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Javier Pérez / Vicepresidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX)

'Urge una revisión del modelo residencial, pero antes se debería realizar un estudio y revisión de las necesidades del colectivo'

Redacción EM 16-07-2020

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Pregunta.- Hemos asistido, en estos meses, a momentos realmente duros en los centros de mayores, y es inevitable hacer un balance de lo ocurrido. ¿Qué valoración hace de la gestión que se ha realizado ante la amenaza de la Covid-19 en las residencias a nivel estatal? ¿Cree que se podría haber evitado una catástrofe de esta magnitud?
Respuesta.- Sanidad y las gerencias sanitarias tomaron la decisión de blindar los Servicios de Urgencias y las UCI de los hospitales, obviando que el mayor número de casos con mayor gravedad y peor pronóstico se iba a producir en los centros sociosanitarios y residencias, como así estaba ocurriendo en otros países de nuestro entorno. Los servicios sanitarios se han visto desbordados.
A nivel de su intervención, en las residencias se actuó tarde, con poca diligencia, con medidas que no evitaron el hacinamiento y empeoramiento de la situación en los centros, cuyo brote y contagiosidad fueron más agudos, numerosos y letales.
Si las medidas de detección de pacientes infectados y de aislamiento se hubieran tomado dos semanas antes, se habría conseguido una menor dispersión y una cifra más baja de defunciones, tanto en la comunidad cono en residencias (más de 20.000).

P.- Si hablamos de Galicia, al principio de la pandemia ya reclamaban desde la SGXX el traslado de los casos positivos a centros hospitalarios. ¿Qué medidas considera que deberían articularse para que, en caso de un rebrote, no volvamos a lamentar tantos fallecidos en las residencias?
R.- Además de las medidas de aislamiento precisas, deberá de hacerse un seguimiento continuado de los residentes y trabajadores de los centros por parte de los equipos de atención primaria de referencia, con realización de las pruebas PCR de forma inmediata.
Otra de las medidas a desarrollar sería crear o especializar centros de referencia para trasladar a los residentes infectados que no puedan ser atendidos en su residencia.
Estos centros deberán de contar con la apropiada dotación de EPI, personal sanitario y cuidadores con formación en Covid-19, con capacidad para realizar el confinamiento y cuarentenas en espacios biosaludables.
Y, por supuesto, derivar e ingresar en el hospital a todos aquellos mayores que lo precisen y vivan en residencias.

P.- Parece que ahora el debate se abre en torno al cambio del modelo residencial actual pero, ¿qué carencias (si es que las tiene) más evidentes diría que tenía, o tiene, nuestro sistema de atención y que han salido a la luz con esta crisis que desencadenada por la Covid-19?
R.- Hay una evidente carencia de plazas residenciales. Si nos referimos a Galicia, esta carencia es mucho más llamativa y, curiosamente, con un sobredimensionamiento de las mismas en las provincias más rurales Ourense y Lugo con ratios de 4,1 y 5,7 plazas residenciales por 100 personas de más de 65 años, a expensas de las más pobladas Coruña y Pontevedra, con ratios de 2,5 y 2,3.
El porcentaje de plazas privadas es superior al 75% con un precio medio de 1.955,38 euros al mes, por lo que se necesitan muchas más plazas públicas.
Analizando estadísticamente los datos de la pandemia en nuestra comunidad hallamos que la relación de residentes infectados en centros privados respecto a centros públicos, la relación es superior a 30/1; las defunciones en residencias privadas representan más del 90% del total. 
Un mayor ratio de personal de atención directa y cualificado por residente, la organización, los protocolos y una relación más directa con los servicios sanitarios y hospital de referencia y un mejor acceso a disponer de equipos de protección individual podrían explicar estas grandes diferencias.

P.- El sector parece bastante unánime alzando la voz sobre algo muy claro: las residencias son lugares para vivir, no hospitales. ¿Qué opinión le merecen esos rumores que apuntan a una futura sanitarización de las residencias de mayores? ¿No considera que esta tendencia podría poner en peligro la prevalencia del cuidar sobre el curar?
R.- Si queremos conseguir el bienestar de los mayores, además de la ausencia de enfermedad, debemos de atender los aspectos físico, mental y social de los residentes. Con una excesiva sanitarización de las residencias, primando más los aspectos de la salud física, podemos estar obviando algo tan importante como el estado anímico, emocional y relacional de la persona, lo que influirá de manera muy negativa en su estado global y su percepción de salud.

P.- Entonces, ¿cuál cree que sería el modelo residencial y de alojamiento deseable en el caso de Galicia y en qué principios debería sustentarse?
R.- Urge una revisión del modelo residencial, pero antes de hablar de modelos y establecer una cartera de servicios para estos centros, en mi opinión personal se debería de realizar un estudio y revisión de la tipología y necesidades del colectivo de personas mayores dependientes que están ingresados en las residencias.
Hay un elevado porcentaje de grandes dependientes, con gran fragilidad, con unos requerimientos de cuidados especializados para los que se necesitarían unos centros sociosanitarios integrados en el sistema público de salud y que no dependan exclusivamente de los servicios sociales.
Hay que revisar el tipo de alojamiento y de atención prestada, modificar la normativa, rediseñar la estructura arquitectónica y los espacios, reorganizar la gestión y servicios, mejorar los mecanismos de inspección y evaluación de la calidad, potenciar el empoderamiento y la toma de decisiones por parte de los usuarios, integrando a las familias en los cuidados. Crear centros de tamaño mediano, ensamblados con la comunidad, con supervisión, control y seguimiento sanitario continuado por parte de los servicios primarios de salud.

P.- ¿Qué es lo que más le preocupa a la SGXX que pueda ocurrir una vez se termine la crisis en lo que se refiere al bienestar de los mayores gallegos? Es decir, y como médico, ¿qué consecuencias cree que se derivarán de esta pandemia?
R.- Que se pase página, que no se investigue o analice lo que no se hizo bien, que se siga culpabilizando a las residencias y que sigamos sin potenciar la asistencia geriátrica, sin crear más servicios de Geriatría hospitalarios, sin crear una estructura de coordinación sociosanitaria.
El aumento en la utilización de las TIC, por ejemplo las teleconsultas, va a producir un deterioro en la atención de muchas personas mayores que no saben ni tienen los medios para manejar estas tecnologías. El aislamiento y confinamiento ha producido, en muchos mayores, un empeoramiento de su estado físico y mental, un retraimiento en sus relaciones sociales y algunas situaciones de gerontofobia.
De la pandemia se derivarán grandes consecuencias económicas, sociales y sanitarias. A nivel de salud pública aumentará la cobertura de las vacunaciones y mejoraremos hábitos saludables como el ejercicio físico y la alimentación sana. También hemos corregido nuestros hábitos de higiene y perfeccionados los mecanismos de detección y control de las enfermedades de transmisión.

P.- Siendo una de las comunidades más envejecidas, y representando los mayores el colectivo más castigado por el coronavirus, hemos sido sin embargo la primera autonomía en abandonar el estado de alarma. ¿Cómo deben tomarse las familias con personas mayores esta nueva etapa post Covid-19? ¿Existen medidas que puedan adoptarse para reducir el grado de vulnerabilidad de los senior ante el virus?
R.- Las familias deben de considerar a estos mayores siempre como personas vulnerables desde el punto de vista sanitario, incentivando las medidas de higiene tanto en el domicilio como en la calle, pero preservando la autonomía y realizando los cuidados y la asistencia que hasta ese momento se realizaba.
El grado de vulnerabilidad de la persona mayor está determinado, más que por su edad cronológica, por dos condicionantes: una merma en su sistema inmunitario y un deterioro de su estado de salud general. Se produce un envejecimiento de nuestro sistema defensivo, aunque hay una gran variabilidad entre unas personas y otras, a lo que influye una predisposición genética. Concerniente al estado de salud, cualquier patología previa puede agravar la infección. La diabetes, por ejemplo, produce una alteración del sistema inmunológico, las enfermedades vasculares pueden frenar la ‘llegada’ de la respuesta inmune a todos los lugares del cuerpo, las enfermedades respiratorias, como el Epoc, agravan los síntomas respiratorios de la Covid. Por tanto, una mala salud previa crea un escenario favorable para el virus, empeorando aún más la evolución de la enfermedad, creándose una especie de círculo vicioso.
En definitiva, el buen control y seguimiento de estas patologías crónicas es la mejor medida preventiva para reducir esta vulnerabilidad.


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