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Un tercio de las personas mayores de 70 años hospitalizadas sufre delírium

Este síndrome, que consiste en la alteración en el comportamiento, la orientación e incluso el pensamiento del paciente, se caracteriza por estar altamente infradiagnosticado, aunque hasta el 40% de los casos son fácilmente prevenibles

A. Lemos / EM 16-11-2021

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¿Cuál es el trastorno que sufre un tercio de los pacientes mayores de 70 años ingresados en cualquier servicio médico y que comporta un serio incremento en las probabilidades de mortalidad entre quienes lo padecen? Exacto: el delírium, un síndrome confusional tan conocido como diagnosticado. Es decir, casi nada.

Concretamente, se trata de una “alteración de la atención y del nivel de consciencia, de inicio rápido (aparece en unas pocas horas o días) y que se acompaña de alteraciones en la orientación, la memoria, el pensamiento, la percepción o el comportamiento”, explica a entremayores Neus Gual, geriatra especializada en delírium. “Las personas que sufren delírium están confundidas y desorientadas, no saben dónde están, qué día es y puede que ni reconozcan a sus familiares. Les cuesta mantener la atención y a menudo presentan alucinaciones (ven personas que no están, insectos en la habitación, etcétera) e ideas delirantes, como pensar que les han secuestrado o que les quieren hacer daño”, describe.

Los signos del delírium fluctúan a lo largo del día, pero durante la tarde y la noche es cuando aumentan las posibilidades de que el paciente esté más inquieto. Entre los síntomas comportamentales del delírium, Gual cita los siguientes: “Se pueden retirar el oxígeno constantemente, arrancarse las vías endovenosas, las sondas vesicales u otros dispositivos. Pueden solicitar atención constantemente, gritar o insultar, pudiendo llegar a estar agresivos, poniendo en riesgo su integridad física y la de las personas que están a su alrededor”.

Sin embargo, la problemática del delírium no reside solamente en el comportamiento del paciente, sino en las consecuencias que acarrea el simple hecho de padecer el trastorno, que Gual califica de “graves, a veces, fatales”. Y es que la mortalidad se duplica en pacientes con delírium, además de aumentar el riesgo de desarrollar demencia y de ser dependientes al salir del hospital. “El delírium también comporta un sobrecoste para el sistema sanitario, que se calcula de unos 500 euros por ingreso”, señala la geriatra.

Por otro lado, Óscar Macho, geriatra en el Consorci Sanitari Alt Penedès i Garraf, afirma que “cuanto mayor es una persona, más riesgo tiene de sufrir el síndrome confusional, pero no solo la edad importa: otro factor de interés es la fragilidad”. De hecho, la crisis sanitaria de la Covid-19 “ha demostrado que el delírium no solo ocurre en personas mayores”. En este sentido, durante el II Congreso Multidisciplinar Covid-19 que se celebró el pasado mes de abril, Macho afirmó que “una persona mayor no frágil con delírium tiene más probabilidades de fallecer que una persona mayor frágil sin delírium”.

SIN DIAGNÓSTICO
Para los profesionales sanitarios, el delírium supone un desafío, pues no se diagnostica con una analítica, prueba de imagen o cualquier otro tipo de test, lo cual dificulta su detección. Eso no significa que no sea frecuente: un tercio de los pacientes mayores de 70 años ingresados en cualquier servicio médico sufre delírium, “porcentaje que aumenta hasta el 50% en las plantas de cirugía”, indica Gual. Aún así, solo se diagnostican aproximadamente dos de cada cuatro casos.

“Hay varias razones por las que tenemos estas altas tasas de infradiagnóstico. Por un lado, no disponemos de ninguna prueba complementaria para diagnosticarlo; y por otro, la detección depende de la valoración clínica de cada profesional”, explica la geriatra. A todo esto habría que sumarle que el proceso se dificulta en casos de pacientes que padecen demencia antes de su ingreso, pues los síntomas pueden confundirse con los propios de esta patología. 

“En realidad, no creo que no se diagnostique”, puntualiza Macho al plantearle esta cuestión. “Sí que en ocasiones ocurre que no se diagnostica. Esto sucede cuando no se piensa en este síndrome, sobre todo en el que se llama delírium hipoactivo, en el que la persona tiende a estar más adormilada que agitada. Pero creo que el mayor problema es asumir que lo que sucede es normal, que no es una complicación que se produce durante la hospitalización. Es decir, que se menosprecia. Se asume que la agitación y el cambio en la conducta y en la memoria en la persona mayor durante la hospitalización es algo normal”, lamenta el geriatra.

Como consecuencia, estos comportamientos ni siquiera llegan a reflejarse en los informes de alta médica, cuando no debería ser así: “Es muy importante registrarlo, porque el que sufre delírium no solo tiene más riesgo de volver a padecerlo, sino también de desarrollar demencia, en caso de no tenerla. Y si no se registra, siempre empezamos de cero”.

“El delírium es una urgencia médica”, concluye Gual a este respecto. “Es importante detectarlo rápido para poder intervenir lo antes posible y disminuir sus consecuencias negativas”.

GRUPO DE TRABAJO DE LA SEGG
Con todos estos datos en la mano, sobran razones para que la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) haya puesto en marcha un Grupo de Trabajo de Delírium, que coordina la propia Neus Gual.

Precisamente uno de los objetivos es mejorar la detección del síndrome. En este sentido, Gual considera indispensable “concienciar mejor a los profesionales sanitarios sobre las graves consecuencias que comporta el delírium, para que estemos más atentos al posible desarrollo de este trastorno entre nuestros pacientes”. Para este cometido, la geriatra considera necesario “facilitar el acceso y fomentar el conocimiento de herramientas o test de cribaje sencillos y rápidos de aplicar para diagnosticar el delírium”. Una de estas herramientas, según Óscar Macho, es el Confussional Assessment Method (CAM), el cual reúne una serie de criterios para que el profesional pueda llegar a una conclusión en unos cinco minutos.

Por supuesto, el Grupo de Trabajo contemplará otras áreas de acción, como promover, coordinar y desarrollar proyectos relacionados con el delírium, con el objetivo de mejorar la atención a las personas mayores que lo padecen o están en riesgo de presentarlo. “Los primeros pasos”, detalla Gual, “incluyen, por un lado, insistir en la concienciación sobre el delírium y su impacto tanto en la población general como en los profesionales sanitarios. Por otro, la elaboración de documentos de consenso en materias de prevención, diagnóstico y manejo terapéutico”.

SOBRE TODO, ES PREVENIBLE
No todo son malas noticias. El delírium, como casi todo, puede prevenirse. De hecho, “la evidencia nos dice que entre un 30 y un 40% de los delírium son prevenibles, aspecto que convierte a este síndrome confusional en uno de los grandes caballos de batalla de la Geriatría, pero que también afecta de lleno a múltiples especialidades médicas, y por tanto, a todo el sistema sanitario”, explica Gual.

Una iluminación adecuada (luz de día y oscuridad de noche), garantizar el descanso nocturno, asegurar una correcta hidratación, orientar al paciente recordándole la fecha y la hora, facilitar el uso de gafas y audífonos y la movilización precoz son algunas de las actuaciones que mejores resultados han arrojado. 

En otras palabras, evitar el delírium pasa por unos cuidados no farmacológicos, y su superación, también. Esta terapia es “básica y fundamental, y a la vez, complicada de realizar, porque hay muchos factores donde actuar”, señala Macho.

“La implementación de todas estas medidas en los hospitales debería ser una de las prioridades del Sistema Nacional de Salud, y para ello, el sector sanitario debe tomar una mayor consciencia de la alta prevalencia y graves consecuencias del delírium”, concluye la coordinadora del Grupo de Trabajo de la SEGG.


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