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José María Faílde / Presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX)

'Un gran reto al que debemos hacer frente, como sociedad y como ciudadanos, es enseñar y aprender a envejecer'

Entremayores habla con el recientemente elegido presidente de la SGXX que apuesta, entre otras cuestiones, por la construcción de "espacios que faciliten la conexión y la interacción entre las personas y los diferentes grupos de edad"

M.S. / EM 13-09-2022

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Pregunta.- Arranca una nueva etapa al frente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría. ¿Cuáles son los objetivos que se plantea al frente de esta entidad? 
Respuesta.- La línea estratégica de la actual junta directiva de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría se basa en el cumplimiento de tres objetivos. En primer lugar, mantener el posicionamiento de la SGXX como institución de referencia para profesionales e instituciones, tanto públicas como privadas. Es decir, que sea una voz autorizada de consulta y asesoramiento. En segundo lugar, queremos revitalizar la participación de los socios, conseguir que su aportación a la entidad sea mucho más activa e implicarles en la consecución de los fines de la SGXX. Y, por último, incrementar las acciones de investigación y formación de los profesionales que trabajamos en el ámbito de la Gerontología y la Geriatría.
Esto nos lleva a realizar una primera acción en la que ya estamos trabajando, que consiste en administrar una encuesta a todos nuestros socios para detectar las necesidades e inquietudes de formación e investigación que tienen, al tiempo que les invitamos a participar activamente en la SGXX. Una sociedad científica solo tiene sentido con la participación de todas y todos sus miembros.

P.- Como usted ha dicho en varias ocasiones: "Envejecer es un logro social”. ¿Cuáles son los retos más inmediatos en cuanto al abordaje del envejecimiento en Galicia?
R.- Efectivamente, el envejecimiento es un gran logro social y sanitario, en poco más de un siglo hemos incrementado en 50 años la esperanza de vida al nacer. Es decir, a principios del siglo 20, la esperanza de vida estaba en torno a los 34 años y en la actualidad estamos por encima de los 80 años en los varones y los 86 en las mujeres. Esto solo se entiende gracias a una mejora en las condiciones de vida y de la atención sanitaria.
No obstante, el envejecimiento lleva consigo retos y hay mucho trabajo en este sentido. Uno de los grandes retos es el mantenimiento del estado de bienestar, de las condiciones de salud y de calidad de vida de las personas mayores; otro es la prevención del deterioro cognitivo y de la discapacidad, intentando promocionar el envejecimiento activo, pero este entendido como un objetivo a desarrollar a lo largo de todo el ciclo vital, no solo dirigido a las personas mayores. Pues, el concepto de envejecimiento activo,está implícito en el de promoción de la salud; puesto que envejecemos, en gran medida, como vivimos. En este sentido, otro de los desafíos que tenemos por delante es conseguir  un buen abordaje de las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer u otras demencias, un campo en el que se que necesita mucha investigación.
Además, teniendo en cuenta que somos una sociedad cada  vez más longeva, en la que cada vez más personas empiezan a pasar la frontera de los 100 años, estoy seguro que se incrementará el espectro visible e irán apareciendo otras patologías, de las que todavía tenemos mucho desconocimiento.
Otro gran reto al que debemos hacer frente, como sociedad y como ciudadano, es enseñar y aprender a envejecer. Esto nos permitirá un mayor disfrute y posibilitará un espacio libre de edadismo, o más concretamente de ‘viejismo’, que es el subtipo que engloba la discriminación, los estereotipos y los prejuicios contra las personas mayores.

P.- Esta comunidad autónoma presenta unos elevados índices de envejecimiento. ¿Estamos preparados para afrontar este fenómeno y prestar una atención de calidad a ese número tan grande de personas mayores y/o con dependencia?
R.- A mí me gustaría decir que sí, pero creo que estamos reaccionando de forma reactiva más que de modo proactivo. Tenemos una sociedad muy envejecida, como antes comentábamos, pero que además está en proceso de envejecimiento. Hasta la década de los 60 de este siglo se prevé que se vaya incrementando el envejecimiento poblacional. Esto no es un fenómeno nuevo, lo conocemos hace mucho tiempo, sin embargo, gran parte de esos desafíos a los que hemos hecho alusión anteriormente no están siendo atendidos y da la impresión de que vamos unos pasos por detrás. Por ejemplo, es escaso el conocimiento que tenemos sobre las personas centenarias en Galicia y este es un aspecto que necesita mucha atención. También hay otro tipo de cuestiones, como los cuidados intermedios o el sostenimiento del estado de bienestar, que sería importante darles prioridad, pero las evidencias demuestran que no estamos actuando de forma proactiva, sino que generalmente reaccionamos tarde a esos cambios.

P.- Actualmente asistimos a un cambio de perspectiva en cuanto al modelo de atención residencial en España y, al respecto, de la Xunta consideraban que este podría llegar a discriminar a los centros ubicados en el rural. ¿Comparte esa opinión? ¿Qué destacaría, como conocedor de este sector, del acuerdo aprobado por el Gobierno?
R.- A pesar de que no tenemos un gran conocimiento de ese decreto, puesto que no se ha hecho público, sí hemos tenido acceso a los borradores, puesto que el texto ha estado en continuo cambio. Hemos de reconocer que muchas de las propuestas que se hacen, que son viejas reivindicaciones del sector de la Gerontología y la Geriatría y nos parecen interesantes. Ese esfuerzo para que las residencias se parezcan más a los hogares, que sean entornos más amigables, nos parece muy acertado, lógicamente. Pero, efectivamente, hay algunos puntos que no quedan claros, como quién se va a hacer cargo de esa financiación que es necesaria para la transformación que se propone; o el número de plazas que se establecen, pues cierta rigidez en algunos aspectos puede provocar que se vean perjudicados algunos centros, por ejemplo, los ubicados en el rural. Por eso consideramos que hay detalles del documento que necesitarían una mayor profundización y claridad y, también, mayor consenso político.

P.- La pandemia de la Covid-19 impactó fuertemente sobre la atención a los mayores y, desde la SGXX, hablaban en su último congreso, del edadismo. ¿Cómo se puede caminar hacia la erradicación de la discriminación por edad? 
R.- Creo que debemos empezar por el principio, y me refiero, con ello, al principio del ciclo vital. Es decir, debemos educar en la prevención del edadismo desde las edades más tempranas. La educación es, según la evidencia científica, la herramienta que más contribuye a erradicar cualquier tipo de discriminación. El edadismo es uno de los tres grandes ‘ismos’, junto con el racismo y el sexismo, con la diferencia de que éste tipo de discriminación lo vamos a sufrir todos, al menos, si tenemos la suerte de hacemos mayores.
Por lo tanto, por inteligencia social e individual es muy importante que todos contribuyamos a erradicar el edadismo. Esto va en línea con la educación y el fomento de experiencias y programas comunitarios que impulsen la intergeneracionalidad, que promuevan el conocimiento entre diferentes generaciones. Esta es una medida que debe promoverse no solo pensando en los individuos, sino también en los entornos. Como diseñamos los parques, las ciudades, los lugares de ocio… Debemos construir espacios que faciliten la conexión y la interacción entre las personas y los diferentes grupos de edad. Si tenemos en cuenta todo esto, haremos que las ciudades y los entornos sean más amigables con las personas mayores y esto ayudará a erradicar el edadismo.

P.- ¿Cree que es posible extraer alguna lección de lo ocurrido en las residencias durante la pandemia de cara a evitar que vuelva a ocurrir? ¿Considera que ha habido un cambio de mentalidad en lo que respecta a cómo entendemos la atención de los senior? 
R.- Esta es otra cuestión a la que me hubiera gustado responder que sí. Sin embargo, lamento decir que no hemos aprendido nada o muy poco de lo sucedido. Lo que hemos hecho es construir una especie de cortina de humo para no pensar en algo que nos resulta desagradable y vergonzoso como sociedad, puesto que no hemos sabido gestionar bien esta pandemia, al menos, por lo que respecta a los mayores.
En primer lugar, veo que hay una falta de autocrítica por parte de las administraciones públicas y no parece haber ningún interés o, al menos, yo no lo percibo, por investigar lo sucedido. Identificar los errores y, también, las buenas acciones para poder prevenir esta situación o para mitigar su efectos en caso de que vuelva a pasar en un futuro algo similar. Hay muchas cosas que se han hecho mal, respecto a la atención sanitaria, a la priorización de las hospitalizaciones… hay informes publicados por instituciones independientes que ponen en negro sobre blanco muchos de los errores y actos de discriminación que han sufrido las personas mayores durante la pandemia.
Y es más, no creo que sea una casualidad que justo ahora, después de que la opinión pública conoce los devastadores efectos la pandemia haya surgido un enorme interés por cuestionar el modelo residencial actual y abrir un debate sobre la necesidad de los nuevos modelos. Pareciese que se quisiera culpa a los edificios y a los profesionales que trabajan en los centros gerontológicos de la gran mortalidad que ha habido. Esto, no sería solo un error, sino una tremenda injusticia, no debemos buscar culpables donde no los hay. 
Es cierto que se necesita incorporar mejoras en la atención gerontológica y en todo lo que se refiere a los recursos de atención gerontológica, pero también hay que afrontar determinadas cuestiones que han sucedido. Lo que ha pasado con la Covid-19 y la gran mortalidad que ha habido de personas mayores, es algo que se debería investigar para detectar los fallos y aprender de ellos, pero desgraciadamente, esta actitud no la veo por ninguna parte.

P.- ¿Qué consecuencias tiene la soledad sobre la calidad de vida de los mayores? 
R.- La soledad no deseada es esa enfermedad silente, insidiosa, que sufren personas que son invisibilidades por la sociedad. Existe abundante evidencia científica sobre los efectos nocivos que la soledad no deseada tiene sobre la salud de las personas mayores. Es un problema que afecta de forma importante a la calidad de vida y al bienestar psicológico y se asocia con peores indicadores de salud, tanto física momo mental, provocando trastornos de ansiedad, depresión, abuso de fármacos, trastornos del sueño… incluso hay estudios que la relacionan con un incremento del deterioro cognitivo y con una mayor prevalencia de trastornos neurocognitivos mayores o demencias y, por consiguiente, a un mayor riesgo de mortalidad.  Así que, sí, es un aspecto al que se debe prestar mucha atención y para la Sociedade Galega de Xerontoloxia e Xeriatría también es un tema de gran preocupación. De hecho estamos barajando la posibilidad de que el próximo congreso anual de la SGXX tenga como tema central la soledad no deseada en las personas mayores.

P.- Por finalizar en clave positiva, ¿de qué manera podríamos, desde el conjunto de la sociedad, paliar el aislamiento que sufren tantos mayores? Y por parte de las Administraciones, ¿qué les piden desde la SGXX?
R.- Como decía, la forma de combatir la soledad, incluso también el edadismo, tiene mucho que ver con el fomento de la solidaridad intergeneracional. Es decir, el fomento de acciones comunitarias, centradas tanto en el individuo como en el entorno en el que viven las personas mayores, que haga posible ese incremento del contacto intergeneracional y la atención a los factores de riesgo que se asocian a este problema. Esto nos va a permitir educar en la erradicación del edadismo y enseñar a envejecer de forma activa a lo largo de todo el ciclo vital. 
En gran parte, envejecemos como vivimos, puesto que la genética solo determina un 20% de la salud, y aproximadamente entre un 40% y un 60% de la morbimortalidad se explica en base  a nuestros hábitos de vida. En este sentido, tenemos un compromiso los individuos como personas, pero también la sociedad en general. Si analizamos la forma en que es atendida la salud desde el sistema sanitario, vemos que la mayor parte del presupuesto lo absorben acciones de tipo correctivo, es decir, tratamiento o acciones rehabilitadoras, y se invierte muy poco esfuerzo y dinero en la promoción de la salud o en la prevención de enfermedades. Por eso insisto en que la promoción de la salud tiene mucho que ver con el envejecimiento activo, y en este ámbito juega un papel muy importante la participación social. La promoción de la implicación activa de los mayores, la creación de entornos amigables para la salud y para las personas mayores o el fomentando las relaciones intergeneracionales, son acciones que sin duda, redundarán en disminuir las tasas de soledad no deseada.


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