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El huerto urbano de San Francisco, punto de encuentro para el intercambio generacional de experiencias

La residencia foral IMQ Igurco Bilbozar y por la Asociación para el Desarrollo Comunitario Umeak Kalean están desarrollando en julio colonias urbanas en este espacio entre mayores y jóvenes

Redacción EM 10-07-2018

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Usuarios de la residencia foral IMQ Igurco Bilbozar y jóvenes del Casco Viejo de la Asociación para el Desarrollo Comunitario Umeak Kalean de Bilbao se unen este verano en el huerto urbano de San Francisco para fomentar el intercambio generacional de experiencias.

Esta iniciativa, que busca acabar con los obstáculos de la edad, la cultura y, en ocasiones, el idioma de ambos colectivos para estrechar vínculos entre ellos y fomentar el intercambio de experiencias, ha sido puesta en marcha de manera conjunta por la residencia, perteneciente a la red de infraestructuras sociales de la Diputación Foral de Bizkaia y gestionada por IMQ Igurco, y por la asociación, que desarrolla una intensa labor para el desarrollo comunitario.

Un huerto urbano es un área destinada al cultivo de flores, plantas aromáticas, hortalizas, hierbas medicinales o frutales en un espacio urbano, de forma pública o privada. Es decir, un huerto en la ciudad. El huerto urbano comunitario de San Francisco fue inaugurado el 26 de junio de 2013 en el patio del Centro Cívico de María con el objetivo de generar en la ciudadanía una experiencia participativa, lúdica y educativa.

Durante el año, de forma mensual, IMQ Igurco Bilbozar ha llevado a cabo encuentros intergeneracionales con Umeak Kalean en su sede. En este contexto, han elaborado un proyecto para organizar un programa de dos colonias urbanas, que se celebran el 11 y 25 de julio, que incorpora a jóvenes desde la educación en el tiempo libre, la animación socio-cultural y la acción social.

BENEFICIOS
El hecho de que las actividades tengan lugar en un huerto aporta una serie de beneficios tanto a las personas mayores como a los jóvenes. En el caso de los usuarios de la residencia, al fomentar su participación se logra una estimulación psicomotriz y sensorial (a nivel táctil y olfativo); se refuerza su sentimiento de utilidad y autorrealización, lo que mejora su autoestima; mejora la asimilación de vitamina D, gracias a ser una actividad al aire libre; disfrutan del intercambio de experiencias y la relación con sus compañeros; y es una actividad gratificante para los participantes.

Los jóvenes, por su parte, obtienen una visión del modo de vida “tradicional”; se refuerza su compromiso con la defensa del medio ambiente; adquieren responsabilidades, al tener que ocuparse de los cultivos; pasan tiempo al aire libre y estrechan vínculos con personas de otras generaciones, cultura e, incluso, idioma, favoreciendo su integración, autonomía y disfrute.


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