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De los cuidados a los apoyos: el nuevo horizonte de la atención en España

Algunos lo llaman revolución, otros transformación necesaria pero, para todos, sin duda, se trata de una oportunidad. La atención a la dependencia no puede esperar más y el sector es consciente de ello, más si cabe después de la irrupción de la pandemia. Es el momento de dejar de hablar del modelo ACP desde el plano puramente teórico y ponerlo en práctica mediante recursos reales que posibiliten dicho cambio

M.S. / EM 11-10-2021

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Es lógico pensar que la pandemia desencadenada por la Covid-19 ha acentuado las fragilidades de nuestro sistema de atención a la dependencia y, en consecuencia, pone sobre la mesa un nuevo horizonte en el modelo de los cuidados en España. ¿Qué quieren las personas mayores? ¿Cómo escuchar sus necesidades y atenderlas de manera adecuada? ¿En qué debe consistir una atención de calidad? Estas son solo algunas de las incógnitas que se plantean actualmente los profesionales encargados de estar al lado de los senior y gestionar los servicios sociosanitarios. 

Siendo justos, reconozcamos que la pandemia no ha sido más que un acelerador de algo que ya se conocía desde hace tiempo. Entremayores habla con diversos representantes del sector que coinciden, sin titubear, en que este cambio de paradigma era una realidad antes de que te aterrizase el coronavirus en nuestras vidas, solo que ahora se ha convertido en una prioridad que debe ser atendida por las Administraciones competentes y entidades privadas de manera urgente. Todavía están muy recientes las imágenes de sufrimiento que atravesaron los centros de mayores entre los meses de marzo y junio de 2020, y el sector apela a que no se les vuelva a dar la espalda. Hay trabajo por hacer de cara a la implantación de un nuevo modelo residencial, pues, como coinciden los expertos, el actual está muy arraigado en España.

Pero antes de continuar hablando desde un enfoque teórico e incidir en las bases del modelo propiamente dicho, es prioritario sentar las bases de qué implica el cuidado de una persona mayor o con dependencia y, ¿por qué no?, plantearse una evolución de la terminología que permita hablar de un sistema de apoyos y no tanto de un sistema de cuidados. Empecemos, por tanto, por el principio, por estructurar las herramientas y recursos indispensables para garantizar una buena atención.

EN TIEMPOS DE PANDEMIA
El Círculo Empresarial de Atención a las Personas (CEAPs) sentó recientemente las bases de lo que desde la entidad denominan ‘La revolución de los cuidados’ en un foro acuñado como la primera Cumbre del Baby Boom, un encuentro que, en gran parte, analizó la relación existente entre el sistema sanitario y el de cuidados, una vez que podemos decir que la pandemia ha puesto en la cuerda floja la relación existente entre ambos.

“En realidad yo creo que la Covid-19 lo ha acelerado todo, sobre todo porque nos hemos dado cuenta de la imagen que la sociedad tiene de nosotros, aquellos que cuidamos de las personas envejecidas, de las arrugas, etcétera. La pandemia nos ha dejado ver que somos los últimos del sistema, y esto ha pasado y es una realidad. Con la pandemia hemos decidido que basta ya, que se acabó estar acomplejados, que debemos explicar lo que está pasando y por qué otros países invierten mucho más que España en sus políticas de atención a la dependencia. Hay que invertir más en dependencia y ello implica una coordinación sociosanitaria real y, por supuesto, más recursos para tener servicios profesionales de verdad”, destaca Cinta Pascual, presidenta del CEAPs, en una entrevista con entremayores.

En ello profundizan también Eva Peñafiel y Juanjo Rabanal, psicopedagogos y expertos en educación emocional: “La Covid-19 ha generado un impacto sin referentes y nos ha superado a todos. Es muy importante que podamos aprender de esta dramática situación que nos ha tocado vivir. Nuestros servicios sociales y servicios sanitarios, en los que tenemos que incluir las residencias de mayores que albergan personas con algún tipo de necesidad de cuidado a largo plazo, han tenido una alta morbi-mortalidad, muchas bajas laborales y familias y profesionales socioemocionalmente muy afectados. De esos aprendizajes debemos reaccionar y prevenir para que no volvamos a sufrir por falta de planificación y prevención, para mejorar y fortalecer los cuidados en este tipo de situaciones. Y para ello, es fundamental trabajar el aspecto humano, acompañando, dando recursos y creando espacios de encuentro para la formación y el crecimiento personal de los cuidadores”.

En la misma línea se expresa Juan Ignacio Vela, presidente del Grupo Social Lares, quien reconoce que “evidentemente que la Covid-19 ha puesto sobre la mesa una realidad que había que asumir, y esta es que no se puede trabajar en pro de las personas pero sin contar con ellas”. El modelo y la necesidad de cambio, opina Vela, “parte de la propia demanda”. Y es que ya incluso antes del estallido de la crisis, desde esta organización se hacían eco de la importancia de escuchar lo que quieren los mayores. “La diferencia es que ahora, con la pandemia, las Administraciones han tenido que poner la oreja y ser conscientes de la necesidad de escuchar. De esa escucha se ha gestado el Modelo Integral de Atención Centrada en la Persona y es, básicamente, donde nos tenemos que centrar”, expone. 

Asimismo, el CEO de Supercuidadores, Aurelio López-Barajas, está de acuerdo en que “la Covid-19 ha evidenciado la necesidad y el reconocimiento que deben tener los cuidadores. Adicionalmente, ha evidenciado la necesaria profesionalización del sector de los cuidados en general, para proporcionar un servicio que garantice el cumplimiento de los protocolos para prevenir o saber cuidar a las personas mayores, enfermas o dependientes”.

MANOS A LA OBRA
Está claro el punto de vista unánime de los profesionales de llevar a cabo este viraje necesario pero, tal y como plantea Cinta Pascual, no se trata tanto de cambiar ningún modelo, sino de “poner al alcance de nuestros profesionales las herramientas que necesitan”. Y explica que, para cualquier transformación, “es indispensable una legislación que acompañe ese cambio y, por supuesto, el establecimiento de un precio justo que indique que por debajo del mismo no se puede trabajar. Y ahí debemos tener en cuenta las circunstancias y ratios de cada comunidad autónoma”.

El propio secretario de Estado de Derechos Sociales, Ignacio Álvarez, hacía referencia recientemente –en un foro organizado por soziable.es–  a que “es urgente que las políticas públicas se centren en atender a los ciudadanos y fortalezcan un sistema mediante la dignidad, la individualidad o la autonomía”. Y precisamente el refuerzo de dichas políticas de apoyo a los más vulnerables y la transición social debe estar avalado por el esfuerzo económico.

Así, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia –financiado por los Fondos Next Generation– incluye, como ya anunció el Gobierno hace meses, un plan de choque para alcanzar lo que han denominado “una nueva economía de los cuidados, innovadora y centrada en la persona”, y que abarcaría cuestiones como la atención a las personas con dependencia, el apoyo a los cuidados de larga duración, la modernización de los servicios sociales y una apuesta por la accesibilidad tecnológica. “Las políticas públicas deben centrarse en atender a los ciudadanos; y la apuesta por la economía de los cuidados no es un gasto, es una inversión positiva para el desarrollo de nuestro tejido productivo”, sentenció Álvarez en este encuentro. “Las consecuencias de la pandemia nos deben servir de aprendizaje, dándole urgencia a las políticas públicas que palien las debilidades con valores como la dignidad, la autonomía, la participación y el reconocimiento de la individualidad, porque es prioritario transformar los fondos en hechos tangibles”, concluyó el secretario de Estado. 

MÁS PROTAGONISMO PARA EL CUIDADOR
En lo que respecta a la forma, es decir, sobre cómo atender a una persona que necesita cuidados en su vida diaria, es unánime la importancia de situar a la persona en el centro, de escuchar qué quiere y que los profesionales sepan ajustarse a sus necesidades.

El modelo actual de asistencia a las personas mayores tiene, para Peñafiel y Rabanal, sus puntos fuertes y también tiene “un margen de mejora en la atención a la calidad de vida del cuidador y de la propia persona a la que se cuida”. “Este modelo se centra precisamente en la parte asistencial, cubriendo sin duda las necesidades más básicas de la persona, pero no aborda tanto los aspectos emocionales del cuidador, ni de los mayores. Esto es algo que se puede observar en general en otras áreas de nuestra sociedad, aquí suspendemos casi siempre”.

Estos dos profesionales son los encargados de impartir una parte del programa Cuidopía, una iniciativa del grupo Johnson & Johnson en España que apuesta por el compromiso con la sociedad de los cuidados y por ensalzar la atención sociosanitaria centrada en las personas bajo un enfoque Afectivo Efectivo. La Escuela de Cuidados de Cuidopía es, a grandes rasgos, un espacio común para dar visibilidad y asesorar a las personas que lo precisen en materia de cuidados. 

El futuro del cuidado de las personas mayores, comentan Peñafiel y Rabanal, “no solo va a mejorar haciendo residencias con más comodidades o descubriendo fármacos que mejoren la salud y alarguen la vida, también va a mejorar con un trato más humano en las relaciones. Para que esto sea posible, es necesario poner el foco en el cuidador”.
Ambos expertos hacen hincapié en la importancia de que, para prestar una atención de calidad, el cuidador tenga una buena salud física y mental, que sea una persona “equilibrada emocionalmente, satisfecha con su vida y con empatía: Para cuidar hay que cuidarse, y eso es algo que a veces parece que olvidamos”.

En la misma línea, desde la Fundació Pere Tarrés, Rosalina Alcalde, responsable de metodología y estudios en Acción Social, destaca a entremayores que “las personas debemos ser atendidas siendo entendidas”. Y añade, “desde la comprensión de aquello que necesitamos y deseamos, y no solo desde la eficiencia de los sistemas de cuidado. Y esto implica reconocer que la mayoría de las personas queremos ser cuidadas en nuestros hogares, estando cerca de nuestros seres queridos. Un modelo así requiere reconocer, dignificar y apoyar con recursos a las personas cuidadoras no profesionales: esas madres, esposas, hijas, sobre todo, que se ocupan de cuidar a los familiares dependientes”. 

La Fundació Pere Tarrés, con 60 años de existencia, es una organización no lucrativa educativa y de acción social destinada, precisamente, a colectivos con necesidades específicas más desfavorecidos. En el marco del Programa de Atención a Personas con necesidades de atención integral sociosanitaria, la entidad catalana quiere analizar el colectivo de las personas en situación de dependencia, lo que incluye a las personas cuidadoras no profesionales.

Empatía, respeto a sus derechos, a la intimidad, a la dignidad, dedicación, cariño... un sinfín de cualidades necesarias que no deben dejar de tener en consideración la formación y cualificación de todos los trabajadores del sector sociosanitario. “Todavía hay un elevado número de gerocultores o de auxiliares de ayuda a domicilio que no poseen los certificados de profesionalidad oficiales. Un cuidador bien formado e informado será un garante de un servicio de éxito y sinónimo de tranquilidad y confianza para las familias. Gracias a dicha preparación, podrá estar más capacitado para ejercer la responsabilidad que su labor conlleva y hacer frente a los posibles problemas del día a día que puedan surgir”, detalla Aurelio López-Barajas.

DEL CUIDADO AL APOYO, UN CAMBIO DE NOMENCLATURA
La estela del modelo ACP apuesta, precisamente, por ubicar a las personas en el centro y, más allá, por darles ese empoderamiento y protagonismo que reclaman los mayores para decidir cómo desean ser atendidos. Por ello, los profesionales valoran positivamente esa posible evolución en cuanto a la terminología empleada para que pasemos a hablar de apoyos en lugar de cuidados. 

“La filosofía entre cuidado y apoyo va encaminada al modelo de ACP, pues este no se basa en prestar cuidados, sino en ofrecer apoyos para que esa persona continúe en la vida. El concepto de apoyo está más alineado con un proceso de acompañamiento que con el de prestación de servicios”, opina el presidente de Lares.

En una línea semejante lo valora Cinta Pascual, que reconoce que “las palabras ayuda y apoyo son positivas”, y apunta a la filosofía del “ayúdame a que te ayude”.

Peñafiel y Rabanal, sin embargo, mantienen la postura de que “pasar de hablar de cuidados para llamarlo apoyos sociosanitarios, en principio, da la impresión de que busca profesionalizar los cuidados”. En este sentido, explican que, a priori, puede considerarse como positivo “si se tienen claras las necesidades y esos apoyos son de verdad sociales y sanitarios”. Sin embargo, precisan, “no hay que confundir la profesionalidad con la falta de humanidad. Cuidar, cuidamos todos de una manera u otra. Dar apoyo sociosanitario, pues seguramente no”. Ambos profesionales se decantan, por tanto, por la palabra ‘cuidados’ precisamente porque “se refiere a cada uno de nosotros, no solo a los profesionales”. 

En todo caso, y nomenclaturas aparte, el sector no cesa en alzar la voz en pro de la protección de unos cuidados y atención a los mayores de calidad, en los que se tengan en cuenta sus derechos, su dignidad y sus preferencias. Es decir, que si existe tal cambio, que este se dé con los propios mayores de la mano, no sin escucharles. Y, como no podía ser de otra manera, así lo acaban de poner de manifiesto las entidades más representativas del sector el 1 de octubre –al cierre de esta edición–, con motivo del Día Internacional de las Personas de Edad, reclamando de forma unánime la creación de una Convención Internacional por los Derechos de los Mayores.

GRUPO SOCIAL LARES SIENTA LAS BASES PARA EL CAMBIO
‘Garantizando los derechos en los cuidados de larga duración’ es precisamente el eje en torno al que girará el XV Congreso Europeo Lares, en colaboración con la Red Europea de Envejecimiento (EAN), un encuentro que se celebra del 27 al 29 de este mes y en que se debatirá sobre la situación que atraviese actualmente el tercer sector.

 “Tenemos una gran oportunidad por delante con la llegada de los fondos europeos para la recuperación económica del país, tras la crisis sanitaria. Esta inyección económica tiene que ir destinada a un cambio de modelo, donde se prioricen las inversiones en centros de día, teleasistencia avanzada, rehabilitación de centros y la creación de unidades de convivencia, entre otros”, señala Juan Ignacio Vela, presidente del Grupo Social Lares.
Entremayores habla con Vela para ahondar, precisamente, en esos pilares que, desde su experiencia, cree que deben sustentar los denominados Cuidados de Larga Duración (CLD).  

En primer término, señala el presidente de Lares, “desde el respeto a los derechos de las personas mayores, desde la escucha y, sobre todo, desde el rechazo al modelo paternalista y que se base en un sistema de apoyos según las necesidades de cada persona y no en base a planteamientos globales”. Además, añade, “considero que otro pilar para poder llevar a cabo ese modelo debe ser la flexibilidad y debe contemplar la capacidad de interactuar entre los recursos de la dependencia creando una red y un tejido de apoyo. Y, por encima de todo, respecto a los primeros niveles, se debe sustentar en los apoyos comunitarios, la atención domiciliaria y teleasistencia avanzada que garanticen la permanencia del mayor en su ámbito natural de convivencia el máximo tiempo posible”.  

El Grupo Social Lares, que celebra este año su 25º aniversario, siempre ha defendido la adaptación de los cuidados a las necesidades de las personas, es decir, que los mayores puedan ser atendidos cómo y dónde deseen pero, ¿se trata esto de una utopía o de algo, por el contrario, alcanzable? “Es un proceso que va a costar, claro, y va a depender, obviamente, de la capacidad económica de transformación, de la capacidad que tengamos de legislación adecuada y de la capacidad de comprensión y entendimiento que tengamos en el ámbito laboral –convenios colectivos–”, expone Vela. Además, tampoco pasa por alto que este proceso dependerá de la capacidad de formación del personal en este nuevo modelo: “Diría que es un auténtica revolución del sector y para poder llevar a cabo estos cambios cuanto antes debe haber una buena complicidad de todos los agentes que estamos implicados en el proceso”, concluye.









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