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Plantar cara al edadismo es, ya, una cuestión urgente

Las conductas discriminatorias por motivos de edad han existido siempre pero hace más de un año que la Organización Mundial de la Salud ha intensificado sus esfuerzos para exigir el compromiso de instituciones, entidades y todos los sectores de la sociedad contra esta problemática

M.S. / EM 11-11-2022

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Hoy, más del 19% de la población española ya supera los 65 años y ello exige que, como mínimo, sean tenidos en cuenta como una parte activa de la sociedad. Es necesario, como coinciden los expertos, dar respuestas a los retos que plantea este envejecimiento de la población, puesto que las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE) advierten de que este colectivo supondrá el 26% de la población total en 2037. 

España envejece pero, sin embargo, todavía se continúa asociando este fenómeno con algo negativo y cargado de estereotipos. Envejecer, por desgracia, sigue siendo considerado como un proceso en caída libre en el que ya se da todo por perdido: “¿Qué más da?.. para la edad que tiene”, “A sus años no puede hacerlo”, “Deja que lo haga yo que él es mayor”... Existen un sinfín de comportamientos y expresiones tan interiorizadas en la sociedad que no parecen tan dañinas, pero lo son. Decidir por las personas mayores, relegarlas a un segundo plano por su edad o limitarles los derechos que tienen –al igual que el resto de ciudadanos– es precisamente lo que se conoce como edadismo.

Según el informe de las Naciones Unidas sobre este concepto –publicado en 2021–, se calcula que una de cada dos personas en el mundo tiene actitudes edadistas, lo que empobrece la salud física y mental de las personas mayores, además de reducir su calidad de vida. 

En este documento se expone que las políticas y leyes contra el edadismo, las actividades educativas en las que se mejora la empatía y se combaten ideas erróneas y las actividades intergeneracionales para reducir prejuicios son algunas de las armas para reducir este problema. Por ello, y a raíz de este trabajo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alienta a todos los países a “trabajar juntos para crear un movimiento con el que cambiar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos en relación con la cuestión de la edad y el envejecimiento y para avanzar en la Década de Envejecimiento Saludable de las Naciones Unidas”. 

En una entrevista con entremayores –publicada en marzo de este año–, la directora de la Campaña Mundial contra el Edadismo de la OMS y coautora del primer Informe Mundial de la ONU contra el Edadismo, Vânia de la Fuente, subrayaba de manera optimista sobre este documento que “por primera vez, sabemos qué funciona para abordar el edadismo: política y legislación, actividades educativas e intervenciones intergeneracionales. Siempre que sea posible, debemos implementar estas tres estrategias juntas para maximizar su impacto. Las medidas políticas y legislativas pueden abordar la discriminación y la desigualdad por motivos de edad y ayudar a proteger nuestros derechos humanos. Deben garantizar que no se perjudique sistemáticamente a las personas en función de su edad, ya sea en el empleo, el acceso a los servicios, el sistema legal, los medios de comunicación, etcétera”.

LA REALIDAD POSTPANDEMIA
Posiblemente derivado de estos dos hitos –el informe mundial de edadismo y la Década de Envejecimiento Saludable–, y si bien el año pasado el cambio de modelo residencial centró muchos de los debates del sector,  parece que este 2022 está ocurriendo lo mismo con el edadismo. No es una realidad nueva pero, sin embargo, el hecho de hablar de ello contribuye a visibilizar este fenómeno. Además, la pandemia por Covid-19 mostró hasta qué punto está extendido el edadismo. “Ahora que los países trabajan en la recuperación y reconstrucción con motivo de la pandemia, no podemos permitir que estereotipos, prejuicios y actitudes discriminatorias basados en la edad reduzcan las oportunidades para garantizar la salud, el bienestar y la dignidad de las personas en todas partes”, exponía recientemente el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

En España, por ejemplo, el informe de Cruz Roja detalla que la Covid-19 ha provocado un aumento en la discriminación por edadismo: más de un 80% afirma que recibe un trato diferente debido a su edad, un 8,6% destaca que en los últimos 12 meses alguien ha tomado una decisión en su nombre sin consulta previa, y el 8% dice que un profesional de la sanidad justifica sus dolencias como ‘cosas de la edad’, recibiendo así un trato discriminatorio.

HelpAge International España es una de las entidades más comprometidas con la defensa de los derechos de los senior y, por ende, con la erradicación del edadismo. Su directora general, Irene Arcas, explica a este periódico que “un buen comienzo para llegar a ese objetivo de tolerancia cero con el edadismo es ponerlo encima de la mesa y que se empiece hablar de ello a todos los niveles: desde los medios de comunicación, las corporaciones privadas, los agentes sociales y, por supuesto, los responsables políticos. Y lo hemos dicho en varias ocasiones pero, lamentablemente, ha sido la pandemia la que, en gran medida, ha contribuido a evidenciar el actual estado de los derechos de las personas mayores”. 

En este mismo sentido opina la investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), María Sánchez Román, que expresa que “la cobertura mediática que se realizó durante el confinamiento se ha centrado en la fragilidad e indefensión frente al virus con mucha mayor incidencia para las personas mayores que para el resto de la sociedad. Además, ha sido una cobertura fundamentalmente realizada desde la alteridad, es decir, fueron muy escasos los momentos en los que las personas mayores han podido verdaderamente participar en los medios ofreciendo sus opiniones. A todo ello, hay que añadirle la invisibilización que las personas mayores afrontan en la sociedad, que ya veníamos acarreando desde antes de la pandemia. Este hecho pudo haber sido determinante en los procesos de toma de decisiones, por ejemplo, con respecto al establecimiento de medidas como los horarios de salida a la calle, o en las propias residencias”.

“Es básico hablar de que los Estados tienen la obligación de garantizar la igualdad de todas las personas, tanto en la teoría como en la práctica, por lo que debe prohibirse de forma expresa la discriminación por motivos de edad”, añade Arcas.

Por su parte, la periodista Stephany Bravo-Segal reconoce que “la pandemia ha hecho proliferar la gerontofobia o miedo y rechazo a envejecer, al ser testigo de cómo se discriminó a las personas mayores, especialmente a aquellas residentes de centros de larga estadía y su impedimento a recibir atención médica. A cómo se representó un discurso hegemónico de vejez negativa y vulnerable en los medios, y no se mostró el abanico de vejeces que existen actualmente. A cómo se tomaron medidas restrictivas hacia ellos sin considerar sus derechos a recibir un trato igualitario. Pero la pandemia también mostró otra cara de la moneda, no muy visibilizada en los medios, que fue la solidaridad intergeneracional, al ofrecerse personas de edades más jóvenes a comprar por las personas mayores, a fortalecerse vínculos comunitarios para evitar la soledad no deseada, a crearse nuevas estrategias y programas para fomentar el uso de las TIC para reducir la brecha digital, entre otras iniciativas dignas de reconocimiento, ya que muchas de ellas permanecen en el anonimato”.

MANIFESTACIONES
De acuerdo con la ONU, se calcula que 6,3 millones de casos de depresión en todo el mundo son atribuibles al edadismo, es decir, hablamos de un tipo de discriminación con múltiples manifestaciones pero, además, con innumerables consecuencias sobre las personas que la sufren y que deterioran su calidad de vida. 

Desde HelpAge, su directora reflexiona para entremayores sobre esos ejemplos de discriminación por edad, destacando como los más evidentes: la falta de representación en los medios de comunicación; la presencia de barreras arquitectónicas o la discriminación laboral. “Hay muchas personas mayores capacitadas para trabajar y con ganas de hacerlo, pero pasada una cierta edad, esto implica un desafío para estas personas y un no rotundo para el mercado laboral”. 

Además, apunta a la condescendencia: “La vejez se equipara a ignorancia y a una falta de capacidad para pensar e incluso para tomar su propias decisiones. En ocasiones, la edad en sí misma es usada como excusa para coartar su libertad”, asegura Arcas. 

En este sentido, la investigadora del CSIC resume que esa forma de discriminación que más afecta a los senior es la invisibilización en todas las áreas de la vida. “Esto se da en la toma de decisiones sobre su salud o su economía, en los medios de comunicación y entretenimiento, o la digitalización de servicios básicos sin tener en cuenta la accesibilidad de los mismos, como ocurre con los bancos”, expone Sánchez Román. 

Estamos ante “una realidad innegable”, reconoce Bravo-Segal: “Todavía quedan muchos aspectos de este problema social por solventar en el contexto español, especialmente porque no somos conscientes de la magnitud del edadismo en nuestro actuar cotidiano. Lo tenemos interiorizado y normalizado”, declara. 

En lo que se refiere a ese reflejo de los senior en los medios informativos, la periodista es consciente de que es posible no caer en una tendencia edadista siempre y cuando se modifiquen los términos para referirse a los mayores. “Por ejemplo, erradicando el concepto de anciano y no etiquetando de abuelo(a), cambiando las imágenes negativas de declive y fragilidad asociadas a una información sobre vejez, eliminando un lenguaje que deje entrever estereotipos asociados a la vejez y/o personas mayores o mostrando la heterogeneidad del colectivo”, apunta esta profesional.

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO
Sánchez Román está especializada en la promoción de la imagen positiva de la vejez y, en detalle, centra sus investigaciones en la perspectiva de género. En el caso de la discriminación por edad, reconoce que “los datos nos indican que existen diferencias en las formas de envejecer de mujeres y hombres en España, aunque son brechas que se van cerrando paulatinamente con el avance de las generaciones”. En ese sentido, asegura que “no solo existen estereotipos basados en la edad de la persona, sino también en función de su género y de cómo se entiende que debe expresarlo una persona a cada edad”. Así, la investigadora detalla que hombres y mujeres mayores no tienen por qué verse afectados por las mismas manifestaciones de edadismo: “Algunas investigaciones señalan que los hombres se ven afectados por el mantenimiento a toda costa de la autonomía, independencia y la potencia sexual; y las mujeres, por otro lado, lo hacen por lo relacionado con la regulación del cuerpo: mantenimiento del canon de belleza de la juventud, estética y vestimenta”. Y añade que, en el caso de las mujeres, hay una característica de corte más social que “es heredada desde etapas anteriores de la vida: el uso del tiempo”. Esto hace referencia a las responsabilidades de cuidado que recae sobre ellas, de tal manera que, explica Sánchez Román, “primero, se invisibiliza la aportación que realizan a sus familias con dichas tareas, pero también se les impone un castigo social cuando realizan un uso autónomo de su tiempo”.

Así lo contextualiza el informe de la OMS, que expone cómo las mujeres mayores se encuentran sujetas a esta doble discriminación. “Se puede revertir esta tendencia sensibilizando a la sociedad en relación con esta situación específica de dobles estándares a los que se ven sujetas las mujeres y, a la vez, empoderando a las mujeres respecto a su envejecimiento”, comenta la directora general de HelpAge. 

Ese empoderamiento y la participación son, en la lucha contra el edadismo, las herramientas más poderosas. Es decir, que sean tratados como sujetos, y no como objetos, es la llave para erradicar ese paternalismo que, innegablemente, sigue existiendo actualmente en la atención que se les presta. “La igualdad implica que todas las personas se sientan valoradas y útiles como ciudadanas y que estén reconocidas como sujetos de derechos y deberes en igualdad de condiciones con las demás personas. En este sentido, la autonomía, el derecho a participar en el proceso de toma decisiones y a expresar sus opiniones libremente son claves para garantizar los derechos individuales de las personas”, concluye la directora general de HelpAge.

Decía recientemente un profesional en una tertulia radiofónica que algo que parece tan banal como la duración de los semáforos, debería ser una cuestión consultada a los mayores. Y no le falta razón. Desde entremayores también nos sumamos a este compromiso y exigimos que no se decida por ellos y, sí, con ellos











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