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Detectar la fragilidad a tiempo: ¿reto u oportunidad?

Los profesionales advierten que, con una población cada vez más envejecida, el coste de no diagnosticar y frenar este síndrome podría llegar a ser inasumible por el sistema sanitario. Por ello, reclaman más recursos financieros, públicos y privados

M.S.Massó / EM 11-12-2019

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¿Por qué seguir calculando cuántos millones de personas mayores habrá en el mundo dentro de tres décadas si el envejecimiento de la población ya es, hoy, una realidad? No podemos frenar el fenómeno demográfico que estamos viviendo pero, sin embargo, sí podemos adaptar nuestras estructuras sociales y sanitarias para prestar una atención integral a ese porcentaje tan amplio de mayores que continúa en aumento. España es uno de los países más envejecidos del mundo pero, ¿estamos preparados para atender a este colectivo?

Mikel Izquierdo, catedrático del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e investigador de Navarrabiomed (centro mixto de investigación biomédica de esta institución y el Gobierno de Navarra), pronostica que el hecho de que en 2040 España vaya a ser el país con mayor expectativa de vida a nivel internacional “va a tener un altísimo impacto a nivel de consumo de recursos sociales y sanitarios. Ningún país está, en estos momentos, preparado para estos cambios demográficos tan importantes”. Izquierdo respalda su teoría afirmando que “el modelo sanitario actual sigue centrado en la enfermedad, olvidándose de aspectos tan importantes e integradores como es la función física, la prevención de la fragilidad, discapacidad y dependencia”.

En este sentido, el director científico del Ciberfes (Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Fragilidad y Envejecimiento Saludable), Leocadio Rodríguez Mañas, explica que, pese a ser el país con mayor índice de envejecimiento de Europa, “España no puede alardear de esa posición de liderazgo en lo tocante a las tasas de discapacidad entre sus mayores. Un ranking en el que ocupamos un modesto décimo séptimo puesto. Y parte de ese demérito corre a cargo de un Sistema de Salud muy exitoso en otros aspectos (transplantes, pediatría, gineco-obstetricia, enfermedad coronaria, etcétera), pero claramente deficitario e ineficiente en lo que toca a la población anciana, en general, y a la población en riesgo de deterioro funcional, en particular”. Ante esta situación, califica la respuesta del Sistema de Salud ante el reto del envejecimiento como “irregular, lenta y poco decidida”. “O se actúa rápida y decididamente, o nuestro Sistema de Salud empezará a hacer aguas, y se hundirá”, añade.

El sector ha evidenciado con sus estudios que la fragilidad es una de las mayores amenazas para el gasto sanitario, pues los pacientes frágiles, aunque representan el 10% de todas las personas mayores, suponen un gasto del 40% del total de los recursos. Así, el coste de tratar durante tres meses a un paciente mayor sin fragilidad es de 642 euros, mientras que el gasto se quintuplica al tratar la fragilidad ya avanzada, ascendiendo hasta los 3.659 euros.

Profundizar en todos estos cambios y la adaptación de las estructuras sociosanitarias al envejecimiento de la población implica, como punto de partida, el abordaje de este síndrome, pues una detección a tiempo de la misma contribuiría a reducir esos tan elevados índices de discapacidad a los que se refieren los expertos. 

EL PAPEL DECISIVO DE UNA DETECCIÓN A TIEMPO 
Cerca de un 18% de la población que supera los 65 años presenta una prevalencia de fragilidad. El Hospital Universitario de Getafe es, precisamente, uno de los centros punteros a nivel nacional en el abordaje de esta condición, tal y como demuestran los numerosos proyectos que ha desarrollado en este ámbito. Ejemplo de ello es que haya sido elegido para liderar el proyecto europeo Advantage JA, una investigación en la que han participado, durante tres años, 22 Estados miembro de la Unión Europea.

Ángel Rodríguez Laso, miembro de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital de Getafe, explica que “todos conocemos casos de personas mayores que están aparentemente bien, que son independientes y autónomas pero que, a consecuencia de una gripe fuerte, una fractura de cadera o el enviudamiento, caen en picado y en pocos meses acaban siendo dependientes, teniendo que ser ingresadas en una residencia, o fallecen. Otras personas en cambio, ante estas mismas situaciones de estrés, se recuperan y vuelven a su estado previo. Esta es la diferencia entre una persona frágil y una persona robusta: la existencia o no de reservas fisiológicas para hacer frente a las adversidades que presenta la vida sin perder la independencia y la autonomía”. 

Por ello, los profesionales ponen el acento en la importancia de la prevención. “La cantidad de pruebas científicas sobre ese aspecto son muy abundantes”, asegura el director científico del Ciberfes. “El deterioro funcional es un continuum en el que las posibilidades de recuperación son mayores cuanto antes se produzca la intervención. El pronóstico es mucho mejor cuanto más precoces seamos en su detección”, añade Rodríguez Mañas.

Y es que “saber que una persona era frágil y que por ese motivo no se ha podido sobreponer a una adversidad de salud, no es muy útil”, como explica Rodríguez Laso. “Pero también podemos saber si una persona está en una situación de fragilidad antes de que se produzcan estas circunstancias estresantes y sus consecuencias adversas. Para esa detección precoz necesitamos aplicar herramientas diagnósticas específicas”, concreta. 

Cristina Alonso, coordinadora de Advantage JA, detalla que “la fragilidad se caracteriza por ser consecuencia de un deterioro progresivo de determinados órganos y sistemas asociado al proceso de envejecimiento, lo que hace que, si los profesionales no están entrenados en su detección, los signos y síntomas de la fragilidad se confundan con signos normales del envejecimiento o con consecuencias irreversibles del mismo. Esto haría que estuviésemos perdiendo oportunidades de mejorar la vida de los mayores”. 

En esta línea se manifiesta Izquierdo, que asegura que “un aspecto fundamental cuando hablamos de fragilidad es la posibilidad de revertirla, y evitar su evolución hacia la discapacidad y la dependencia. Existen intervenciones que han evidenciado dicha posibilidad, permitiéndonos adelantarnos a estos escenarios. La principal es la prescripción de ejercicio físico, y que esta pase a formar parte de la cartera de los servicios sanitarios”.

¿CÓMO MEDIR ESTE SÍNDROME?
Los especialistas coinciden en la urgencia de medir la salud de las personas mayores, no tanto por una enfermedad, sino por su capacidad funcional. Para llevar a cabo esta valoración, una de las pruebas con mayor éxito es la escala SPPB (Short Physical Performance Battery). “Esta escala tiene la ventaja de que es de fácil aplicación en el ámbito de Atención Primaria, que es el más adecuado para hacer este diagnóstico precoz. 

Consiste en que la persona mayor se mantenga en pie con los ojos cerrados durante un tiempo, camine unos metros y se levante unas cuantas veces de la silla sin usar los reposabrazos; así de fácil es de usar”, expone Rodríguez Laso.

A partir de esa valoración es cuando se puede realizar una intervención orientada a retrasar o frenar dicha fragilidad. El objetivo, en este punto, debe ser fortalecer al paciente a través de la práctica del ejercicio físico. Respecto a qué tipo de ejercicio, continúa Rodríguez Laso, “solemos prescribir, como si de un medicamento se tratara, qué tipo de ejercicio tienen que hacer, cuántas veces a la semana y por cuánto tiempo. Normalmente se realiza en el gimnasio, bajo la supervisión de entrenadores especialmente preparados que conocen perfectamente hasta dónde puede llegar la persona mayor en el entrenamiento sin que se produzcan lesiones”. 

Por su parte, la doctora Alonso recomienda que “los profesionales estén concienciados en la formación continua, en seguir actualizándose día tras día en envejecimiento y fragilidad. Es muy importante que todos los profesionales y cuidadores sepan reconocer la fragilidad y cómo actuar ante ella. No todas las personas implicadas en el cuidado de las personas mayores tendrán que hacer lo mismo. Unos tendrán que saber evaluar y  diseñar esas intervenciones individualizadas de las que hablábamos antes, otros apoyarán en el cumplimiento del tratamiento y otros participarán en la monitorización. Cada profesional o cuidador tiene que saber cuál es su rol en el manejo de la fragilidad”. 

Además de la prescripción individualizada de ejercicio, juega un papel decisivo la alimentación. De ahí que el médico de Atención Primaria –más cercano al mayor– deba estar atento a los posibles riesgos de malnutrición u obesidad. 

De la misma manera, un exceso de medicación puede contribuir a una cierta fragilizadación o debilitación del paciente. “De todos los fármacos que toma, puede que haya muchos que ya no necesite o que estén interactuando en sentido negativo; o que esté tomando algunos sin conocimiento del médico. Es imprescindible ir al médico de cabecera para que revise la medicación y retire las medicinas que ya solo sirven para producir efectos secundarios”, recomienda el investigador del Hospital de Getafe. 

EL LIERAZGO ESPAÑOL
En el marco de la Acción Conjunta Europea Advantage JA, se han integrado estas y otras cuestiones a tener en cuenta en el abordaje de la fragilidad. Las conclusiones de estos tres años de investigación fueron presentadas recientemente en Sevilla, en una jornada en la que los profesionales se mostraron unánimes para exigir que a todos los mayores de 70 años –edad a partir de la cual existe mayor riesgo de sufrir fragilidad– se les realice un diagnóstico precoz de fragilidad, mediante pruebas basadas en evidencia científica, seguidas de una valoración multidimensional o Valoración Geriátrica Integral (VGI). El inconveniente es que esta evaluación,  como explica Alonso, “solo es realizada en algunos centros sanitarios españoles, a pesar de que debería efectuarse en todos los lugares donde son atendidas personas mayores, desde hospitales hasta centros de salud y residencias”.

Los expertos que forman parte de este consenso advierten que, con una población cada vez más envejecida, el coste de no diagnosticar y frenar la fragilidad será inasumible para los sistemas sanitarios. Por ello, reclaman más recursos financieros, tanto públicos como privados, en investigación sobre las causas de la fragilidad, su detección y diagnóstico. 

Prestar una atención integrada y continua es, según Rodríguez Laso, el principal desafío de los sistemas sanitarios y de asistencia social. En el informe ‘El estado del arte de la fragilidad’ –incluido dentro de la estrategia Advantage JA–, se pone de relieve una transformación de ambos sistemas. Como explica Rodríguez Laso, se trataría de que “las personas mayores se beneficien de que un profesional de referencia, normalmente de Atención Primaria, las oriente sobre qué servicios necesitan en cada momento. Estos servicios deben hablar entre sí, para que cada uno sepa lo que ha hecho el otro. De esta manera no se repetirán intervenciones y cada persona recibirá un tratamiento individualizado adaptado a sus necesidades y deseos”.

Todavía está en marcha el Proyecto Vivifrail –financiado por la Unión Europea como parte de su programa Erasmus+ y por el programa Interreg España-Francia-Andorra–, que intenta proporcionar los conocimientos necesarios para la prescripción de ejercicio físico en la prevención de la fragilidad y el riesgo de caídas en mayores. Este objetivo se enmarca dentro de la Estrategia para la Promoción de Salud y Calidad de Vida de la Unión Europea, que resalta esa idea de que la salud debe ser cuantificada en términos de capacidad funcional –no de enfermedad–, ya que esta es la variable que mejor predice la expectativa y la calidad de vida así como los recursos y apoyos necesarios para las diferentes poblaciones. Este proyecto se centra en aumentar el desarrollo de conocimientos relacionados con la promoción del ejercicio  y la implementación de buenas prácticas, así como el desarrollo de materiales que pueden permitir prescribir ejercicio como una forma efectiva de mejorar la salud de los senior, creando sinergias entre los campos del deporte, la salud y los servicios sociales.

Vivifrail incorpora diferentes propuestas que permitirán, dependiendo del nivel de capacidad funcional, trabajar: la fuerza y la potencia, tanto de brazos como de piernas; el equilibrio y la marcha, con el fin de evitar las caídas; la flexibilidad; y la resistencia.  

MÁS APOYO E IMPLICACIÓN
Advantage y Vivifrail son ejemplos de liderazgo español en materia de fragilidad, un hecho que, como valora el director científico del Ciberfes, “obedece más al esfuerzo de nuestros investigadores que a un decidido apoyo por parte de la Administración, a la que me gustaría decirle que, teniendo en cuenta la enorme calidad de sus investigadores en el área, quizá sería el momento de colocar este área de investigación entre sus prioridades. Y no solo en términos puramente declarativos, sino en apoyo a la hora de negociar prioridades en la Unión Europea, incluir en los sistemas de evaluación nacionales paneles de expertos en el área de envejecimiento y aumentar la financiación de las líneas, programas y estructuras destinadas a investigar”. Además, añade, “a los investigadores en envejecimiento nos gustaría sentirnos más apoyados por las Administraciones. Pedimos que nos provean de vías para seguir trabajando más y mejor y, en consecuencia, para mejorar el servicio que prestamos a nuestra sociedad a través de la generación de conocimiento que ayuda a resolver sus problemas, algunos de ellos verdaderamente acuciantes, como los ligados al envejecimiento cuando este no es saludable”.

Por su parte, Izquierdo reitera que “las Administraciones públicas son conscientes de la importancia y el impacto que tiene el envejecimiento a corto, medio y largo plazo, y están movilizando recursos para abordar este tema”. Sin embargo, asevera, “existe un importante margen de mejora para trabajar en dicho ámbito, en el entorno investigador y asistencial. El esfuerzo invertido en prevención de discapacidad o dependencia y manejo de fragilidad tiene un retorno de alto impacto social y económico, y debería ser una prioridad para todos los gestores”.

La doctora Alonso opina que, aunque el conocimiento de este síndrome ha aumentado, “queda mucho por hacer en el área de investigación. En recientes publicaciones se reconoce la fragilidad como un área prioritaria para potenciar en los próximos años. Es necesario que, también, los fondos privados se comprometan”. 

El camino emprendido en España hacia el abordaje de la fragilidad es el adecuado, y la previsión de cara al futuro, optimista para los profesionales. Pero el esfuerzo económico de las Administraciones para sufragar este trabajo parece ser, todavía, una asignatura pendiente.








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