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El nuevo modelo de atención se testeará, de manera piloto, en dos residencias asturianas

M.S. / EM 27-11-2020

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El Gobierno de Asturias anunciaba recientemente la creación de una mesa de trabajo (Mares) para definir un nuevo modelo de atención residencial centrado en la persona, un foro en el que están representados todos los agentes vinculados al envejecimiento y que pretende convertir Asturias “en el lugar idóneo para envejecer”, según explicaba la consejera de Derechos Sociales y Bienestar, Melania Álvarez tras la primera reunión de esta mesa.

El objetivo es convertir las residencias en verdaderas casas, donde haya unidades de convivencia de personas con los mismos intereses, gustos, aficiones. Por ello,  en 2021 se va a llevar a cabo un proyecto piloto en dos residentes, una pública y una privada. 

Como expone a entremayores la consejera, “la idea, que ya hemos iniciado con el Servicio de Ayuda a Domicilio o en el programa ‘Rompiendo Distancias’, pretende que las personas mayores con independencia de su edad puedan permanecer en su hogar, en su barrio o pueblo el mayor tiempo posible. Donde tienen sus amistades, su entorno conocido, su hogar y manteniendo su privacidad y seguridad”.

El modelo, que va más allá del entorno residencial, persigue ir ofreciendo apoyos (como acompañamiento a un especialista, el aseo diario, acompañamiento para ir a la compra etcétera), con indiferencia de la edad en función de las necesidades de cuidados que tenga la persona. En Asturias, destaca Álvarez, "gozamos de una población longeva cuya dependencia del sistema de cuidados no se relaciona directamente con la edad, todos conocemos a alguna persona con 70 años que padece Alzheimer y otras personas que con mayor edad, 80 o incluso más de 90, puede vivir de forma independiente. Cada persona debe encontrar un apoyo adecuado en la red de cuidados de larga duración y, por supuesto, apoyados desde la coordinación sociosanitaria".

Sin embargo, aunque se favorece la continuidad de la vida en su domicilio habitual, la dependencia puede llegar en cualquier momento y requerir cuidados avanzados o incluso no pueda continuar en su vivienda por requerir cuidados especializados en entorno residencial, 24 horas. Y es en este punto donde el nuevo modelo de atención residencial cobra especial relevancia ya que, aunque se han realizado avances y existen iniciativas pioneras, "la propia normativa de autorización, el modelo organizativo e incluso las infraestructuras existentes responden a un modelo centrado en la organización, y no en la persona", destacan desde la consejería. Horarios, carteleras de personal, habitaciones, espacios físicos y de ocio y reglamentos de régimen interno responden a criterios homogéneos de cuidado con baja capacidad de flexibilización para atender las necesidades individuales y el mantenimiento de la propia identidad.

"La escasez de privacidad, la falta de personalización y el difícil equilibrio entre el cuidado y la vida diaria impiden centrarse en las expectativas de la persona tanto como quisiéramos. Sin embargo, no todo es malo, por ejemplo, en Asturias,  tal y como se demostró durante la Covid, tenemos profesionales comprometidos y formados que pueden dar la mejor atención y cuidados", expone la consejera.

Evidentemente, la transición del modelo requerirá de inversión, modificaciones normativas y consenso. Por ello, actualmente la consejería trabaja de la mano de los agentes sociales, las asociaciones de empresarios y los gerentes de establecimientos residenciales públicos y privados, las familias y las asociaciones de personas mayores para analizar cuál será el impacto de la implantación de este modelo. La implantación, asegura Álvarez, "no será de un día para otro, ni un documento llave en mano, sino que se irán implantando proyectos y medidas piloto que permitirán experimentar esa transición, de forma gradual y sobretodo evaluar el impacto sobre residentes, familiares y profesionales. Su valorización responderá a la definición en la que estamos inmersos actualmente, sin embargo no necesariamente se incrementar".

PROYECTO PILOTO: PREVISIONES DE IMPLANTACIÓN
Una de las experiencias que desde la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar quieren contrastar y analizar su viabilidad son las unidades de convivencia. Se trata de espacios de cuidado dirigidos a personas de alta dependencia, principalmente con demencias, cuya organización pretenden crear entornos cotidianos. Donde la terapia y las actividades cotidianas se entremezclan para generar bienestar bajo un ambiente hogareño. Los horarios se ajustan a los ritmos y preferencias de los convivientes. Las relaciones profesional y residente se vuelven más horizontales. "Se establecen relaciones de confianza y la familia y allegados participan de la vida cotidiana del entorno residencial", comenta la consejera.

La planificación prevé la puesta en marcha, en 2021, de dos iniciativas piloto de unidades de convivencia cuya localización está por determinar ya que requerirá, explican, "de la voluntad, compromiso y la apuesta del modelo de gerentes y profesionales del sector de cuidados, de familiares y  de residentes". Hay que tener en cuenta que una transición compleja, de estas características, "no debe ser forzado y requiere, por decirlo de alguna forma, de pioneras. La creación de estas unidades la hemos valorizado en menos de un millón de euros, sin embargo dependerá de las condiciones previas con las que partamos una vez que elijamos los centros precursores", expone Álvarez. Se llevarán a cabo en una residencia pública y una privada.

Algunas de las características de unidad de convivencia a pilotar: cada unidad con una capacidad de diez personas, dirigida a personas con demencia, con distintos grados de deterioro cognitivo; selección de las personas por afinidades y modos de vida similares que puedan facilitar una convivencia significativa para su estilo personal; habitaciones individuales; dependencias comunes dotadas como una casa normal, evitando los sillones alineados, y zona de comidas que permitan comer a profesionales, familiares y residentes; cocina para realizar labores domésticas; acceso fácil al exterior; decoración exenta de detalles institucionales o sanitarios, elementos personales por todo el espacio, no solo en la habitación; adaptación de las ratios a la unidad y necesidades de los residentes; programa de voluntariado para favorecer la movilidad y el ocio; asignación estable de los profesionales (reducción la rotación); polivalencia de los espacios; flexibilidad de horarios y organización de la vida cotidiana; metodologías para la atención personalizada: elaboración de historias de vida, planes de atención y vida, etcétera; y asignación de profesional de referencia como persona de confianza y responsable de velar por la atención personalizada y el bienestar de la persona.





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