de trayectoria familiar, que influye posteriormente en la sensación de soledad durante la vejez. Así, a medida que el nivel de estudios es mayor, aumentan las probabilidades de haber entrado en una trayectoria familiar no tradicional, diferente del patrón de formación familiar predominante, caracterizado por estar casada y con hijos. Según los autores, “Los efectos de la interacción entre la educación y la trayectoria familiar sobre la soledad podrían intensificarse para aquellas mujeres que no se casaron, no tenían hijos o no hicieron estas transiciones siguiendo las normas sociales más tradicionales”.

Pero esta afirmación nos hace entrar ya en la segunda hipótesis que se plantearon los autores, que era que la trayectoria familiar hace de mediadora de la interacción entre la educación y la sensación de soledad tardía. En ese caso, sólo se confirmó para una subpoblación femenina muy concreta: las mujeres con un nivel educativo medio (estudios de secundaria) que no estaban casadas y no tuvieron hijos. El hecho de no haber podido acceder a una educación superior, y al mismo tiempo, formar parte del grupo de mujeres que habían seguido una vida "no estandarizada", hizo que el efecto positivo que en principio les daba la educación recibida, en cuanto a la sensación de soledad, quedara neutralizado.

En cambio, las mujeres que pudieron acceder a una educación superior, a pesar de ser solteras y sin hijos (trayectoria familiar menos tradicional) mostraron una menor probabilidad de declararse solas en comparación con las que tenían niveles de estudios más bajos. “Es probable que la trayectoria 'soltera sin hijos y con una educación elevada' fuese resultado de priorizar otros proyectos personales, como su carrera profesional, por encima de la formación de una familia. Una diversidad más amplia de roles a lo largo de la vida puede haberles dado más oportunidades de ampliar sus relaciones sociales más allá de la familia, compensando el efecto negativo de no haber tenido pareja e hijos”, afirman los autores.

Jordi Gumà y Celia Fernández-Carro destacan que estos resultados ayudan a entender cómo la consecución educativa y la formación de la familia en diferentes etapas individuales durante el curso de la vida interaccionan para impactar en los niveles de sensación de soledad en la vejez de las mujeres europeas. "En un contexto de progresiva desestandarización del curso de la vida, examinar esta cuestión ayudará a obtener una imagen más realista de cómo conseguir un envejecimiento positivo y satisfactorio", concluyen.


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